Honda Civic Type-R

Se nos cansará antes el pie de pisar el acelerador, que su motor de subir de vueltas. Cuando otros coches desfallecen, el Civic Type-R, gracias a su motor 2 litros de aluminio y distribución variable, sólo acaba de empezar a animarse. Cambia como un rayo, zigzaguea con un aplomo bestial y su precio no se dispara hasta las nubes. A cambio, es un modelo radical de suspensiones y mucho más caro que un Civic normal.

Honda Civic Type-R
Honda Civic Type-R

Nada más girar la llave de contacto el Civic Type-R ya avisa que viene dispuesto a armar mucha guerra. Acelera de manera bestial (pasa de 0 a 100 km/h en 7,31 segundos; 6,8, según la marca) y empuja con todo vigor desde muy abajo del cuentarrevoluciones. Eso sí, la sorpresa llega más tarde. Da su do de pecho a partir de las 7.400 vueltas y se mantiene sin inmutarse hasta las 8.000 revoluciones. Todo un agravio comparativo, ya que este Honda empieza a entrar en calor mientras que otros coches también de tinte deportivo ya andan resoplando. Su verdadero espíritu, un motor de 2 litros de aluminio con 4 válvulas por cilindro, consigue nada menos que 200 CV gracias al sistema de distribución variable i-VTEC, que modifica el funcionamiento del mismo abriendo o cerrando las válvulas según el régimen de giro y la carga o presión a la que lo sometamos.

Sus números son sorprendentes, pero no muestran con suficiente claridad las sensaciones que este modelo transmite a su conductor. El ronroneo, la facilidad con la que sube de vueltas, el tacto de aluminio del cambio, la sujección de los asientos… Pero, vayamos por partes. Los pilotos profesionales afirman que deben "sentir" sus vehículos para poder conducirlos. En el Type-R esta misión la lleva a cabo sus suspensiones: con una amortiguación muy dura, transmiten a la perfección cómo afronta el coche cada recobeco del camino. Tan apegado al asfalto - obviamente está diseñado para una conducción deportiva -, este Honda se muestra muy despierto a la hora de tomar las curvas, una característica que su rápida dirección se encarga de incrementar. Tiene fuerza de sobra para superar cualquier repecho o realizar cualquier adelantamiento, sea cual sea la marcha en la que nos encontremos. A nada que nos descuidemos, el Type-R se estará moviendo por encima de las 5.000 vueltas sin dar ninguna muestra de cansancio. Así, tendremos que echar mano del cambio constantemente.

Ubicado en el salpicadero, a unos centímetros del volante, la palanca de seis relaciones tiene un recorrido muy corto y rápido, pero hay que ser muy precisos para insertar las marchas. La dirección también puede llegar a sorprendernos, ya que basta insinuar un movimiento para que el vehículo tome como una flecha el camino señalado. Además, no podemos olvidar que llevamos bajo el capó toda una manada de caballos que rugen por salir hacia fuera.

Una vez tomadas las riendas, la sensación de aplomo y control es pasmosa. Monta unos potentes frenos (discos ventilados de 300 mm delante y macizos de 260 mm detrás), cuyo tacto es impecable y permiten dosificar la frenada casi milimétricamente, aunque, en caso de necesidad, también pueden ser muy contundentes (según nuestro banco de pruebas, el coche lanzado a 100 km/h se frena en 36 metros, unas cifras más que presentables).

Al igual que el motor, los frenos también son incansables y cuentan con el respaldo del ABS, aunque no posee control de estabilidad y de tracción, elementos que en esta versión no se encuentran disponibles ni como opción y sí se montan en muchos de sus rivales.