Renault Clio Sport V6

Nacido de la colaboración entre Renault Sport y TWR, con dos años de experiencia previa en carreras por toda Europa, el Clio Renault Sport es un vehículo destinado al disfrute de la conducción en su estado más puro. Una atípica presencia en la gama, con su motor central, propulsión posterior y 230 CV de potencia.

Renault Clio Sport V6
Renault Clio Sport V6

En realidad, la exclusividad en el habitáculo se encuentra en las plazas traseras, cuyo lugar ocupa el motor V6 de 3 litros de cilindrada, evolución del motor que se monta en otros modelos de la marca. La mano de Renault Sport se nota en todos los aspectos, tanto en aumento de par como de potencia. Para empezar, han incrementado la relación de compresión mediante unos nuevos pistones de labrado diferente. También se ha trabajado de forma exhaustiva en los conductos de admisión -que son un 4 por ciento más grandes-, así como en los de escape. El volante motor se ha aligerado y se cuenta con un régimen de corte 500 rpm por encima -7.000 rpm- del que admite el motor base. La refrigeración ha sido reforzada con la implantación de un radiador sobredimensionado y se dispone de entradas adicionales en los laterales del coche y los bajos están diseñados para reconducir el aire hacia el motor. Todo este trabajo ha dado como resultado un motor que cuenta con un funcionamiento verdaderamente destacable desde prácticamente el ralentí hasta alcanzar la zona roja del cuentarrevoluciones, que coincide con las 7.000 rpm. Bien es cierto que el motor impresiona más en la zona baja y media, donde ofrece un funcionamiento impecable, que en la zona alta, pero en conjunto el motor V6 invita a explotar durante todo el abanico de revoluciones todas y cada una de sus seis marchas. También resulta un tanto sorprendente la perfección con que ralentiza el motor, de tal forma que en algunos momentos cuando paramos el coche da la sensación de que se ha calado; y es que el V6 resulta tan suave de funcionamiento que al principio parece no cuadrar con su estética exterior, de la que se espera un modo de funcionamiento más brusco y puntiagudo. De hecho, las primeras impresiones son de que el coche no corre, ya que no hay ningún tipo de tirón, ni la fuerza de la aceleración pega el cuerpo al asiento. Pero enseguida nos damos cuenta del craso error, las rectas se agotan enseguida y las distancias entre curva y curva se reducen de forma espectacular. Las mediciones atestiguan el vigor de esta mecánica. De 0 a 100 km/h en menos de 7 segundos y los 1.000 metros con salida parada en algo más de 27 segundos, unas cifras que son de primer orden. Si el funcionamiento del motor resulta una delicia, la implantación del nuevo cambio de seis velocidades acompaña a la perfección este carácter dulce y agradable del propulsor. Los recorridos entre marchas son muy cortos, ofrece un grado de precisión muy alto y permite que los cambios se realicen con mucha rapidez acompañando las buenas prestaciones del coche. Sólo hay un pequeño "pero" y es que el pasillo entre marchas es tan estrecho que requiere cierto tiempo de adaptación el hecho de insertar la marcha exacta si lo hacemos muy deprisa. Una vez que hemos entendido parte de la filosofía que marca el carácter de este singular modelo, nos disponemos a adentrarnos en la carretera. Nos vuelven a la mente los 230 CV de potencia, la propulsión trasera y la ubicación entre los ejes del motor: pocas inercias, pero atención a forzar las cosas. Las primeras curvas las tomamos con cierta precaución, esperando, y calibrando hasta que punto el Clio V6 permite ir por la carretera obedeciendo las órdenes del conductor. Y aquí nos hemos llevado una sorpresa mayúscula, ya que el Clio V6 permite rodar muy rápido por zonas con muchas curvas, como era de esperar, pero sin que en ningún momento las reacciones del coche sorprendan al conductor. Bien es cierto que hay que acostumbrarse a ciertas peculiaridades, como una dirección muy rápida y directa que hace que al principio giremos antes de lo necesario y, además, al comportamiento subvirador de que hace gala al inicio de la curva. Una vez que el coche está apoyado, pisamos el acelerador y comprobamos cómo la parte trasera tiende a deslizar, pero siempre de forma muy noble y progresiva, ayudando a redondear la curva, sin que el tren trasero intente tomar camino distinto del que mandan las ruedas delanteras.