Opel Zafira Elegance 2.0 Dti 16V

Con la adopción del motor 2.0 Dti 100 CV el Zafira obtiene unas cualidades dinámicas acordes a su envergadura y posibilidades de transporte, algo de lo que nunca pudo presumir la desaparecida versión 2.0 Di de 82 CV.

Opel Zafira Elegance 2.0 Dti 16V
Opel Zafira Elegance 2.0 Dti 16V

Lo más contundente ante la conducción cotidiana son los 5 segundos que invierte menos en el adelantamiento de 80 a 120 km/h en 5ª, los 2 segundos menos en la misma maniobra en 4ª y la ganancia de 15 km/h de velocidad máxima, al margen de la superior aceleración en todas las mediciones. Sin embargo, los ejercicios de recuperación en 4ª y 5ª marcha se cubren en peores o similares tiempos, clara muestra de que hay que estar atento al cambio, incluso con una utilización tranquila. Son ejercicios que se inician circulando por debajo de las 2.000 rpm y, como apuntábamos antes, en ese margen el Dti muestra una menor contundencia. Los consumos obtenidos responden fielmente a las diferentes características de ambos motores. En ciudad, el Dti nos ha gastado casi un litro más, resultado de su inferior bajo régimen, que nos obliga a acelerar con más intensidad y utilizar con mayor frecuencia el cambio. En carretera, circulando a velocidades legales en condiciones favorables, sus consumos son similares a los de la anterior versión. Pero a medida que hacemos uso de sus plazas o capacidad de carga (con las 7 plazas ocupadas podemos hablar de un peso superior a las 2 toneladas), o circulamos por trazados de orografía complicada o tráfico poco fluido, el Dti se muestra más estable de consumos, además de más rápido, contundente y agradable de conducir. Una característica muy particular de este motor es su facilidad para girar algo más allá de las 4.500 rpm sin caídas abruptas de par. Aquí apunta más claramente su condición de motor multiválvula, y lo que pierde a bajo régimen (pero señalando que no es malo en este margen) lo compensa arriba. En resumidas cuentas, lo mejor de esta versión, comparada con la anterior, está sin duda en el agrado de conducción que ofrece al circular por carretera, con un 5ª marcha muy capacitada para acometer adelantamientos en tiempos notables (ha pasado de ser el más lento a ser el más rápido en su categoría) y coronar repechos manteniendo con garantías la velocidad de crucero y alcanzar su máxima con relativa facilidad. Y todo esto sin estar tan supeditado a las condiciones de carga. En cuanto al bastidor, nada ha cambiado. Lo más destacable es su alto confort de marcha, marcado por unas suspensiones muy suaves, que filtran y absorben con mucha calidad todo tipo de irregularidad en el asfalto. El aumento de prestaciones no ha supuesto ninguna penalización a la estabilidad del Zafira, que muestra una pisada bien aplomada, transmitiendo plena confianza al conductor. Sólo a alta velocidad, en amplios apoyos con el perfil ondulado, se desatan oscilaciones verticales de la carrocería que inicialmente restan confianza, pero no deja de ser una reacción permitida por sus suaves suspensiones que no interfieren, dentro de un orden, en la trayectoria del coche. Los frenos han mostrado un rendimiento ejemplar en esta unidad en concreto, por dosificación y resistencia a la fatiga, aunque las distancias de frenado se resienten del peso del coche.