Nissan Almera 2.2 DI Elegance 5p

Por fin se ha producido en el Almera el cambio que tanta falta le hacía, la reducción en el grupo final operada en el motor turbodiesel de 2,2 litros de 110 CV, que se ha hecho coincidir con al versión más lujosa, la Ellegance. Con ello, la respuesta en aceleración mejora bastante, aunque la rumorosidad y el consumo siguen siendo las facetas peor conseguidas en un coche equilibrado y bien acabado.

Nissan Almera 2.2 DI Elegance 5p
Nissan Almera 2.2 DI Elegance 5p

En detrimento de esta significativa mejoría mecánica, el consumo ha aumentado y la sonoridad, que ya era excesiva en el primer Almera, se ha disparado. El nuevo modelo consume una media de 7,5 litros, por los 7,2 marcados por su predecesor, según las mediciones de nuestro equipo de prueba, lo que ha hecho disminuir su autonomía media. De todos modos, estas cifras se mantienen en límites aceptables si se tiene en cuenta la capacidad del motor y las pretensiones del modelo de Nissan, con un carácter más "viajero" que urbano. Precisamente, ahora con la menor utilización del cambio en carretera, a velocidades medias no muy excesivas, el gasto de combustible es susceptible de ser mejorado.

Donde ya no hay vuelta de hoja es en el apartado sonoro. Con el motor a ralentí, y hasta el corte de inyección, el motor de 2.2 litros hace excesivo ruido, hecho más contrastante si se compara con cualquier otro Diesel. A 120 km/h, el interior del vehículo alcanza 71,8 decibelios medidos, y a 140 km/h, 74,6.

Las modificaciones operadas en transmisión y propulsor cumplen las pretensiones buscadas. Tan sólo el tacto de la caja de cambios no está acorde con la categoría del conjunto volante/motor, revelándose un tanto impreciso con una cuarta marcha que en ocasiones no entra, y con una quinta bastante alejada que provoca que el cuero que recubre la palanca roce contra el metal, desprendiendo un chasquido molesto.

La introducción de una nueva mecánica ha completado lo que apuntaba la anterior generación del Almera turbodiésel: un coche redondo para el mercado de los compactos movidos por gasóleo. Nissan ha reparado en las quejas de la prensa del sector y ha terminado por realizar una serie de modificaciones técnicas en la mecánica del Almera 2.2 DI. La reducción del grupo final, con el consiguiente acortamiento del desarrollo de las marchas, y una utilización más amplia del par motor, que se equipara al del resto de mecánicas de su segmento, han permitido al vehículo japonés situarse en disposición de asaltar el cetro de este reducido pero competido mercado. No obstante, su fuerte no está en el motor, sino en la conjunción coherente de todos los apartados que hacen atractivo a un coche: diseño, habitabilidad, comportamiento, prestaciones y equipamiento. La corrección del apartado mecánico, en su anterior generación penalizado por un desarrollo de marchas excesivamente largo (39,9 km/h en cuarta y 51,2, en quinta), ha venido dada por la obligación, más que por la necesidad, de aprovechar mejor la enorme capacidad de este propulsor y tratar de situarlo a la altura del resto de virtudes del Almera.

Los desarrollos más cortos y la nueva curva del par motor han proporcionado una arrancada acorde a su categoría y unas recuperaciones muy mejoradas. Así, si con el anterior grupo final se obtenían cifras de 80 a 120 km/h en cuarta y quinta de 10,12 y 17,42 segundos, respectivamente, los nuevos datos son manifiestamente inferiores: 9,43 y 13,67 segundos. Traducido al lenguaje práctico, el nuevo Almera 2.2 DI, sin ser de los mejores del segmento, se permite el lujo de adelantar en circunstancias adversas sin recurrir al cambio con tanta frecuencia.

A bajos regímenes, también se nota una mejor utilización de los 110 CV potenciales (124 reales en el banco de potencia) y, aunque su respuesta en primera y segunda es bastante brusca, por otra parte similar al resto de rivales, se aprecia una diferencia abismal en arrancada respecto a la anterior generación.

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