Mini One Cabrio

Si algo le faltaba al Mini para hacerlo aún más atractivo, era una versión descapotable con la que siempre encontraremos una excusa para salir de casa. Este cabrio es ágil, muy llamativo y su precio... Bueno, un capricho es un capricho y algunos -¡ay!- son tan necesarios...

Mini One Cabrio
Mini One Cabrio

No nos referimos a sus proporciones, ya que conserva, calcadas, las medidas de la versión con techo, así como las de su batalla y sus vías, que mandan las ruedas a las esquinas y hacen del Mini un ejemplo de estabilidad y aplomo. Tampoco tratamos sobre su peso, pues esta versión, con 1.236 kilos, ha “engordado" más de 100 kilos respecto a su “hermano". Queremos hablar de su motor, el menos potente entre los de gasolina. Ya habíamos probado esta mecánica (1.6 con 90 CV) hace algún tiempo y, en aquella ocasión, nuestro Centro Técnico midió una potencia máxima de 95 CV a 5.900 rpm. En la versión descapotable, el banco de rodillos revela 92 al mismo régimen, si bien el par se mantiene en casi 15 mkg a 2.660 vueltas. Parece fuerza más que suficiente para un coche casi “de juguete", pero no debemos dejarnos guiar por las apariencias: el aumento de peso hace que, en muchas ocasiones, el propulsor encuentre dificultades para “tirar" del Mini. En las vías amplias, alcanzaremos una velocidad de crucero cómoda y será fácil dejarnos llevar por un ritmo relajado, pero, al llegar a las curvas, el rey de este terreno tiene que hacer auténticos esfuerzos para conservar su título. Es una pena que el motor no se muestre más vivo, ya que conducir un Mini en un tramo revirado es un ejercicio inolvidable y, si la potencia acompaña, el resultado es sobresaliente. Por desgracia, esta mecánica no llega a la máxima calificación; enseguida notaremos que el conjunto es tan efectivo que no tendría problemas para digerir más potencia (sirva como ejemplo el impresionante Cooper S, con 177 CV) y la echaremos de menos.Una dirección rapidísima y una suspensión firme –casi incómoda- se combinan para que el comportamiento del Mini sea similar al de un kart, el mejor ejemplo para ilustrar la pureza de sus reacciones, instantáneas y apenas tamizadas. Por si fuera poco, el coche se muestra vivo, pero no nervioso, y es posible manejarlo con mano firme e inscribirlo en las curvas más difíciles sin que pierda un ápice de su proverbial aplomo. Cuando las cosas “se salen de madre", contamos con controles de estabilidad y tracción (opcionales), que las manos más expertas querrán desconectar para exprimir la agilidad del chasis hasta el tuétano. De nuevo, es una lástima que el motor no acompañe, máxime cuando se han cerrado las relaciones de las marchas -ahora son más cortas- y la caja pide cambios con cierta asiduidad. ¿Nos ha sorprendido este comportamiento? En parte sí. Las versiones con techo nos dejaron un excelente sabor de boca, pero no pensábamos que un cabrio fuera a calcarlas con tal fidelidad. ¿Por qué? Por el aumento de peso que suponen los refuerzos añadidos y las barras antivuelco que cuidan la seguridad de los ocupantes y por la menor rigidez que se supone a las carrocerías descapotables. La solución está en unos bajos y unos faldones laterales reforzados, que también sirven para que el reparto de kilos sea más equilibrado y para que baje el centro de gravedad. El Mini Cabrio hace muchas concesiones a su origen: un parabrisas poco inclinado (perfecto para los conductores de talla pequeña, que no sentirán agobiados al acercarse al volante), cromados, capota de lona -una metálica le hubiera quitado todo el sabor “retro"-, grandes bisagras en el portón… Transmite simpatía a primera vista y no tardaremos en coger confianza: unos minutos al volante y ya no querremos bajar.

LO MEJOR
LO PEOR

•  Agilidad
•  Diseño
•  Funcionamiento de la capota

•  Plazas traseras
•  Portón del maletero
•  Plásticos en el habitáculo

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