Daewoo Tacuma 2.0 CDX

Con un precio tan ajustado como el que presenta el Tacuma (2.775.000 pesetas), pocas familias tendrán excusa para no invertir en un monovolumen que les permitirá desplazarse con total comodidad en cualquiera de sus viajes. A pesar de que algunos detalles desmerecen la sensación del conjunto, Daewoo ha conseguido un vehículo capaz de competir con muy buenos argumentos en el reñido segmento de los monovolúmenes compactos.

Daewoo Tacuma 2.0 CDX
Daewoo Tacuma 2.0 CDX

El Tacuma representa una buena opción para todas aquellas familias que estén pensando en hacerse con un monovolumen para sus desplazamientos. Con uno de los precios más bajo de entre sus rivales (si bien es cierto que otros modelos del mismo tipo, como el Mitsubishi Space Star, el Kia Carens, el Hyundai Matrix o el Mazda Premacy, son más baratos), resulta la mejor alternativa dentro de su gama, ya que la diferencia respecto al motor de menor cilindrada (1.600 cc) es sólo de 400.000 pesetas y merece la pena contar con las prestaciones que ofrece el propulsor 2.0.

La diferencia entre las aceleraciones, recuperaciones y consumos anunciados y los reales es muy pequeña, por lo que las sensaciones que esperan al conductor de este Daewoo deberían acercarse bastante a las que declara la marca. Sin embargo, los 120 CV que desarrolla este motor crean unas expectativas que no se corresponden del todo con el comportamiento del vehículo.

Un cambio de desarrollos largos dificulta la tarea de imprimir ritmo al Tacuma, un poco perezoso en las recuperaciones, aunque hay que tener en cuenta que el peso (superior a los 1.300 kg) y la aerodinámica penalizan este apartado.

Aun así, los trayectos por autopista resultan bastante agradables, exceptuando el sonido del motor, muy ronco y demasiado alto (69,4 Db a 120 km/h), lo que resta confort a los ocupantes del habitáculo. Además, éstos sufrirán las consecuencias de una suspensión demasiado blanda (incluso para este tipo de vehículo), que provoca que el Tacuma se incline en exceso al tomar cualquier curva.

Lógicamente, este problema se acentúa en carreteras de montaña. Aunque en este terreno se agradece la suavidad de la dirección, las suspensiones ensombrecen la actuación del coche, pues hacen que pierda efectividad y, al frenar, provocan balanceos en la carrocería, lo que hace que disminuya la sensación de seguridad.

Los movimientos del vehículo no será lo único que note el conductor al pisar el pedal del freno, ya que éste tiene un tacto algo raro: muy suave hasta la mitad del recorrido y muy brusco después, ya que entrega toda la frenada de golpe. Esto alarga la distancia de detención, aunque, una vez el coche empieza a pararse, lo hace en seco, por lo que sólo es cuestión de acostumbrarse al funcionamiento del freno (o de comenzar a frenar un poco antes de lo que lo haríamos habitualmente) para que no nos veamos metidos en ninguna situación comprometida.