Mercedes CLK 500

El mágico sonido de un potente motor V8 otorga mayores bríos y más carácter deportivo a un coupé de élite, tan confortable como seguro y eficaz en la carretera.

Mercedes E 270 CDI
Mercedes E 270 CDI

Quien se pone al volante de un CLK 500 puede seleccionar la carga de trabajo que prefiera: usar el cambio en modo automático, hacerlo en modo secuencial por impulsos, que funciona de maravilla y, opción mediante, activar la función de radar de mantenimiento de distancia con el coche precedente, sistema al que Mercedes denomina Distronic.

Poco falta para que nos sintamos como a bordo de un Airbus. Con la función de velocidad de crucero automática y el Distronic activado, el vehículo mantiene las distancias de manera autónoma regulándolas con suavidad. Y esta distancia la podemos variar moviendo una ruedecilla muy pequeña situada junto a la palanca de cambios, que nos acerca o aleja, acelerando o frenando suavemente. Cuando el vehículo precedente se aparta del carril, nuestro vehículo acelera hasta alcanzar la velocidad de crucero programada. Lo contrario sucede si se nos pone delante otro vehículo más lento ya que el sistema frena lo necesario, por lo que no resulta recomendable usarlo en ciudad. Como sucede con el control de crucero, cualquier acción sobre el pedal del freno o acelerador toma preferencia sobre el sistema Distronic.

Situar el motor V8 en una plataforma derivada del Clase C y reunir con coherencia tanta electrónica embarcada como accesorios de confort en un tamaño tan recortado (con una longitud que apenas supera los 4,60 metros y un ancho de 1,74) no deja de despertar cierta admiración. Y a ello se suma el atractivo de disponer de unas prestaciones altas si nos proponemos dar gas con energía. Pero si esto pareciera poco, la gama CLK es amplia y para los más arrojados, ahí está el CLK 55 de AMG que entrega 60 CV más.

Con el motor 5.0 con 307 CV del CLK 500 se pueden solicitar las llantas de 18 pulgadas y el paquete estético aerodinámico de los AMG, así como una suspensión algo rebajada y más firme. Con ella se consiguen velocidades de escándalo en zonas viradas, siempre con una actitud moderadamente subviradora, que da tranquilidad y seguridad, y permite recuperar las trazadas si se quita el pie del gas.

El control de estabilidad, si se ha cometido un exceso, entra en acción con notable suavidad y casi nunca interfiere en una conducción dinámica. Es desconectable, como en el CLK 320, dejando activo el control de tracción, que actúa cuando aceleramos fuerte con suma discreción con rápidos y ligeros toques en los frenos y permitiendo un ligero sobreviraje. De todas maneras, la configuración dinámica del modelo ha primado la seguridad y el eje trasero va casi siempre "soldado" al pavimento. En zonas con baches, aun con las ruedas grandes de 18 pulgadas, es casi imposible perder contacto con el firme. Los frenos aguantan lo que le echen y la selección por impulso de las marchas es rápida y las inserciones muy suaves. Sólo un detalle para observar: cuando la dirección debe trabajar con rapidez y girar mucho en una sucesión de horquillas cercanas entre sí, la asistencia puede perderse en algún momento y, de repente, nos encontramos con que cuesta mucho continuar girándola.

De no ser por este detalle y porque si se la solicita, la rueda de repuesto ocupa buena parte del maletero (el coche se suministra con un equipo reparapinchazos), el CLK podría considerarse el coupé perfecto, calificación que vale también para el volante con mandos multifunción, con botones selectores de menú que se reflejan, gracias a la opción Comand, en el tablero de instrumentos. Puestos a cuidar el dinero y a buscar agilidad y maniobrabilidad, los CLK son, sin duda, un buen sucedáneo del SL 500…