Peugeot 407 SW 2.0 HDI ST

En Peugeot lo tenían claro: este coche es un coche diferente, no es un familiar típico, no es una berlina, es un SW. Esto puede ser una ventaja, pero también un hándicap. El comportamiento es magnífico, pero no hay grandes aportes en habitabilidad.

Como ya sucediera con el 307, la versión SW del 407 no es una ranchera, ni mucho menos. En Peugeot hacen mucho hincapié en dejar bien claro que no pretenden ofrecer un coche familiar típico, sino que plantean un “concepto diferente". A falta de ver si el público se lo acaba de creer, este 407 SW es más bien un coche que aporta un plus de distinción, porque la carga de diseño es enorme. Ya lo era en el 407 berlina, pero, ahora, lo es mucho más. Se nota, sobre todo, en el delicado trabajo que se ha realizado en la trasera del coche, la zona que más cambia.En esa región del coche, los diseñadores franceses han sabido equilibrar las formas de un familiar con las tensiones y curvas propios de una berlina muy dinámica. Así, han logrado moldear un bellísimo portón trasero en el que destaca la luna, curvada y rematada en picos. También hay que resaltar los magníficos grupos ópticos traseros, ceñidos a la cintura del coche, enormes, muy originales.
A pesar de ser un familiar, a nadie se le escapa que se ha primado la parte emocional sobre la funcional. Para descubrirlo, es suficiente con echar un vistazo a esa zaga tan interesante.

Como interesante y atractivo es el techo acristalado del SW. Igual que en el 307 SW, Peugeot ha montado un gigantesco cristal superior que abarca prácticamente todo el habitáculo. Es el rasgo más característico del coche, junto con su nueva trasera. Por lo demás, la elegante configuración familiar no ha aportado mucho a la habitabilidad. Los nueve centímetros que crece el coche con respecto a la berlina no repercuten en una habitabilidad mucho mayor. Los asientos delanteros son magníficos en cuanto a espacio y comodidad, pero los traseros, en cambio, no pasan de ser correctos. Incluso puede que haya a quien le parezcan algo escasos, porque son las mismas dimensiones de la berlina, que no es la mejor de su categoría en cuanto a espacio para los pasajeros.Además, la introducción del techo de cristal obliga a rebajar la altura, con lo que hay menos hueco para la cabeza, a pesar de que el aumento de luminosidad produzca una engañosa sensación de mayor amplitud.

El mismo techo condiciona el espacio del maletero, pues la curva que traza la trasera es muy cerrada y recorta bastante el hueco destinado a equipajes. La luneta trasera, muy atractiva, describe una curva que también cierra mucho los ángulos, con lo que vamos restando espacio para la carga. Al final, a pesar de las apariencias familiares, sólo tenemos cinco litros más de capacidad que en la berlina: 470 litros frente a 465.
A cambio, tenemos un maletero muy ingenioso en el que se ha introducido una original cubierta plegable en lugar de las lonetas enrollables. El resultado es muy bueno, pues, si no se quiere utilizar toda la altura del maletero, se puede disfrutar de una bandeja convencional. Un par de huecos en ambos costados sirven para los objetos más pequeños. Además, el portón de acceso es bueno, sobre todo porque se puede abrir en dos partes: luneta por un lado y portón por otro. Al margen de las cotas de habitabilidad y las soluciones de estiba, el 407 ofrece un interior muy refinado. Casi idéntico a la berlina, destaca por imagen moderna y elegante, dominada por el techo acristalado y por una voluminosa y bien ordenada consola central.
Llama la atención la corrección de los materiales, sólo ensombrecida en las zonas más recónditas del maletero, donde hay plásticos bastante malos (tampoco son muy buenos los que componen la consola central, pero entran dentro de lo habitual). También es ensalzable la calidad de los acabados, que está a muy buen nivel, y, desde nuestro punto de vista, la magnífica distribución de los mandos, con todos los botones al alcance de la mano y, lo que es mejor, con un tacto intachable.

Y dentro de esa tónica general de correción, los asientos delanteros resultan muy confortables y sujetan bastante bien, sin llegar a la dureza de los deportivos y sin ser demasiado blandos. En nuestro caso contábamos con reglajes eléctricos, con lo que encontrar la postura correcta al volante resultaba muy sencillo. Lástima que las plazas traseras no fueran un poco más amplias, porque, de ser así, el conjunto sería perfecto.
Sentado al volante hay que poner una pega: los retrovisores exteriores son muy pequeños y el interior queda condicionado por el poco espacio acristalado de la ventanilla trasera. La visibilidad, por tanto, es un punto a mejorar. En este aspecto, cabe citar que las luces largas nos han parecido algo escasas.

Es, en resumen, un interior cómodo, pero sin grandes lujos ni excesos. Su mayor virtud es poder viajar contemplando el mundo a través de la cristalera del techo. Si se viaja en el asiento trasero y se ven las estrellas, se disfruta de un placer único. Merece la pena descubrirlo.

Una de las bazas de este 407 es su solvente dotación de serie. Por 28.400 euros que cuesta este acabado Confort Pack disponemos de elementos tan interesantes como los airbag de conductor, acompañante, laterales, de rodillas del conductor y de cortina delanteros y traseros. Es decir, un conjunto de airbags de lo más completo de la categoría.
Este magnífico equipamiento de seguridad se complementa con ABS, control de estabilidad y control de presión de los neumáticos. Además, se dispone también de elementos que están entre el confort y la seguridad, como los sensores de aparcamiento. Por 416 euros, además, se puede montar el control de velocidad de crucero.

El apartado de lujo y comodidades también va muy bien cubierto. De serie, este modelo dispone de climatizador dual, equipo de sonido con cargador de seis CDs y mandos en el volante, ordenador de viaje, sensor de lluvia, volante de cuero y regulable en altura y profundidad… Además, se pueden montar varios paquetes de equipamiento, como el que incluye cuero y asientos calefactables por 1.665 euros; o el que reúne sistema de navegación y teléfono móvil, que cuesta 2.029 euros. Como ya sucediera con el 307, la versión SW del 407 no es una ranchera, ni mucho menos. En Peugeot hacen mucho hincapié en dejar bien claro que no pretenden ofrecer un coche familiar típico, sino que plantean un “concepto diferente". A falta de ver si el público se lo acaba de creer, este 407 SW es más bien un coche que aporta un plus de distinción, porque la carga de diseño es enorme. Ya lo era en el 407 berlina, pero, ahora, lo es mucho más. Se nota, sobre todo, en el delicado trabajo que se ha realizado en la trasera del coche, la zona que más cambia.En esa región del coche, los diseñadores franceses han sabido equilibrar las formas de un familiar con las tensiones y curvas propios de una berlina muy dinámica. Así, han logrado moldear un bellísimo portón trasero en el que destaca la luna, curvada y rematada en picos. También hay que resaltar los magníficos grupos ópticos traseros, ceñidos a la cintura del coche, enormes, muy originales.
A pesar de ser un familiar, a nadie se le escapa que se ha primado la parte emocional sobre la funcional. Para descubrirlo, es suficiente con echar un vistazo a esa zaga tan interesante.

Como interesante y atractivo es el techo acristalado del SW. Igual que en el 307 SW, Peugeot ha montado un gigantesco cristal superior que abarca prácticamente todo el habitáculo. Es el rasgo más característico del coche, junto con su nueva trasera. Por lo demás, la elegante configuración familiar no ha aportado mucho a la habitabilidad. Los nueve centímetros que crece el coche con respecto a la berlina no repercuten en una habitabilidad mucho mayor. Los asientos delanteros son magníficos en cuanto a espacio y comodidad, pero los traseros, en cambio, no pasan de ser correctos. Incluso puede que haya a quien le parezcan algo escasos, porque son las mismas dimensiones de la berlina, que no es la mejor de su categoría en cuanto a espacio para los pasajeros.Además, la introducción del techo de cristal obliga a rebajar la altura, con lo que hay menos hueco para la cabeza, a pesar de que el aumento de luminosidad produzca una engañosa sensación de mayor amplitud.

El mismo techo condiciona el espacio del maletero, pues la curva que traza la trasera es muy cerrada y recorta bastante el hueco destinado a equipajes. La luneta trasera, muy atractiva, describe una curva que también cierra mucho los ángulos, con lo que vamos restando espacio para la carga. Al final, a pesar de las apariencias familiares, sólo tenemos cinco litros más de capacidad que en la berlina: 470 litros frente a 465.
A cambio, tenemos un maletero muy ingenioso en el que se ha introducido una original cubierta plegable en lugar de las lonetas enrollables. El resultado es muy bueno, pues, si no se quiere utilizar toda la altura del maletero, se puede disfrutar de una bandeja convencional. Un par de huecos en ambos costados sirven para los objetos más pequeños. Además, el portón de acceso es bueno, sobre todo porque se puede abrir en dos partes: luneta por un lado y portón por otro. Al margen de las cotas de habitabilidad y las soluciones de estiba, el 407 ofrece un interior muy refinado. Casi idéntico a la berlina, destaca por imagen moderna y elegante, dominada por el techo acristalado y por una voluminosa y bien ordenada consola central.
Llama la atención la corrección de los materiales, sólo ensombrecida en las zonas más recónditas del maletero, donde hay plásticos bastante malos (tampoco son muy buenos los que componen la consola central, pero entran dentro de lo habitual). También es ensalzable la calidad de los acabados, que está a muy buen nivel, y, desde nuestro punto de vista, la magnífica distribución de los mandos, con todos los botones al alcance de la mano y, lo que es mejor, con un tacto intachable.

Y dentro de esa tónica general de correción, los asientos delanteros resultan muy confortables y sujetan bastante bien, sin llegar a la dureza de los deportivos y sin ser demasiado blandos. En nuestro caso contábamos con reglajes eléctricos, con lo que encontrar la postura correcta al volante resultaba muy sencillo. Lástima que las plazas traseras no fueran un poco más amplias, porque, de ser así, el conjunto sería perfecto.
Sentado al volante hay que poner una pega: los retrovisores exteriores son muy pequeños y el interior queda condicionado por el poco espacio acristalado de la ventanilla trasera. La visibilidad, por tanto, es un punto a mejorar. En este aspecto, cabe citar que las luces largas nos han parecido algo escasas.

Es, en resumen, un interior cómodo, pero sin grandes lujos ni excesos. Su mayor virtud es poder viajar contemplando el mundo a través de la cristalera del techo. Si se viaja en el asiento trasero y se ven las estrellas, se disfruta de un placer único. Merece la pena descubrirlo.

Una de las bazas de este 407 es su solvente dotación de serie. Por 28.400 euros que cuesta este acabado Confort Pack disponemos de elementos tan interesantes como los airbag de conductor, acompañante, laterales, de rodillas del conductor y de cortina delanteros y traseros. Es decir, un conjunto de airbags de lo más completo de la categoría.
Este magnífico equipamiento de seguridad se complementa con ABS, control de estabilidad y control de presión de los neumáticos. Además, se dispone también de elementos que están entre el confort y la seguridad, como los sensores de aparcamiento. Por 416 euros, además, se puede montar el control de velocidad de crucero.

El apartado de lujo y comodidades también va muy bien cubierto. De serie, este modelo dispone de climatizador dual, equipo de sonido con cargador de seis CDs y mandos en el volante, ordenador de viaje, sensor de lluvia, volante de cuero y regulable en altura y profundidad… Además, se pueden montar varios paquetes de equipamiento, como el que incluye cuero y asientos calefactables por 1.665 euros; o el que reúne sistema de navegación y teléfono móvil, que cuesta 2.029 euros.