Opel Speedster

Hay algo en el Speedster que engancha irremediablemente. Guiado únicamente por los sentidos, uno nunca llegaría a saber qué es. El poder adictivo de este endemoniado vehículo tiene que ver con los sentimientos, con las sensaciones únicas que se experimenta cuando se va en él a gran velocidad.

Opel Speedster
Opel Speedster

Expurgado de todo tipo de aditivos y adornos, sin un solo gramo de más, uno comprende que el Speedster es, ante todo, músculo. Uno sabe pronto que no necesitará demasiado motor para sacar buen partido de tanta fibra muscular. El propulsor es el 2.2 Ecotec , una máquina que rinde 145,5 CV, según nuestro Centro Técnico, 2 caballos menos de lo que anuncia la marca. A priori no es mucho, pero con tan poco peso, se logran resultados realmente buenos. Las frías prestaciones son más bien discretas: 0-100, en 6,7 segundos; 400 metros, en algo menos de 15 segundos y el kilómetro completado en casi 28 segundos. Son números relativamente atractivos pero, evidentemente, no son los mejores dentro del mundo de los deportivos. Sin embargo, cuando aplicamos al terreno las posibilidades dinámicas del Speedster, nos olvidamos de las estadísticas y comprendemos por qué nos cautiva este coche tan poco práctico y tan incómodo. Cuando se pone en marcha el motor, colocado justo tras las orejas de los dos ocupantes, uno empieza a comprender. El ruido terrible y hermoso de la máquina se enseñorea de todo y, a más de 140, no oiremos otra cosa. Colocado ahí, en posición central, el propulsor de Opel no desfallece nunca y su rendimiento es el óptimo. Entrega la potencia con bravura: poderoso, pero no violento. No tiene esa patada que asusta en otros deportivos, pero el sólido y manejable chorro de potencia permite disfrutar de una aceleración muy satisfactoria. Tracción trasera por definición, se vale de unos enormes neumáticos traseros para llevar el par al suelo. Esas gomas se las arreglan para evitar cualquier atisbo de patinaje, y eso que las delanteras son muy estrechas(175/55 contra 225/45), con sólo el apoyo preciso para que la dirección funcione bien y el coche apoye sin problemas. El empuje del coche se aprecia y se saborea por completo, especialmente en carreteras secundarias, plagadas de curvas. Hay tan pocos filtros entre la mecánica y los ocupantes que uno, al volante, se siente una pieza más del coche, una especie de mixtura biónica. Con tanta fuerza bajo control, se pueden hacer maravillas gracias a un bastidor muy sofisticado que sólo pesa 71 kilogramos. “Soldado" con resinas especiales, este chasis garantiza una estabilidad de castillo medieval. Los pasos por curvas se realizan a velocidades que coches con más motor no permiten. El Opel se muestra absolutamente neutral y sólo muestra tendencia al tranquilizador subviraje cuando se fuerza mucho la máquina. La marca alemana no se consiente ninguna broma: la seguridad está garantizada y no hay reacciones bruscas. Esto nos quita la diversión de los sobrevirajes y otras gracias, pero nos permite correr sin preocuparnos de nada más. Un equipo de frenos titánico está preparado, con su ABS, por lo que pueda pasar. Las suspensiones tienen mucho que decir en este comportamiento tan noble y eficaz. Con un esquema de paralelogramo deformable en ambos trenes, como en los monoplazas de competición, los elementos suspensores, en aluminio, se combinan con esferas hidroneumáticas que sustituyen a los típicos resortes helicoidales. El conjunto, de gran dureza y recorrido mínimo, trabaja con vocación de Fórmula 1. Tanto que la tensión se siente perfectamente en el pequeño volante deportivo. El coche no se permite la más mínima oscilación y no hay ninguna tendencia viciosa en los giros. Las ruedas parecen parte del asfalto de lo pegadas que van a él. Claro, a cambio de esta fortaleza en el rodar, el confort dentro del Speedster es una utopía. Cualquier irregularidad del terreno, por mínima que sea, deja su firma en nuestra espalda, pese a que los amortiguadores hacen todo lo que pueden, que no es poco. La dureza de los asientos se ve acrecentada por esos golpes que llegan desde el pavimento a poco que éste se erice. La prueba exige estar en buena forma. De lo contrario, un viaje largo se convertirá en una auténtica tortura física. Eso sí, disfrutaremos de una conducción única en los coches de producción.

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