smart CDi Passion

El Smart es un mensaje que viene de mañana. Rueda hacia atrás en el tiempo para informarnos de cómo serán los coches en el mundo que nos espera dentro de unas décadas. En ese viaje hacia atrás en el tiempo ha perdido muchas innovaciones y mejoras que seguramente se le añadirán próximamente, pero su lección es clara.

smart CDi Passion
smart CDi Passion

Tras esta “tortura" para coche y ocupantes, depositamos de nuevo al Smart en la ciudad. En aguas conocidas cambia radicalmente. Vuelve a ser objeto de miradas curiosas y admiradas (en carretera tenían un punto de burla), y vuelve a exhibir un diseño de vanguardia que deja en harapos todos los esfuerzos de los diseñadores de coches urbanos. Su interior, calculado al milímetro, sorprende siempre por ser más amplio de lo que podría pensarse. Después, uno empieza a fijarse en los relojes tipo R2D2 que muestran hora y revoluciones, en el impecable acabado de sus muchas curvas y recovecos. El acabado Passion, tope de gama al coste de 1.833.000 pesetas, lleva techo acristalado, airbags, aire acondicionado… En definitiva, suficientes atributos como para engatusar a cualquier amante de los coches sofisticados y diferentes. Abre camino hoy a lo que serán los transportes privados dentro de las megalópolis en que estamos condenados a vivir a medio plazo. El maletero, testimonial, cuenta con portón partido y acceso desde el interior. Aunque no cabe gran cosa, puede sacar del apuro. Desde luego, mejoraría mucho si el portón tuviera tirador.

Por lo demás, el habitáculo resulta extremadamente seguro. Para pasmo de los incrédulos, circulan por ahí tests de choque frontal entre un smart y un Mercedes Clase E en los que los datos de uno y otro son de lo más parecido. ABS, asientos reforzados a modo de arco de seguridad, habitáculo indeformable, zonas de absorción, repartidor de frenada, control de estabilidad… Una hucha que rueda, vamos.

Así es el Smart CDi, un coche que abre camino hoy a lo que serán los transportes privados dentro de las megalópolis en que estamos condenados a vivir a medio plazo. Lástima que siga siendo tan caro. ¿Serán así los precios del futuro?

(Nota: Todos los datos de prestaciones que consignamos se han tomado en modo automático, pues el secuencial impide algunos ejercicios y no sirve la comparación estadística)