Ford Focus 1.6 TDCI Sport

La esperada segunda generación del Focus no nos ha decepcionado. Motor potente y frugal y comportamiento de primera son sus virtudes. Descúbrelas

Ford Focus 1.6 TDCI Sport
Ford Focus 1.6 TDCI Sport

Mucho se esperaba del nuevo Focus, pues la anterior generación había supuesto un auténtico hito en ventas y aceptación por parte del público. Segundas partes nunca fueron buenas, afirma el dicho, pero aquí la sabiduría popular se equivoca, pues este Focus II es mejor que el anterior en todos los sentidos.Cuando llegó a nuestra redacción el nuevo Focus, los comentarios comenzaron a surgir espontáneamente. “¿Qué tal?", “¿Cómo va?", “A mi me gusta más el diseño del antiguo", ¿Y de precio?. Todos estábamos deseando ponernos al volante de este modelo, que siempre está en las quinielas de aquel que quiere comprarse un coche.“Antonio, lo pruebas tú. Y lo quiero escrito para ya", las palabras de mi director técnico me sonaron a gloria. Probar todo tipo de coches es apasionante, pero todos tenemos nuestro corazoncito y el nuevo Focus “tiraba" mucho. La unidad que hemos sometido a examen era un 1.6 TDCI de 109 CV oficiales, una de las más atractivas de la gama inicial, pues reúne el atractivo de ser un Diesel, tan de moda en el mercado español, con una potencia suficiente y un precio bastante atractivo, sobre todo con el descuento promocional que ofrece la marca en estos momentos y que asciende a 1.700 euros. Desde fuera el diseño no es demasiado diferente al del ya “antiguo" Focus aunque queda claro que no son el mismo automóvil. A ver si me explico, si colocamos juntos al Focus I y al Focus II, las diferencias saltan a la vista. Es más largo (19 centímetros más) y más ancho (14 centímetros más) y su estética es, por decirlo así, más contundente, como queriendo transmitir una mayor dureza. Sin embargo, en movimiento las similitudes son más patentes, sobre todo para el público poco experto que lo ve pasar. En el resto de cuestiones estéticas no entro, pero cabe reseñar un dato, que, aunque carece de valor estadístico, es significativo: todos los dueños del anterior Focus que te preguntan sobre el nuevo prefieren el diseño de su coche. Lo contrario, sin embargo, sucede cuando nos adentramos en el interior. En este apartado el aumento de la calidad visual y efectiva es sensible y así lo reconoce todo el mundo. Es un diseño más limpio y ordenado y se observan mejores materiales, superándose la imagen un poco desfasada de la anterior generación. Todo mejor y más ergonómico, excepto una salvedad: la desaparición del botón de apertura remota del maletero no nos termina de convencer, pues permite a los amigos de lo ajeno abrir este espacio desde fuera y sustraer lo que transportemos sin tener que usar la llave Decíamos antes que el Focus ha crecido en la mayoría de sus dimensiones (a excepción de la altura, que es la misma: 1,44 metros), pero, ¿lo ha hecho simultáneamente en su habitabilidad? La respuesta es no. Las mediciones realizadas por nuestro Centro Técnico muestran que aumenta ligeramente el espacio para las piernas en las plazas traseras (entre uno y tres centímetros), aunque en esta zona se pierde anchura en la zona de los hombros (cuatro centímetros) y bastante altura (hasta siete centímetros). Esta disminución de espacio efectivo tiene un culpable claro: el diseño. La caída de la línea trasera, para aumentar su aire coupé se paga y la pagan los pasajeros. De todos modos, dos personas viajarán con total comodidad en la zona trasera, aunque si superamos el 1,90 lo pasaremos algo peor. Las plazas delanteras ganan desahogo en anchura, pero la altura respecto al techo es algo menor, aunque no es una reducción sensible. El maletero, por último, también se ve afectado y se queda en los 310 litros con rueda de repuesto convencional y alcanza los 420 litros con rueda de galleta. Mi sensación al sentarme en el habitáculo es que los asientos, de tacto deportivo en esta versión Sport, son cómodos a la par que sujetan muy bien el cuerpo. Los mandos y la palanca de cambios están muy a mano y se manejan con total soltura. Ésta última ofrece un tacto de primera, a pesar de que hay que ser muy preciso a la hora de realizar las inserciones, sobre todo cuando pasamos de segunda a tercera. Los recorridos son cortos y esto se agradece a la hora de realizar una conducción deportiva.Mucho se esperaba del nuevo Focus, pues la anterior generación había supuesto un auténtico hito en ventas y aceptación por parte del público. Segundas partes nunca fueron buenas, afirma el dicho, pero aquí la sabiduría popular se equivoca, pues este Focus II es mejor que el anterior en todos los sentidos.Cuando llegó a nuestra redacción el nuevo Focus, los comentarios comenzaron a surgir espontáneamente. “¿Qué tal?", “¿Cómo va?", “A mi me gusta más el diseño del antiguo", ¿Y de precio?. Todos estábamos deseando ponernos al volante de este modelo, que siempre está en las quinielas de aquel que quiere comprarse un coche.“Antonio, lo pruebas tú. Y lo quiero escrito para ya", las palabras de mi director técnico me sonaron a gloria. Probar todo tipo de coches es apasionante, pero todos tenemos nuestro corazoncito y el nuevo Focus “tiraba" mucho. La unidad que hemos sometido a examen era un 1.6 TDCI de 109 CV oficiales, una de las más atractivas de la gama inicial, pues reúne el atractivo de ser un Diesel, tan de moda en el mercado español, con una potencia suficiente y un precio bastante atractivo, sobre todo con el descuento promocional que ofrece la marca en estos momentos y que asciende a 1.700 euros. Desde fuera el diseño no es demasiado diferente al del ya “antiguo" Focus aunque queda claro que no son el mismo automóvil. A ver si me explico, si colocamos juntos al Focus I y al Focus II, las diferencias saltan a la vista. Es más largo (19 centímetros más) y más ancho (14 centímetros más) y su estética es, por decirlo así, más contundente, como queriendo transmitir una mayor dureza. Sin embargo, en movimiento las similitudes son más patentes, sobre todo para el público poco experto que lo ve pasar. En el resto de cuestiones estéticas no entro, pero cabe reseñar un dato, que, aunque carece de valor estadístico, es significativo: todos los dueños del anterior Focus que te preguntan sobre el nuevo prefieren el diseño de su coche. Lo contrario, sin embargo, sucede cuando nos adentramos en el interior. En este apartado el aumento de la calidad visual y efectiva es sensible y así lo reconoce todo el mundo. Es un diseño más limpio y ordenado y se observan mejores materiales, superándose la imagen un poco desfasada de la anterior generación. Todo mejor y más ergonómico, excepto una salvedad: la desaparición del botón de apertura remota del maletero no nos termina de convencer, pues permite a los amigos de lo ajeno abrir este espacio desde fuera y sustraer lo que transportemos sin tener que usar la llave Decíamos antes que el Focus ha crecido en la mayoría de sus dimensiones (a excepción de la altura, que es la misma: 1,44 metros), pero, ¿lo ha hecho simultáneamente en su habitabilidad? La respuesta es no. Las mediciones realizadas por nuestro Centro Técnico muestran que aumenta ligeramente el espacio para las piernas en las plazas traseras (entre uno y tres centímetros), aunque en esta zona se pierde anchura en la zona de los hombros (cuatro centímetros) y bastante altura (hasta siete centímetros). Esta disminución de espacio efectivo tiene un culpable claro: el diseño. La caída de la línea trasera, para aumentar su aire coupé se paga y la pagan los pasajeros. De todos modos, dos personas viajarán con total comodidad en la zona trasera, aunque si superamos el 1,90 lo pasaremos algo peor. Las plazas delanteras ganan desahogo en anchura, pero la altura respecto al techo es algo menor, aunque no es una reducción sensible. El maletero, por último, también se ve afectado y se queda en los 310 litros con rueda de repuesto convencional y alcanza los 420 litros con rueda de galleta. Mi sensación al sentarme en el habitáculo es que los asientos, de tacto deportivo en esta versión Sport, son cómodos a la par que sujetan muy bien el cuerpo. Los mandos y la palanca de cambios están muy a mano y se manejan con total soltura. Ésta última ofrece un tacto de primera, a pesar de que hay que ser muy preciso a la hora de realizar las inserciones, sobre todo cuando pasamos de segunda a tercera. Los recorridos son cortos y esto se agradece a la hora de realizar una conducción deportiva.