Mini One 1.6 90 CV

Su predecesor le puso el listón muy alto: encandiló a estrellas de la música y el cine e, incluso, patronos de otras marcas como Enzo Ferrari lo conducían con orgullo. Eso sí, ahora el Mini One es más seguro, más grande, mejor equipado y, si cabe, mucho más divertido. El mito del pop ha resucitado para convertirse en el primer BMW de la historia con tracción delantera.

Mini One 1.6 90 CV
Mini One 1.6 90 CV

Mini ha cambiado de propietario, pero BMW, su nuevo dueño, es consciente de que, ante todo, ha comprado un estilo de vida. El sonido de su motor encandiló a Paul McCartney, Ringo Starr o Mick Jagger, su diseño inspiró a Mary Quant cuando lanzó la minifalda... La lista de famosos pertenecientes a su club de fans es extensa, ¿qué se puede decir del coche que Niki Lauda o Enzo Ferrari elegían para salir a la calle? A BMW no parecen molestarle las comparaciones y ha hecho aún más llamativo este modelo lleno de pequeños detalles. Pero, eso sí, tampoco ha querido vivir de éxitos ajenos y, al igual que otros fabricantes, ha decidido rescribir a todo un clásico.

Ahora, el One es mucho más grande que su predecesor, tiene 3,62 metros de largo. Dentro, este vehículo no es tan "mini", al menos para las plazas delanteras, donde se ofrece más espacio que en otros utilitarios de mayor tamaño. Además, al volante se va sentado muy abajo con lo que la distancia al techo acrecienta la sensación de amplitud.

Los pasajeros de las plazas traseras no lo tienen tan fácil, ya que el espacio para las piernas es insuficiente y el acceso a las mismas no es tan sencillo a pesar de que incorpora un sistema que permite que la butaca se pliegue al mismo tiempo que se echa para adelante. Una vez "embutidos", los viajeros también deben sufrir la rigidez y la forma en una perfecta "L" de 90 grados de sus asientos.

El maletero, igualmente, es muy reducido, pero los respaldos traseros se pueden abatir con lo que su capacidad se hace digna de un utilitario y el portón trasero se eleva a más de 1,95 metros facilitando la colocación de bultos.

Al fin y al cabo, el posible comprador de un Mini no busca las comodidades de un monovolumen, aunque este coche está lleno de pequeños guiños para sus ocupantes. Sus diseñadores se han esmerado tanto por fuera como por dentro: botones que imitan a los de los aviones, dos posavasos, luces en los pedales, grandes relojes con esferas blancas, el mando de los limpiaparabrisas está coronado por un intermitente rojo que parpadea cuando abandonamos el coche… En definitiva, todo un ejercicio de estilo, que, según nuestro gusto, puede resultar algo forzado si nos fijamos en los adornos de las puertas que emulan a protectores. Pero el Mini, tanto ahora como antes, es algo más que una cara bonita.