Toyota MR2

Embriagador y excitante, el nuevo Toyota MR2 se revela el perfecto acompañante para rápidos y emocionantes sprints, pues su escaso maletero le resta idoneidad para viajes más prolongados o con imprevistos.

Toyota MR2
Toyota MR2

Pero, 140 CV, ¿no serán algo escasos? Pues no. El motor del MR2 es el mismo del Celica y, si en éste podía parecer algo justito -por algo la caja de cambios de seis marchas-, con sólo una tonelada de la que tirar se encuentra a sus anchas. Las prestaciones ya lo indican y la conducción lo confirma. La aceleración es brillante y, gracias a una entrega de par muy plana entre 2.000 y 6.000 rpm, recupera y adelanta con diligencia. Admite con facilidad estiradas hasta el corte, cerca de los 7.000 giros por minuto, y en ningún momento echamos de menos el cambio de su hermano coupé. Con decir que, además, consume poco, creemos que casi está dicho todo. La convivencia en el habitáculo del MR2 es agradable. El nivel sonoro no es bajo, no puede serlo con el motor a nuestras espaldas, pero tampoco llega a molestar especialmente. Los asientos son acogedores, bastante cómodos y con suficiente sujeción. Aunque el pasajero tiene un cierto problema para aposentar sus pies, a causa de un bulto en el suelo, el conductor disfruta de pedales metálicos y un reposapiés de primera categoría. Con respecto a los pedales, su posición es inmejorable, con una facilidad absoluta para realizar el punta-tacón. La terminación general es aceptable para un coche de cuatro millones, pero tampoco es como para tirar cohetes. El equipamiento es correcto, pero en un coche de estas características pediríamos los airbags laterales y, a ser posible, unos bonitos arcos antivuelco que nos protejan en caso de accidente, pero que no rompan la limpieza de líneas. Como sucedáneo, Toyota ofrece un techo metálico, a precio razonable, que convierte al MR2 en un coupé biplaza, aún más rígido, y que podría llegar a ser rival del propio Celica, aunque no posea una estética tan impactante. ¿Quién no se ha enamorado alguna vez de una persona que sabemos que no es con quién compartiríamos el resto de nuestra vida? Pues así pasa con el Toyota MR2. Para muchos no es el coche idóneo, pero su atractivo y su capacidad para estimular almas dormidas lo deben convertir en centro de atención de muchos deseos.