Land Rover Freelander V6

Los 177 CV que tiene este Freelander debieran ser más que una buena carta de presentación para tener visos de un éxito de prestaciones asegurado. Sin embargo, este V6 no es ágil en rendimientos por la caja de cambios automática en modo normal. Tampoco el motor ayuda, porque no tiene bajos ni medios regímenes. Sus cualidades todo terreno quedan muy justas por la ausencia de reductora, una circunstancia que por sí sola no logra paliar el sistema de retención en bajadas (HDC).

Land Rover Freelander V6
Land Rover Freelander V6

Hablar de 177 caballos en un todo terreno mediano como los del Freelander V6 debería ser suficiente promesa para obtener garantía de unos rendimientos buenos. Sin embargo, la forma de entregarlos, poca fuerza en bajos y medios regímenes, y la poca ayuda que, como hemos dicho, supone el cambio automático sólo dejan que el motor se luzca en determinadas circunstancias.Que un todo terreno no tenga buenos bajos, es decir, que no empuje bien en la zona baja del cuentarrevoluciones no es bueno, porque limita mucho la forma de moverse por el campo. A ello hay que sumar, además, que no tira bien tampoco en la zona media. Estas dos circunstancias tampoco son buenas en asfalto normal, donde no se consigue mover el coche con soltura, por ejemplo, en una incorporación o al afrontar una subida fuerte de montaña. En ambos casos, obliga a pisar fuerte y rápido el acelerador para conseguir una reducción de marchas y que el motor se sitúe por arriba de las 4.000/4.500 vueltas. Y, si ya es difícil contener el consumo, propio también de una mecánica de seis cilindros en un coche pesado y con mala penetración aerodinámica, más lo es si estamos obligados a no ser muy condescendientes con el pedal del gas para conseguir un mínimo de buenas prestaciones. Por eso también resulta obligatorio tener cuidado con la autonomía. Sólo en carretera abierta, donde es posible alcanzar una velocidad crucero de forma fácil, los caballos de esta versión parecen hacerle honor y encontrarse a gusto, a menos, eso sí, de que aparezca una subida de más o menos importancia. Es entonces cuando esta versión es la más rápida y la que mejor mantiene las velocidades elevadas. También acelera y recupera de forma más contundente si somos incondicionales de mantener el pedal del acelerador pisado a tope, en cuyo caso también será más incómodo por las reacciones más bruscas de cambio y el sonido de motor que esto provoca. Otras cualidades destacables son que es bastante manejable en ciudad, ofrece buena visibilidad y no es muy grande para aparcar –sólo la colocación exterior de la rueda de repuesto “falsea" la medidas si hay que hacerlo con precisión en huecos justos–.

Una de las cosas más logradas del Freelander es, además de una figura exterior muy desenfada, el interior. Quitando la poca altura al techo en el asiento del conductor, que va situado muy alto y puede hacer que rocemos la cabeza con el techo a nada que el que practique la conducción se salga un poco de la media, tanto los materiales como el buen funcionamiento son dos notas a favor. La sensación de amplitud delante es buena y, gracias a la regulación del volante en altura, la postura frente al puesto de mando es fácil de encontrar. Los grandes retrovisores exteriores ofrecen una buena visibilidad hacia atrás.

El maletero, por su parte, no es muy amplio (poco más de 300 litros) pero tampoco muy pequeño por el volumen hacia arriba, y siempre tiene la posibilidad de aumentar reclinando los asientos delanteros por partes o completamente. Ayuda el portón para introducir objetos grandes, porque se abre completamente hacia un lado y el toldo, para ocultarlo de las miradas interesadas de los amigos de lo ajeno.

Tiene los suficientes huecos para dejar las cosas normales en un viaje, además de los prácticos portabotellas situados en las puertas y las redes para mapas o revistas del techo de las plazas traseras.