Kia Opirus 3.5 V6 EX

Ya no hace falta recurrir a las marcas alemanas para disfrutar de una berlina de lujo adaptada a los gustos europeos más clásicos. Kia da el salto y propone su Opirus.

Kia Opirus 3.5 V6 EX
Kia Opirus 3.5 V6 EX

Hasta hace poco nos costaba mucho hacernos a la idea de que un coche coreano podía rivalizar con los europeos en cuanto a calidad. Sin embargo, las firmas del sudeste asiático se han “puesto las pilas" y llevan ya algún tiempo enviando a nuestros mercados vehículos que, a precios muy competitivos, ofrecen materiales, acabados y, sobre todo, equipamientos de primera línea. Kia apostó fuerte con su todo terreno Sorento, que rivaliza con los grandes SUV de lujo alemanes.
Ahora sube el envite con el Opirus, una berlina de forma muy tradicionales y exquisito interior que cuesta “sólo" 35.000 euros.El reto de Kia es de envergadura. Tiene que ser capaz de atraer a un público que, históricamente, ha mirado a sus productos por encima del hombro. Además, tiene que competir con marcas y modelos que entienden el lujo como modo de vida. ¿Quién podrá con quién? ¿Se comerá el mercado al Opirus y sus “hermanos" coreanos o lograrán estos que las otras marcas entiendan que se puede vender la misma calidad por menos dinero?Lo primero que llama la atención en el Opirus es su imponente envergadura. Sus 4,97 metros de largo y sus formas abultadas y curvas hacen de este Kia un coche impresionante, de gran presencia y aspecto. El ojo “entrenado" rápidamente se da cuenta del peso que ha tenido en los diseñadores coreanos la angustia de las influencias: el morro del Opirus es un claro deudor de los diseños de Mercedes. Esa “inspiración" contribuye también a darle al Opirus un empaque inédito en los productos coreanos.Algunos detalles de cosecha propia sirven para dejar clara la diferencia estética, como, por ejemplo, los intermitentes delanteros, que son dos largas bandas que recorren la parte baja del frontal. También se ha cuidado mucho la imagen de los grupos ópticos traseros, en los que predominan las formas redondeadas.

Pero, si el exterior es sorprendente, el interior deslumbra. De puertas para adentro el Opirus es una especie de manifiesto a favor de la comodidad y el esplendor por un precio asequible. Nos recibe un derroche de cuero y símil de madera lacada que cubre casi todo el habitáculo. De hecho, apenas queda sitio para otros materiales. Los plásticos quedan relegados a algunas zonas del salpicadero y, la verdad, no son de buena calidad. Duros y poco cuidados, son de lo peor del coche. Tampoco es convincente el tablero de instrumentos. Los relojes, iluminados, se ven bien, pero el plástico que recubre el panel es tan oscuro que el sol se refleja muy mal en él e impide ver con claridad el resto de testigos y pilotos. Pero estos son prácticamente los únicos elementos del interior que desmerecen ante la buena tónica general.
El resto del habitáculo ofrece unas calidades que no tienen nada que envidiar a las de los coches más caros del mercado. Los materiales son de primera, los acabados se nos antojan impecables y los ajustes, exactos.En Kia han optado por una estética muy clásica pero sujeta a líneas bastante innovadoras. Así, el salpicadero y la consola central están dibujados en varios planos, de tal forma que el resultado final es un conjunto muy airoso, lleno de matices y facetas, que evita cualquier monotonía y permite dar una muy buena distribución a los mandos sobre el salpicadero.Además del mimo en la imagen, en Kia se han preocupado mucho por asegurar la comodidad de los pasajeros. Los asientos son buena muestra de ello, especialmente los delanteros. Son amplios, confortables, de mullido firme (quizá demasiado), calefactados y, por si fuera poco, reglajes eléctricos con los botones colocados en las puertas, un lugar donde resultan más fáciles de manejar que en los laterales de las banquetas. La única pega que se puede poner a estos asientos es la poca sujeción lateral que ofrecen.Las plazas traseras son igual de buenas, si no mejores. También llevan calefacción, son amplísimos y cuentan con salidas para la ventilación. El espacio que dejan libre para las piernas es, sin duda, de lo mejor de la categoría.
Un maletero colosal, de 555 litros de capacidad (y apertura desde el interior), pone la guinda a un habitáculo que apenas deja lugar a las críticas.

Y, como no todo ha de ser lujo, también hay interesantes concesiones a la practicidad: ahí están esas guanteras en el techo, las gavetas del salpicadero, el enorme cajón de dos huecos que va oculto en el reposabrazos delantero o, cómo no, la guantera del copiloto, que lleva varios cajoncitos independientes. Con todo, la gran baza de este coche es el equipamiento. Por 35.000 euros el Opirus incluye una dotación de serie que haría palidecer a los orgullosos rivales europeos.
A los asientos con reglajes eléctricos y calefacción, que ya hemos visto, se suman, siempre de serie, elementos como los airbags delanteros, laterales y de cabeza, el climatizador dual, equipo de sonido con cargador de CD y mandos en el volante, sensor de aparcamiento, techo practicable eléctrico… También se ofrece el navegador por satélite de serie, algo muy de agradecer. Sin embargo, el modelo probado se maneja con un mando a distancia, un verdadero engorro para que lo pueda utilizar el conductor.
Además, hay que citar elementos menos visibles pero igual de importantes: ABS, control de estabilidad, control de tracción, control de velocidad de crucero, llantas de aleación de 17 pulgadas, pintura metalizada… La verdad es que, por lo que cuesta el Opirus, es muy difícil encontrar coches de semejante nivel de confort, con este empaque y, mucho menos, con este equipamiento incluido. Un vehículo que viene a romper muchos prejuicios y a dejar claro que otro mundo es posible, al menos en lo que a berlinas de lujo se refiere.Hasta hace poco nos costaba mucho hacernos a la idea de que un coche coreano podía rivalizar con los europeos en cuanto a calidad. Sin embargo, las firmas del sudeste asiático se han “puesto las pilas" y llevan ya algún tiempo enviando a nuestros mercados vehículos que, a precios muy competitivos, ofrecen materiales, acabados y, sobre todo, equipamientos de primera línea. Kia apostó fuerte con su todo terreno Sorento, que rivaliza con los grandes SUV de lujo alemanes.
Ahora sube el envite con el Opirus, una berlina de forma muy tradicionales y exquisito interior que cuesta “sólo" 35.000 euros.El reto de Kia es de envergadura. Tiene que ser capaz de atraer a un público que, históricamente, ha mirado a sus productos por encima del hombro. Además, tiene que competir con marcas y modelos que entienden el lujo como modo de vida. ¿Quién podrá con quién? ¿Se comerá el mercado al Opirus y sus “hermanos" coreanos o lograrán estos que las otras marcas entiendan que se puede vender la misma calidad por menos dinero?Lo primero que llama la atención en el Opirus es su imponente envergadura. Sus 4,97 metros de largo y sus formas abultadas y curvas hacen de este Kia un coche impresionante, de gran presencia y aspecto. El ojo “entrenado" rápidamente se da cuenta del peso que ha tenido en los diseñadores coreanos la angustia de las influencias: el morro del Opirus es un claro deudor de los diseños de Mercedes. Esa “inspiración" contribuye también a darle al Opirus un empaque inédito en los productos coreanos.Algunos detalles de cosecha propia sirven para dejar clara la diferencia estética, como, por ejemplo, los intermitentes delanteros, que son dos largas bandas que recorren la parte baja del frontal. También se ha cuidado mucho la imagen de los grupos ópticos traseros, en los que predominan las formas redondeadas.

Pero, si el exterior es sorprendente, el interior deslumbra. De puertas para adentro el Opirus es una especie de manifiesto a favor de la comodidad y el esplendor por un precio asequible. Nos recibe un derroche de cuero y símil de madera lacada que cubre casi todo el habitáculo. De hecho, apenas queda sitio para otros materiales. Los plásticos quedan relegados a algunas zonas del salpicadero y, la verdad, no son de buena calidad. Duros y poco cuidados, son de lo peor del coche. Tampoco es convincente el tablero de instrumentos. Los relojes, iluminados, se ven bien, pero el plástico que recubre el panel es tan oscuro que el sol se refleja muy mal en él e impide ver con claridad el resto de testigos y pilotos. Pero estos son prácticamente los únicos elementos del interior que desmerecen ante la buena tónica general.
El resto del habitáculo ofrece unas calidades que no tienen nada que envidiar a las de los coches más caros del mercado. Los materiales son de primera, los acabados se nos antojan impecables y los ajustes, exactos.En Kia han optado por una estética muy clásica pero sujeta a líneas bastante innovadoras. Así, el salpicadero y la consola central están dibujados en varios planos, de tal forma que el resultado final es un conjunto muy airoso, lleno de matices y facetas, que evita cualquier monotonía y permite dar una muy buena distribución a los mandos sobre el salpicadero.Además del mimo en la imagen, en Kia se han preocupado mucho por asegurar la comodidad de los pasajeros. Los asientos son buena muestra de ello, especialmente los delanteros. Son amplios, confortables, de mullido firme (quizá demasiado), calefactados y, por si fuera poco, reglajes eléctricos con los botones colocados en las puertas, un lugar donde resultan más fáciles de manejar que en los laterales de las banquetas. La única pega que se puede poner a estos asientos es la poca sujeción lateral que ofrecen.Las plazas traseras son igual de buenas, si no mejores. También llevan calefacción, son amplísimos y cuentan con salidas para la ventilación. El espacio que dejan libre para las piernas es, sin duda, de lo mejor de la categoría.
Un maletero colosal, de 555 litros de capacidad (y apertura desde el interior), pone la guinda a un habitáculo que apenas deja lugar a las críticas.

Y, como no todo ha de ser lujo, también hay interesantes concesiones a la practicidad: ahí están esas guanteras en el techo, las gavetas del salpicadero, el enorme cajón de dos huecos que va oculto en el reposabrazos delantero o, cómo no, la guantera del copiloto, que lleva varios cajoncitos independientes. Con todo, la gran baza de este coche es el equipamiento. Por 35.000 euros el Opirus incluye una dotación de serie que haría palidecer a los orgullosos rivales europeos.
A los asientos con reglajes eléctricos y calefacción, que ya hemos visto, se suman, siempre de serie, elementos como los airbags delanteros, laterales y de cabeza, el climatizador dual, equipo de sonido con cargador de CD y mandos en el volante, sensor de aparcamiento, techo practicable eléctrico… También se ofrece el navegador por satélite de serie, algo muy de agradecer. Sin embargo, el modelo probado se maneja con un mando a distancia, un verdadero engorro para que lo pueda utilizar el conductor.
Además, hay que citar elementos menos visibles pero igual de importantes: ABS, control de estabilidad, control de tracción, control de velocidad de crucero, llantas de aleación de 17 pulgadas, pintura metalizada… La verdad es que, por lo que cuesta el Opirus, es muy difícil encontrar coches de semejante nivel de confort, con este empaque y, mucho menos, con este equipamiento incluido. Un vehículo que viene a romper muchos prejuicios y a dejar claro que otro mundo es posible, al menos en lo que a berlinas de lujo se refiere.

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