Toyota Prius 1.5 16V

El nuevo Prius me ha abierto los ojos; ya no se necesita tener fe (tampoco cantidades indecentes de dinero): la tecnología verde es una realidad y yo ya creo.

Se trata de la segunda edición del Prius. La primera generación se presentó en 1997 y, en estos últimos siete años, ha evolucionado vertiginosamente, tanto que podríamos hablar de un coche completamente nuevo: no sólo su carrocería es más grande, también han aumentado su potencia de forma considerable y, a la vez, han mejorado sus prestaciones. Estamos ante un “híbrido", un automóvil con dos corazones. Por un lado, cuenta con un propulsor de gasolina 1.4 de cuatro cilindros y 77 CV. Además, posee un motor eléctrico que le aporta otros 68 CV extra. Pero ambos motores no dan su máxima potencia a la vez, en realidad se acoplan. Como máximo, dispondremos de 110 CV. El propulsor tradicional lleva la voz cantante casi todo el rato y las baterías funcionan cuando éste no es suficiente. Es el propio coche el que decide el momento preciso en el que se suman. De hecho, las mismas pruebas realizadas con las baterías con diferente carga cambian considerablemente los resultados (nuestro Centro Técnico ha comprobado que puede haber variaciones de entre 3 y 5 segundos). Pero no hay problema: las baterías se van recargando con el propio funcionamiento del vehículo. Si nunca entendiste eso de la energía “cinética" que explicaban en clase de física, ahora podemos verla en acción en la pantalla de nuestro coche. Velocidad constante, aceleraciones suaves, las mínimas frenadas... De repente, nos descubrimos apasionados realizando una conducción económica para ver con cuántas rayitas de batería nos premian. Así, conseguimos que se encuentre a tope de carga y podremos disfrutar del mayor encanto del Prius: su conducción como un électrico. Desde 0 a 1.200 rpm., las baterías entregan cerca de 400 Nm. Así, puede funcionar de manera completamente eléctrica. Si vamos a menos de 50 km/h –y tenemos las baterías suficientemente cargadas-, podemos apretar el botón “EV" y seleccionar dicho funcionamiento. Pura seda: el coche no desprende ningún ruido, sólo oímos su rodadura. Asombroso. Sin embargo, no dura eternamente. Aunque vayamos a menos de 50 km/h (a partir de esa velocidad entra en funcionamiento el motor de gasolina), las baterías se vacían rápidamente. No olvidemos que, en este coche, el aire acondicionado, la dirección y parte de los frenos son completamente eléctricos (no necesitan ninguna intromisión mecánica). Por ciudad, a nada que nos encontremos con dos semáforos cerrados, tendremos que recurrir al otro propulsor. Sin embargo, esta paz, ese rodar suave, termina cuando el motor de propulsión entra en escena. No es que su sonoridad sea muy alta (a 120 km/h ronda los 69 decibelios), pero, como se parte del silencio absoluto, resulta más evidente. Además, cuando aceleramos tenemos la sensación de ir en un "Vespino", ya que el sonido es similar. Su rodar tampoco tiene estridencias. Obviamente no es un coche pensado para alcanzar ritmos vertiginosos, aunque ya son posibles los híbridos de carreras (Toyota ha desarrollado un Prius GT que desarrolla 145 CV y acelera de 0 a 100 km/h en sólo 8,7 segundos, según datos oficiales).
Las suspensiones son algo blandas y no es precisamente un rayo en aceleraciones. Sin embargo, no se amilana en autopista y nos han sorprendido su capacidad para recuperar. Su dirección es rápida y sus frenos, asombrosamente precisos (a 140 km/h frena en 73 metros): todo el miedo que teníamos a tanta tecnología se nos quita en carretera; el Prius da confianza. Se trata de la segunda edición del Prius. La primera generación se presentó en 1997 y, en estos últimos siete años, ha evolucionado vertiginosamente, tanto que podríamos hablar de un coche completamente nuevo: no sólo su carrocería es más grande, también han aumentado su potencia de forma considerable y, a la vez, han mejorado sus prestaciones. Estamos ante un “híbrido", un automóvil con dos corazones. Por un lado, cuenta con un propulsor de gasolina 1.4 de cuatro cilindros y 77 CV. Además, posee un motor eléctrico que le aporta otros 68 CV extra. Pero ambos motores no dan su máxima potencia a la vez, en realidad se acoplan. Como máximo, dispondremos de 110 CV. El propulsor tradicional lleva la voz cantante casi todo el rato y las baterías funcionan cuando éste no es suficiente. Es el propio coche el que decide el momento preciso en el que se suman. De hecho, las mismas pruebas realizadas con las baterías con diferente carga cambian considerablemente los resultados (nuestro Centro Técnico ha comprobado que puede haber variaciones de entre 3 y 5 segundos). Pero no hay problema: las baterías se van recargando con el propio funcionamiento del vehículo. Si nunca entendiste eso de la energía “cinética" que explicaban en clase de física, ahora podemos verla en acción en la pantalla de nuestro coche. Velocidad constante, aceleraciones suaves, las mínimas frenadas... De repente, nos descubrimos apasionados realizando una conducción económica para ver con cuántas rayitas de batería nos premian. Así, conseguimos que se encuentre a tope de carga y podremos disfrutar del mayor encanto del Prius: su conducción como un électrico. Desde 0 a 1.200 rpm., las baterías entregan cerca de 400 Nm. Así, puede funcionar de manera completamente eléctrica. Si vamos a menos de 50 km/h –y tenemos las baterías suficientemente cargadas-, podemos apretar el botón “EV" y seleccionar dicho funcionamiento. Pura seda: el coche no desprende ningún ruido, sólo oímos su rodadura. Asombroso. Sin embargo, no dura eternamente. Aunque vayamos a menos de 50 km/h (a partir de esa velocidad entra en funcionamiento el motor de gasolina), las baterías se vacían rápidamente. No olvidemos que, en este coche, el aire acondicionado, la dirección y parte de los frenos son completamente eléctricos (no necesitan ninguna intromisión mecánica). Por ciudad, a nada que nos encontremos con dos semáforos cerrados, tendremos que recurrir al otro propulsor. Sin embargo, esta paz, ese rodar suave, termina cuando el motor de propulsión entra en escena. No es que su sonoridad sea muy alta (a 120 km/h ronda los 69 decibelios), pero, como se parte del silencio absoluto, resulta más evidente. Además, cuando aceleramos tenemos la sensación de ir en un "Vespino", ya que el sonido es similar. Su rodar tampoco tiene estridencias. Obviamente no es un coche pensado para alcanzar ritmos vertiginosos, aunque ya son posibles los híbridos de carreras (Toyota ha desarrollado un Prius GT que desarrolla 145 CV y acelera de 0 a 100 km/h en sólo 8,7 segundos, según datos oficiales).
Las suspensiones son algo blandas y no es precisamente un rayo en aceleraciones. Sin embargo, no se amilana en autopista y nos han sorprendido su capacidad para recuperar. Su dirección es rápida y sus frenos, asombrosamente precisos (a 140 km/h frena en 73 metros): todo el miedo que teníamos a tanta tecnología se nos quita en carretera; el Prius da confianza.