Prueba: Mini Cooper

Puede que el Mini sea simplemente un coche de capricho, pero tampoco es menos cierto que es un vehículo plenamente utilizable todos los días. En el caso del Cooper hay que resaltar la mecánica, la gran agilidad para moverse, la excelente estabilidad, la buena calidad en general y la facilidad de conducción. En el lado negativo, las plazas traseras son pequeñas, el maletero meramente testimonial, el ruido fuerte a alta velocidad, escaso de comodidad con las ruedas grandes y mejorable en determinados materiales.

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Cierra este panorama una dirección muy rápida y una batalla corta –a pesar de que en la relación con la longitud total ésta es larga-, que hará a su conductor estar muy pendiente de la rapidez con que cambia de carril, especialmente a alta velocidad. En este punto, es conveniente aclarar que hay que estar atentos a lo que pensamos y la celeridad con que movemos el volante, pues la relación entre ambos actos es más rápida de lo que cabría esperar en cualquier coche normal. Por eso, es fácil que más de una vez rectifiquemos girando la dirección hacia el lugar de donde venimos, especialmente al principio. Esta es una situación peculiar, que no mala, pero que conlleva un cierto tiempo para adaptarse y que va a depender mucho de los reflejos de cada conductor. Si se domina bien, hay que tener en cuenta que es un arma a favor. Y conviene dominarla bien, porque no hay que olvidar que el movimiento con el volante tiene mucho que ver en curvas rápidas.La reacción en curva es bastante neutra. Si nos pasamos en una curva larga de apoyo fuerte, la trasera tenderá a descolocarse, aunque el límite es alto. Si esto ocurre, y será de forma brusca, basta un poco de contravolante y levantar el pie del acelerador para ponerse nuevamente en la trazada correcta. En este caso también, el relativamente poco peso del conjunto, la mencionada dirección rápida y el buen agarre de las “descomunales" ruedas juegan lo suyo a favor. En este caso también, debemos decir que la suspensión trasera debe jugar otro papel importante para conseguir una buena trayectoria y un comportamiento muy bueno.El motor, que es de origen BMW/Chrysler, y que se fabrica en Brasil, se utiliza también en el Neon 1.6. En el banco de potencia ha dado casi 5 caballos por arriba de los 115 anunciados oficialmente. No es malo y es capaz de transmitir con el Mini una buena sensación de potencia. De hecho, con el coche con esa suspensión dura y el ruido que transmite al interior, que es muy alto y a veces poco soportable, hace pensar muchas veces que el Mini corre más de lo que realmente está corriendo. Vamos, que a 150 km/h se tiene la sensación de ir a 200. Por eso, el Mini Cooper es un coche rápido, pero menos de lo que la imagen exterior pueda hacer pensar. De hecho, entre sus rivales hay modelos tanto o más rápidos. Si antes apuntábamos al One para el que desea un coche menos “radical", aquí tendríamos que nombrar de pasada a la futura versión turboalimentada, el Mini S, con 165 CV y que estará próximamente a la venta.Es de esos típicos motores que van bien en cualquier régimen, aunque, puestos a señalar, es por encima de las 4.000 vueltas donde se encuentra mejor. Nos ha llamado la atención que nuestra unidad de pruebas tuviera una muy perceptible vibración entre 3.500 y 4.000 vueltas. Algo así cómo si se pisaran los avisadores de las líneas que demarcan los carriles de las carreteras, aunque un poco más leve. Es curioso, porque en el motor del Neon no nos ocurrió lo mismo.Es un motor que gasta poco. En conducción tranquila la aguja no muestra mucha tendencia a la glotonería. Lo malo es que es difícil no dejarse imbuir por esa sensación de coche potente que transmite, y entonces jugar con las marchas, tirando a largas pero que el motor mueve con bastante soltura, y empezar a apurarlas e ir rápido. En entonces, y solamente entonces, cuando los 50 litros del depósito de combustible pueden parecer pocos.