Mercedes A 160 Largo Classic

Los diecisiete centímetros de diferencia entre un Clase A corto y uno largo suponen un significativo aumento de habitabilidad para las plazas traseras y el maletero, pero también una mejora de comportamiento. Una vez más, el pez grande acabará por comerse al chico.

Mercedes A 160 Largo Classic
Mercedes A 160 Largo Classic

El Clase A Largo es el Clase A por excelencia. El corto lo va a tener muy difícil, ya que por unas 200.000 pesetas más se obtiene un vehículo 17 cm más largo, una longitud que repercute íntegramente en una mejor habitabilidad para los pasajeros traseros o mayor volumen de maletero, debido a que la banqueta se puede desplazar 11,1 cm en sentido longitudinal. Bien, pues, aun con el asiento echado hacia adelante, el espacio que queda es tan amplio como la mayoría de las berlinas medias y algunas de lujo. Por poner un ejemplo, cuenta prácticamente con el mismo espacio para las piernas que en un Clase S.

Cuando el asiento se echa hacia atrás, entonces el espacio es incluso exagerado. Increíble, pero sobra. No hay muchas piernas que lo necesiten. Algunos incluso podrán estirarlas sin que les molesten los asientos delanteros. Además se puede regular la inclinación del respaldo o retirar los asientos, ambas cosas contando con la división del asiento en proporción 60/40. Por 30.000 pesetas, también se puede solicitar que el asiento del pasajero sea extraíble y regulable en altura, con lo que la capacidad de transporte es casi la de una furgoneta.

El crecimiento del Clase A reporta muchas ventajas, pero la anchura sigue siendo la misma, y nunca había estado sobrado en este aspecto. Atrás, dos personas viajarán muy amplias y tres sólo se resignarán en pequeños trayectos. Y en esto radica su diferencia con la mayoría de los monovolúmenes compactos, que admiten sin tantas estrecheces que se sienten tres personas atrás. Basta decir que existe una opción sin cargo que consiste en sustituir el asiento trasero por dos individuales.

Delante tampoco resulta muy holgado en anchura. El conductor no siente desde su puesto la amplitud que tiene a su espalda, ya que lo que encuentra a la vista lo percibe bastante cerca. Lo que sí apreciará es el repaso que ha recibido el modelo coincidiendo con la llegada de la versión larga. Se ha mejorado la presencia, el tacto y la calidad de los materiales, ya que los del anterior Clase A no estaban a la altura de lo que se espera y se paga por un Mercedes. Las líneas maestras del salpicadero se han redondeado, se ha cambiado la consola central -ahora con aspecto mejorado y mandos mejor ordenados- y el volante tiene un nuevo diseño más acertado. La instrumentación sigue siendo muy visible, pero escasa; resulta raro en un coche de este segmento que no disponga de indicador de temperatura del refrigerante. La postura sigue siendo muy adecuada y parecida a la de un turismo, pero con la ventaja de estar en un plano más elevado. La visibilidad hacia delante y hacia los lados resulta impecable, y algo más justa hacia atrás.

Pero las ventajas de la carrocería larga no acaban en el interior. La mayor longitud se consigue gracias a un aumento de batalla. Y un incremento de batalla de 17 cm no es algo que pase desapercibido.

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