En Kia se han dado cuenta de que los todo terrenos ligeros, los llamados SUV, tienen cada vez más hueco en el mercado. Han visto también que el Hyundai Tucson ha sido una especie de revulsivo en el segmento y, sin tardanza, han sacado a la calle el Sportage.
Heredero de un nombre que dio muchas alegrías a la firma coreana, el Sportage utiliza el mismo planteamiento (bastidor y motores) de su “primo" el Tucson, pero aligera mucho la estética y luce un aire más deportivo y juvenil.
Apuestan por una imagen desenfadada, con una línea marcadamente americana y una apariencia más 4x4 de lo que luego el coche es capaz de hacer. El Sportage es muy alto, con mucho espacio libre entre el suelo y los ejes, con grandes pasos de rueda y una parrilla prominente que recuerda a los grandes TT norteamericanos. También exhibe dos grandes salidas de escape que le dan un aspecto mucho más deportivo de lo que en realidad es. Resulta, por tanto, un coche muy a la moda, sin grandes pretensiones, ajustado a las necesidades de la gran mayoría y, lo mejor, a muy buen precio.Kenny Lee, presidente de Kia Motors Iberia, evalúa como muy satisfactorio el primer año de funcionamiento de esta empresa, que arrancó en 2003 como heredera de la anterior distribuidora de Kia en España.
Este primera año ha estado lleno de lanzamientos: Picanto, Cerato, Opirus y, ahora, el Sportage. El resultado es un gran aumento de las ventas, que se colocarán, a final de año, por encima de las 30.000 unidades vendidas.
Ahora, el objetivo es vender 40.000 en 2004, de las que unas 5.000 corresponderían al Sportage.Sobre el bastidor del Tucson, Kia ha hecho su propia puesta a punto. El resultado es similar, pero particular. El Sportage es un todo terreno muy “light", muy poco atrevido. Con chasis monocasco y suspensiones independientes, su comportamiento es muy noble y seguro. Sin embargo, para el campo hace falta algo más de lo que ofrece. La transmisión, confiada a un sistema de diferencial central autoconectable, un embrague de tipo Borg Warner, no es lo más adecuado para practicar un 4x4 puro.
Está más indicada, en cambio, para recorrer caminos tranquilamente, sin alardes. En esas condiciones, para pasar por pistas no muy exigentes, el Kia resulta un coche ideal, porque es ligero, fácil de llevar, muy manejable y, lo mejor, muy cómodo. La suspensión absorbe sin problemas baches y piedras y permite que los ocupantes disfruten del campo sin que sus espaldas se resientan.En Kia explican que el Sportage utiliza un “sistema de tracción permanente a las cuatro ruedas". Lo que quiere decir es que la tracción es, normalmente, delantera pero, cuando hace falta, puede ser total de forma automática. El coche lleva un diferencial central que, en realidad, es un embrague del tipo “par en demanda", es decir, que entrega fuerza al eje trasero cuando es preciso. Una unidad electrónica de control detecta el momento en que el eje delantero pierde motricidad y, entonces, conecta automáticamente el trasero para garantizar el agarre. Cuando las condiciones se normalizan, la tracción vuelve a ser delantera.
Además, pulsando un botón que va a la izquierda del volante, se puede conectar el eje trasero a voluntad y siempre que se circule muy despacio. Una vez en 4x4, es puede circular con un reparto de fuerza al 50 por ciento entre cada eje, pero no durante demasiado tiempo. Al superar los 40 km/h, la tracción vuelve progresivamente a ser delantera para evitar fricciones y esfuerzos excesivos.
En Kia esperan que la mayoría de las ventas sean de Sportage con esta tracción, pero también ofrecen la posibilidad de comprarlo con tracción únicamente delantera. Eso sí, sólo está disponible con el motor más pequeño, el dos litros de gasolina.
Más allá de eso, que nadie le pida maravillas trialeras. La falta de reductora hace que se le atraganten los obstáculos de dificultad media y, sin bloqueos en los ejes, maniobras como los cruces de puentes se tornan imposibles. En cambio, en carretera el coche funciona casi como un turismo. Es muy cómodo, muy confortable, y cabecea menos de lo que cabría esperar de un coche tan alto y con tanto recorrido de suspensión. Es verdad que se inclina mucho en las curvas, pero nos ha parecido un apoyo franco, sin tendencias muy evidentes.
Durante la breve toma de contacto que organizó Kia en Segovia, pudimos conducirlo por autopista, carretera nacional, carretera comarcal y campo a través. En todos los terrenos mostró un mismo rasgo dominante: la comodidad. Se puede adaptar mejor a unos que a otros, es menos agradable en carreteras con curvas rápidas y no se puede hacer “el cabra" con él, pero nunca defrauda en la tarea de llevar cómodamente a los pasajeros.
El bastidor se complementa con otros elementos que mejoran su eficacia, como el ESP, que se puede desconectar. Los frenos, por su parte, llevan discos delanteros ventilados de 280 mm, mientras que los traseros son macizos y miden 262 mm para el coche de dos ruedas motrices y 284 mm para los demás. Se ayudan con ABS y reparto de la fuerza de frenada EBD. En principio, nos han parecido muy correctos. Gracia a todo ello, Kia opta a cuatro estrellas en los test de choque de EuroNCAP.
En este contacto tuvimos ocasión de probar dos motores, el gasolina 2.7 V6 y el 2.0 CRDI, los dos mayores.
El turbodiésel, el que más se va a vender, según Kia, es un motor de 112 CV y un par máximo de 25 mkg a 1.800 rpm. Al volante, transmite una sensación demasiado bonancible. Le falta carácter para mover al Sportage con más agilidad. No es que sea malo, pues es agradable y noble, pero en carretera se echa en falta un poco más de chispa. En campo, en cambio, donde no hace falta tanta velocidad, saca partido de su mucho par a pocas vueltas para desenvolverse con cierta soltura.
Con alimentación por common rail, el motor tiene un tacto bastante suave y, lo mejor, un consumo muy contenido. En Kia hablan de 7,1 litros a los 100 km si se combina con la caja manual de cinco relaciones (la que probamos) y 8 litros con el cambio automático de 4 velocidades que se ofrece como opción. Por cierto, con desarrollos bastante bien escogidos, la caja de cambios da un buen rendimiento, pero no satisface nada su manejo: tiene un tacto espeso, con recorridos largos y confusos.
El motor V6 de 2.7 litros entrega 175 CV y un par motor de 24,6 mkg a 4.000 vueltas. Su consumo homologado es de 10 litros y, en este caso, sólo está disponible con una caja automática de cuatro relaciones que también permite el manejo secuencial. Nos ha parecido un motor que podía dar más de sí, porque 175 CV se antojan pocos para 2,7 litros de cilindrada. Sin embargo, responde con bastante brillantez. El Sportage, con este propulsor, ya es otra cosa: ágil, vivaz y rápido, mucho más capaz. La caja automática es muy clásica, con desarrollos largos y un comportamiento bastante bueno. Es rápida cuando sube marchas y, lo que es mejor, cambia con mucha suavidad. Ya no es tan veloz reduciendo, pero tampoco se puede decir que lo haga mal: habrá que esperar a probar el coche a fondo para realizar comentarios más precisos. Por último, el motor 2.0 de gasolina, que no tuvimos tiempo de utilizar, es una máquina de 142 CV y 18,8 mkg de par máximo. Lleva el sistema CVVT de ajuste continuo variable de la distribución, un mecanismo pensado para mejorar el rendimiento del motor ahorrando combustible. Es el mismo motor que utiliza, por ejemplo, el Kia Cerato.







