Saab 9-5 SW 2.3 TS Aero aut.

Escojamos diversas “delicatessen": motor potente, imagen llamativa y habitáculo de acabado impecable. Mezclémoslas y obtendremos el Saab 9-5 SW: un cóctel apetecible, pero con mucho hielo.

Saab 9-5 SW 2.3 TS Aero aut.
Saab 9-5 SW 2.3 TS Aero aut.

Una vez más, un Saab Aero (el acabado más deportivo de la gama) pasa por mis manos. Una vez más, me quedo impresionada ante la espectacularidad de sus líneas. Éstas no pierden dinamismo ni belleza pese a estar cortadas, en este caso, por el patrón de las carrocerías Station Wagon, que no comulgan especialmente conmigo: siempre he pensado que añaden pesadez al diseño, haciendo que el vehículo parezca demasiado aparatoso. De hecho, hasta estar frente al 9-5, sólo había encontrado una versión familiar que me gustara: las refinadas líneas del Alfa Romeo 156 SW (un modelo más pequeño que el que nos ocupa) me parecían las únicas dignas de ser tenidas en cuenta si alguna vez se me ocurría la peregrina idea de hacerme con uno de estos coches, poco útiles para alguien que vive con su pareja y, muy a su pesar, no tiene perro.El Saab tiene poco que envidiar al diseño italiano en lo que a espectacularidad se refiere: si el Alfa destaca por su elegancia, el modelo sueco lo hace por su empaque y su deportividad. Ésta ha sido subrayada en las versiones correspondientes a 2004 con unos paragolpes más afilados, inserciones en color negro en la calandra y estribos ensanchados. También cuenta con nuevas llantas de 17 pulgadas y faros antiniebla más pequeños. El resultado no deja indiferente a nadie y transmite robustez y potencia.Eso es, justamente, lo que corrobora el sonido del motor. El rumor no es molesto (en cualquier caso, un habitáculo perfectamente aislado se encarga de amortiguar los 70,1 db que emite el propulsor a 140 km/h); más bien sugiere que la mecánica está dispuesta a entregar sus 250 CV en el momento en que lo pidamos.A la hora de la verdad, no es tan instantáneo. Aunque el motor sube de vueltas con una rapidez más que notable en un vehículo de su tamaño y peso (4,8 metros de longitud, 1,7 de anchura y 1,5 de altura, además de 1.679 kilos, según la báscula de nuestro Centro Técnico), lo cierto es que la entrega de potencia se hace de manera muy racional. Nada de “patadas" (pero sí una progresión enérgica) cuando el turbo se deja notar –desde las 1.900 y hasta las 4.000 rpm contaremos con un par máximo de 35,7 mkg-, ninguna respuesta brusca a la presión sobre el acelerador, un aplomo notable en todo momento... Este Saab 9-5 se muestra imperturbable y, por ello, nos parecerá que, durante los primeros compases, rodamos más despacio de lo que en realidad lo hacemos. Sin embargo, alcanzaremos los 100 km/h desde parado en 7,7 segundos (de acuerdo con los datos del Centro Técnico) y, cuando queramos darnos cuenta, estaremos marchando a una velocidad más que notable.Con este Saab se puede ir deprisa, muy deprisa, aunque su motor es poco alegre, acusando esa frialdad a la que hemos hecho referencia. Este carácter implacable y tranquilo viene dado, en parte, por la gestión que el cambio automático hace de la potencia del motor 2.3 que equipa al 9-5 Aero. Como en la mayoría de las transmisiones de este tipo, el paso de una relación a otra se realiza a un régimen de vueltas bajo, con lo que se intenta lograr un gasto de combustible contenido (a pesar de todo, el consumo medio llega a los 10,7 litros/100 kilómetros, según nuestro Centro Técnico) y un comportamiento suave. Si queremos que el Saab actúe de manera más dinámica, podemos elegir la posición “Sport" del cambio, que estira más la marcha antes de saltar a la siguiente y realiza las reducciones algo más deprisa que en el modo normal. Sin embargo, la respuesta sigue siendo lenta y pronto echaremos de menos un cambio manual, con el que mejoraría el talante deportivo del modelo. Ni siquiera las levas, situadas junto al volante, nos darán un ritmo mayor: su réplica tampoco es todo lo rápida que podría desearse y, aunque pulsemos las palancas correspondientes, la gestión del sistema no nos dejará bajar o subir marchas si considera que la aguja no está en la zona adecuada del cuentavueltas.Las levas se han instalado por debajo de los radios del volante, lo que nos obligará a forzar un poco la postura de las manos cuando queramos utilizarlas. A pesar de esto, una vez nos acostumbremos a su manejo, no querremos emplear el sistema automático tradicional a menos que nos encontremos en un atasco o callejeando por la ciudad. En este terreno habrá que tener cuidado, sobre todo a la hora de buscar aparcamiento: las dimensiones del Saab 9-5 SW no son precisamente contenidas (entre sus rivales, sólo el Subaru Legacy y el Volvo V70 son más pequeños).Una vez más, un Saab Aero (el acabado más deportivo de la gama) pasa por mis manos. Una vez más, me quedo impresionada ante la espectacularidad de sus líneas. Éstas no pierden dinamismo ni belleza pese a estar cortadas, en este caso, por el patrón de las carrocerías Station Wagon, que no comulgan especialmente conmigo: siempre he pensado que añaden pesadez al diseño, haciendo que el vehículo parezca demasiado aparatoso. De hecho, hasta estar frente al 9-5, sólo había encontrado una versión familiar que me gustara: las refinadas líneas del Alfa Romeo 156 SW (un modelo más pequeño que el que nos ocupa) me parecían las únicas dignas de ser tenidas en cuenta si alguna vez se me ocurría la peregrina idea de hacerme con uno de estos coches, poco útiles para alguien que vive con su pareja y, muy a su pesar, no tiene perro.El Saab tiene poco que envidiar al diseño italiano en lo que a espectacularidad se refiere: si el Alfa destaca por su elegancia, el modelo sueco lo hace por su empaque y su deportividad. Ésta ha sido subrayada en las versiones correspondientes a 2004 con unos paragolpes más afilados, inserciones en color negro en la calandra y estribos ensanchados. También cuenta con nuevas llantas de 17 pulgadas y faros antiniebla más pequeños. El resultado no deja indiferente a nadie y transmite robustez y potencia.Eso es, justamente, lo que corrobora el sonido del motor. El rumor no es molesto (en cualquier caso, un habitáculo perfectamente aislado se encarga de amortiguar los 70,1 db que emite el propulsor a 140 km/h); más bien sugiere que la mecánica está dispuesta a entregar sus 250 CV en el momento en que lo pidamos.A la hora de la verdad, no es tan instantáneo. Aunque el motor sube de vueltas con una rapidez más que notable en un vehículo de su tamaño y peso (4,8 metros de longitud, 1,7 de anchura y 1,5 de altura, además de 1.679 kilos, según la báscula de nuestro Centro Técnico), lo cierto es que la entrega de potencia se hace de manera muy racional. Nada de “patadas" (pero sí una progresión enérgica) cuando el turbo se deja notar –desde las 1.900 y hasta las 4.000 rpm contaremos con un par máximo de 35,7 mkg-, ninguna respuesta brusca a la presión sobre el acelerador, un aplomo notable en todo momento... Este Saab 9-5 se muestra imperturbable y, por ello, nos parecerá que, durante los primeros compases, rodamos más despacio de lo que en realidad lo hacemos. Sin embargo, alcanzaremos los 100 km/h desde parado en 7,7 segundos (de acuerdo con los datos del Centro Técnico) y, cuando queramos darnos cuenta, estaremos marchando a una velocidad más que notable.Con este Saab se puede ir deprisa, muy deprisa, aunque su motor es poco alegre, acusando esa frialdad a la que hemos hecho referencia. Este carácter implacable y tranquilo viene dado, en parte, por la gestión que el cambio automático hace de la potencia del motor 2.3 que equipa al 9-5 Aero. Como en la mayoría de las transmisiones de este tipo, el paso de una relación a otra se realiza a un régimen de vueltas bajo, con lo que se intenta lograr un gasto de combustible contenido (a pesar de todo, el consumo medio llega a los 10,7 litros/100 kilómetros, según nuestro Centro Técnico) y un comportamiento suave. Si queremos que el Saab actúe de manera más dinámica, podemos elegir la posición “Sport" del cambio, que estira más la marcha antes de saltar a la siguiente y realiza las reducciones algo más deprisa que en el modo normal. Sin embargo, la respuesta sigue siendo lenta y pronto echaremos de menos un cambio manual, con el que mejoraría el talante deportivo del modelo. Ni siquiera las levas, situadas junto al volante, nos darán un ritmo mayor: su réplica tampoco es todo lo rápida que podría desearse y, aunque pulsemos las palancas correspondientes, la gestión del sistema no nos dejará bajar o subir marchas si considera que la aguja no está en la zona adecuada del cuentavueltas.Las levas se han instalado por debajo de los radios del volante, lo que nos obligará a forzar un poco la postura de las manos cuando queramos utilizarlas. A pesar de esto, una vez nos acostumbremos a su manejo, no querremos emplear el sistema automático tradicional a menos que nos encontremos en un atasco o callejeando por la ciudad. En este terreno habrá que tener cuidado, sobre todo a la hora de buscar aparcamiento: las dimensiones del Saab 9-5 SW no son precisamente contenidas (entre sus rivales, sólo el Subaru Legacy y el Volvo V70 son más pequeños).

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