Contacto: Honda Jazz 1.2 i-DSI

Un diseño muy seductor, un motor básico pero ahorrador, un interior que puede hacerse casi diáfano y una ergonomía bien estudiada hacen del Jazz una opción de compra llena de atractivos para el público de los llamados polivalentes.

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Viene de Japón, donde Honda lo fabrica y lo ha puesto a la venta con el nombre de Fit, reemplazando al Logo. En el país del Sol Naciente, además, se comercializa no sólo con el motor 1.2 y cambio manual de 5 velocidades, como ocurre en España, sino, además, con motor 1.4 y transmisión automática. Cuatro posibilidades en lugar de una. En nuestro país, se llama Jazz y se empieza a vender el 15 de abril a un precio de 13.800 euros (cerca de 2,3 millones de pesetas). Ese será, quizás, el único pero que le pongamos al coche, porque es justo el dato que sitúa al modelo de Honda en cierta desventaja respecto a sus rivales. ¿Es algo buscado por la propia marca?. Eso, sin contar con otra incógnita: si tenían que traer una sola motorización, ¿por qué no el motor 1.4 en lugar del 1.2? ¿Tienen miedo de no poder dar abasto, de colapsar su red de concesionarios, de no alcanzar sus actuales niveles de rentabilidad e intentan así limitar los pedidos? Responder afirmativamente no sería descabellado, porque, con un motor algo más potente y con un precio realmente competitivo, este Jazz estaría sin duda en la lista de los superventas. De momento, el departamento de Márketing de Honda prevé unas ventas anuales de 1.000 unidades en España. En Japón, se esperan vender 8.000 unidades mensuales hasta que se halle plenamente implantado (calculan que eso sucederá en agosto próximo).

Por fuera, el Jazz es resultón al primer golpe de vista; al analizar en detalle sus formas, conquista. Su delantera se muestra corta, achatada (el efecto “short nose", lo llaman en Honda), prolongada hacia arriba en una línea aerodinámica que, con una ligera nervadura que atraviesa el capó, se inclina elevándose hasta el techo y acaba cayendo en la trasera, con una luneta suficientemente amplia para garantizar una buena visibilidad desde el interior, grupos ópticos vistosos y faldón integrado. En el interior, la belleza del exterior se transforma en espacio, la verdadera baza del Jazz, pero el atractivo no desaparece. La consola central, con tonos grises mate, y el panel de instrumentos, de color aluminio, ponen el tinte deportivo. Desde el puesto de conducción (configurable gracias a la regulación en altura del volante y el asiento), todo está cercano y accesible, aunque, en la información que proporcionan los relojes, los tres –cuentarrevoluciones, velocímetro e indicador de combustible- bien visibles, se echa de menos algún dato, como la temperatura o el nivel de aceite. El asiento, bien diseñado, el tacto del volante, más que agradable, y la palanca del cambio, correcta y de pomo redondo, terminan de dotar al puesto de conducción de todo el confort necesario para disfrutar de la conducción. Por todos lados hay huecos donde dejar objetos, la guantera consta de dos pisos y el cenicero es “portátil", ya que consiste en un cilindro con tapa que se puede acomodar en diferentes huecos o, si uno ha optado por la salud, prescindir de él.