Contacto: Ford Fiesta 2002

Si los compactos han sufrido una verdadera revolución de formas y espacio interior, los utilitarios no son menos de cara al año próximo, por lo menos en cuanto a renovación se refiere. Al Volkswagen Polo y al Seat Ibiza le sigue ahora el Ford Fiesta. Este último sólo ha vivido tiempos buenos en la primera edición, aunque ahora si recibe una merecida sucesión, de la que sólo conserva el nombre, con un gran arraigo en los mercados europeos.

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El verdadero éxito del Ford Fiesta estuvo en su primera versión, hace ahora más de 25 años. Después, sólo se ha mantenido en el mercado sin ofrecer mucho más que la competencia en los utilitarios de su segmento, que siempre han estado por delante en diseño, prestaciones, etc. De hecho, la participación de mercado en el segmento B por parte del Fiesta actual es menor a un 6 por ciento, lo que, en teoría, deberá cambiar, y mucho, el próximo año.

Ahora, el Fiesta, que se empezará a vender a mediados de 2002, recibe por fin el salto cualitativo que el modelo estaba pidiendo a gritos y que, incomprensiblemente para el consumidor, no llegaba.

Para Ford, el espejo donde mirarse ha sido el Focus a la hora de hacer el nuevo Fiesta, aunque, en principio, le faltan algunas cosas para asemejarse de verdad a su hermano mayor, como una suspensión trasera independiente de la misma efectividad del Focus, por ejemplo. La estética interior, por otra parte, es más conservadora, aunque no exenta de mejoras ergonómicas y prácticas, como las cuatro salidas de la calefacción. En el salpicadero, por ejemplo, se ha incorporado un botón para abrir el portón trasero, mucho mejor ubicado que en la puerta del conductor, como se acostumbra en muchos coches modernos. También se han utilizado algunos mandos del Focus/Mondeo, como los de las palancas del parabrisas, luces e intermitentes. Incluso, algunas versiones contarán con control de la radio colocada detrás del volante y situado a la izquierda, aunque en una posición muy baja e incómoda para ser accionada por la mano y con mucha probabilidad de que sea golpeada con la rodilla izquierda del conductor.

La estética nada tiene ver con las anteriores generaciones del modelo; incluso no tiene una estética similar de carrocería –más baja y con aspecto más ancho– como la tiene el Seat Ibiza, Peugeot 206, Opel Corsa o Fiat Punto, por ejemplo. No existe la típica continuidad que suele darse en modelos del mismo nombre. Y ello es para mejor.

El verdadero éxito del Ford Fiesta estuvo en su primera versión, hace ahora más de 25 años. Después, sólo se ha mantenido en el mercado sin ofrecer mucho más que la competencia en los utilitarios de su segmento, que siempre han estado por delante en diseño, prestaciones, etc. De hecho, la participación de mercado en el segmento B por parte del Fiesta actual es menor a un 6 por ciento, lo que, en teoría, deberá cambiar, y mucho, el próximo año.

Ahora, el Fiesta, que se empezará a vender a mediados de 2002, recibe por fin el salto cualitativo que el modelo estaba pidiendo a gritos y que, incomprensiblemente para el consumidor, no llegaba.

Para Ford, el espejo donde mirarse ha sido el Focus a la hora de hacer el nuevo Fiesta, aunque, en principio, le faltan algunas cosas para asemejarse de verdad a su hermano mayor, como una suspensión trasera independiente de la misma efectividad del Focus, por ejemplo. La estética interior, por otra parte, es más conservadora, aunque no exenta de mejoras ergonómicas y prácticas, como las cuatro salidas de la calefacción. En el salpicadero, por ejemplo, se ha incorporado un botón para abrir el portón trasero, mucho mejor ubicado que en la puerta del conductor, como se acostumbra en muchos coches modernos. También se han utilizado algunos mandos del Focus/Mondeo, como los de las palancas del parabrisas, luces e intermitentes. Incluso, algunas versiones contarán con control de la radio colocada detrás del volante y situado a la izquierda, aunque en una posición muy baja e incómoda para ser accionada por la mano y con mucha probabilidad de que sea golpeada con la rodilla izquierda del conductor.

La estética nada tiene ver con las anteriores generaciones del modelo; incluso no tiene una estética similar de carrocería –más baja y con aspecto más ancho– como la tiene el Seat Ibiza, Peugeot 206, Opel Corsa o Fiat Punto, por ejemplo. No existe la típica continuidad que suele darse en modelos del mismo nombre. Y ello es para mejor.

El verdadero éxito del Ford Fiesta estuvo en su primera versión, hace ahora más de 25 años. Después, sólo se ha mantenido en el mercado sin ofrecer mucho más que la competencia en los utilitarios de su segmento, que siempre han estado por delante en diseño, prestaciones, etc. De hecho, la participación de mercado en el segmento B por parte del Fiesta actual es menor a un 6 por ciento, lo que, en teoría, deberá cambiar, y mucho, el próximo año.

Ahora, el Fiesta, que se empezará a vender a mediados de 2002, recibe por fin el salto cualitativo que el modelo estaba pidiendo a gritos y que, incomprensiblemente para el consumidor, no llegaba.

Para Ford, el espejo donde mirarse ha sido el Focus a la hora de hacer el nuevo Fiesta, aunque, en principio, le faltan algunas cosas para asemejarse de verdad a su hermano mayor, como una suspensión trasera independiente de la misma efectividad del Focus, por ejemplo. La estética interior, por otra parte, es más conservadora, aunque no exenta de mejoras ergonómicas y prácticas, como las cuatro salidas de la calefacción. En el salpicadero, por ejemplo, se ha incorporado un botón para abrir el portón trasero, mucho mejor ubicado que en la puerta del conductor, como se acostumbra en muchos coches modernos. También se han utilizado algunos mandos del Focus/Mondeo, como los de las palancas del parabrisas, luces e intermitentes. Incluso, algunas versiones contarán con control de la radio colocada detrás del volante y situado a la izquierda, aunque en una posición muy baja e incómoda para ser accionada por la mano y con mucha probabilidad de que sea golpeada con la rodilla izquierda del conductor.

La estética nada tiene ver con las anteriores generaciones del modelo; incluso no tiene una estética similar de carrocería –más baja y con aspecto más ancho– como la tiene el Seat Ibiza, Peugeot 206, Opel Corsa o Fiat Punto, por ejemplo. No existe la típica continuidad que suele darse en modelos del mismo nombre. Y ello es para mejor.

El verdadero éxito del Ford Fiesta estuvo en su primera versión, hace ahora más de 25 años. Después, sólo se ha mantenido en el mercado sin ofrecer mucho más que la competencia en los utilitarios de su segmento, que siempre han estado por delante en diseño, prestaciones, etc. De hecho, la participación de mercado en el segmento B por parte del Fiesta actual es menor a un 6 por ciento, lo que, en teoría, deberá cambiar, y mucho, el próximo año.

Ahora, el Fiesta, que se empezará a vender a mediados de 2002, recibe por fin el salto cualitativo que el modelo estaba pidiendo a gritos y que, incomprensiblemente para el consumidor, no llegaba.

Para Ford, el espejo donde mirarse ha sido el Focus a la hora de hacer el nuevo Fiesta, aunque, en principio, le faltan algunas cosas para asemejarse de verdad a su hermano mayor, como una suspensión trasera independiente de la misma efectividad del Focus, por ejemplo. La estética interior, por otra parte, es más conservadora, aunque no exenta de mejoras ergonómicas y prácticas, como las cuatro salidas de la calefacción. En el salpicadero, por ejemplo, se ha incorporado un botón para abrir el portón trasero, mucho mejor ubicado que en la puerta del conductor, como se acostumbra en muchos coches modernos. También se han utilizado algunos mandos del Focus/Mondeo, como los de las palancas del parabrisas, luces e intermitentes. Incluso, algunas versiones contarán con control de la radio colocada detrás del volante y situado a la izquierda, aunque en una posición muy baja e incómoda para ser accionada por la mano y con mucha probabilidad de que sea golpeada con la rodilla izquierda del conductor.

La estética nada tiene ver con las anteriores generaciones del modelo; incluso no tiene una estética similar de carrocería –más baja y con aspecto más ancho– como la tiene el Seat Ibiza, Peugeot 206, Opel Corsa o Fiat Punto, por ejemplo. No existe la típica continuidad que suele darse en modelos del mismo nombre. Y ello es para mejor.

El verdadero éxito del Ford Fiesta estuvo en su primera versión, hace ahora más de 25 años. Después, sólo se ha mantenido en el mercado sin ofrecer mucho más que la competencia en los utilitarios de su segmento, que siempre han estado por delante en diseño, prestaciones, etc. De hecho, la participación de mercado en el segmento B por parte del Fiesta actual es menor a un 6 por ciento, lo que, en teoría, deberá cambiar, y mucho, el próximo año.

Ahora, el Fiesta, que se empezará a vender a mediados de 2002, recibe por fin el salto cualitativo que el modelo estaba pidiendo a gritos y que, incomprensiblemente para el consumidor, no llegaba.

Para Ford, el espejo donde mirarse ha sido el Focus a la hora de hacer el nuevo Fiesta, aunque, en principio, le faltan algunas cosas para asemejarse de verdad a su hermano mayor, como una suspensión trasera independiente de la misma efectividad del Focus, por ejemplo. La estética interior, por otra parte, es más conservadora, aunque no exenta de mejoras ergonómicas y prácticas, como las cuatro salidas de la calefacción. En el salpicadero, por ejemplo, se ha incorporado un botón para abrir el portón trasero, mucho mejor ubicado que en la puerta del conductor, como se acostumbra en muchos coches modernos. También se han utilizado algunos mandos del Focus/Mondeo, como los de las palancas del parabrisas, luces e intermitentes. Incluso, algunas versiones contarán con control de la radio colocada detrás del volante y situado a la izquierda, aunque en una posición muy baja e incómoda para ser accionada por la mano y con mucha probabilidad de que sea golpeada con la rodilla izquierda del conductor.

La estética nada tiene ver con las anteriores generaciones del modelo; incluso no tiene una estética similar de carrocería –más baja y con aspecto más ancho– como la tiene el Seat Ibiza, Peugeot 206, Opel Corsa o Fiat Punto, por ejemplo. No existe la típica continuidad que suele darse en modelos del mismo nombre. Y ello es para mejor.

El verdadero éxito del Ford Fiesta estuvo en su primera versión, hace ahora más de 25 años. Después, sólo se ha mantenido en el mercado sin ofrecer mucho más que la competencia en los utilitarios de su segmento, que siempre han estado por delante en diseño, prestaciones, etc. De hecho, la participación de mercado en el segmento B por parte del Fiesta actual es menor a un 6 por ciento, lo que, en teoría, deberá cambiar, y mucho, el próximo año.

Ahora, el Fiesta, que se empezará a vender a mediados de 2002, recibe por fin el salto cualitativo que el modelo estaba pidiendo a gritos y que, incomprensiblemente para el consumidor, no llegaba.

Para Ford, el espejo donde mirarse ha sido el Focus a la hora de hacer el nuevo Fiesta, aunque, en principio, le faltan algunas cosas para asemejarse de verdad a su hermano mayor, como una suspensión trasera independiente de la misma efectividad del Focus, por ejemplo. La estética interior, por otra parte, es más conservadora, aunque no exenta de mejoras ergonómicas y prácticas, como las cuatro salidas de la calefacción. En el salpicadero, por ejemplo, se ha incorporado un botón para abrir el portón trasero, mucho mejor ubicado que en la puerta del conductor, como se acostumbra en muchos coches modernos. También se han utilizado algunos mandos del Focus/Mondeo, como los de las palancas del parabrisas, luces e intermitentes. Incluso, algunas versiones contarán con control de la radio colocada detrás del volante y situado a la izquierda, aunque en una posición muy baja e incómoda para ser accionada por la mano y con mucha probabilidad de que sea golpeada con la rodilla izquierda del conductor.

La estética nada tiene ver con las anteriores generaciones del modelo; incluso no tiene una estética similar de carrocería –más baja y con aspecto más ancho– como la tiene el Seat Ibiza, Peugeot 206, Opel Corsa o Fiat Punto, por ejemplo. No existe la típica continuidad que suele darse en modelos del mismo nombre. Y ello es para mejor.

El verdadero éxito del Ford Fiesta estuvo en su primera versión, hace ahora más de 25 años. Después, sólo se ha mantenido en el mercado sin ofrecer mucho más que la competencia en los utilitarios de su segmento, que siempre han estado por delante en diseño, prestaciones, etc. De hecho, la participación de mercado en el segmento B por parte del Fiesta actual es menor a un 6 por ciento, lo que, en teoría, deberá cambiar, y mucho, el próximo año.

Ahora, el Fiesta, que se empezará a vender a mediados de 2002, recibe por fin el salto cualitativo que el modelo estaba pidiendo a gritos y que, incomprensiblemente para el consumidor, no llegaba.

Para Ford, el espejo donde mirarse ha sido el Focus a la hora de hacer el nuevo Fiesta, aunque, en principio, le faltan algunas cosas para asemejarse de verdad a su hermano mayor, como una suspensión trasera independiente de la misma efectividad del Focus, por ejemplo. La estética interior, por otra parte, es más conservadora, aunque no exenta de mejoras ergonómicas y prácticas, como las cuatro salidas de la calefacción. En el salpicadero, por ejemplo, se ha incorporado un botón para abrir el portón trasero, mucho mejor ubicado que en la puerta del conductor, como se acostumbra en muchos coches modernos. También se han utilizado algunos mandos del Focus/Mondeo, como los de las palancas del parabrisas, luces e intermitentes. Incluso, algunas versiones contarán con control de la radio colocada detrás del volante y situado a la izquierda, aunque en una posición muy baja e incómoda para ser accionada por la mano y con mucha probabilidad de que sea golpeada con la rodilla izquierda del conductor.

La estética nada tiene ver con las anteriores generaciones del modelo; incluso no tiene una estética similar de carrocería –más baja y con aspecto más ancho– como la tiene el Seat Ibiza, Peugeot 206, Opel Corsa o Fiat Punto, por ejemplo. No existe la típica continuidad que suele darse en modelos del mismo nombre. Y ello es para mejor.

El verdadero éxito del Ford Fiesta estuvo en su primera versión, hace ahora más de 25 años. Después, sólo se ha mantenido en el mercado sin ofrecer mucho más que la competencia en los utilitarios de su segmento, que siempre han estado por delante en diseño, prestaciones, etc. De hecho, la participación de mercado en el segmento B por parte del Fiesta actual es menor a un 6 por ciento, lo que, en teoría, deberá cambiar, y mucho, el próximo año.

Ahora, el Fiesta, que se empezará a vender a mediados de 2002, recibe por fin el salto cualitativo que el modelo estaba pidiendo a gritos y que, incomprensiblemente para el consumidor, no llegaba.

Para Ford, el espejo donde mirarse ha sido el Focus a la hora de hacer el nuevo Fiesta, aunque, en principio, le faltan algunas cosas para asemejarse de verdad a su hermano mayor, como una suspensión trasera independiente de la misma efectividad del Focus, por ejemplo. La estética interior, por otra parte, es más conservadora, aunque no exenta de mejoras ergonómicas y prácticas, como las cuatro salidas de la calefacción. En el salpicadero, por ejemplo, se ha incorporado un botón para abrir el portón trasero, mucho mejor ubicado que en la puerta del conductor, como se acostumbra en muchos coches modernos. También se han utilizado algunos mandos del Focus/Mondeo, como los de las palancas del parabrisas, luces e intermitentes. Incluso, algunas versiones contarán con control de la radio colocada detrás del volante y situado a la izquierda, aunque en una posición muy baja e incómoda para ser accionada por la mano y con mucha probabilidad de que sea golpeada con la rodilla izquierda del conductor.

La estética nada tiene ver con las anteriores generaciones del modelo; incluso no tiene una estética similar de carrocería –más baja y con aspecto más ancho– como la tiene el Seat Ibiza, Peugeot 206, Opel Corsa o Fiat Punto, por ejemplo. No existe la típica continuidad que suele darse en modelos del mismo nombre. Y ello es para mejor.