Citroën C5 2-0 HDI SX Break

El C5 entra en el terreno del familiar con cuatro versiones. La versión Diesel menos potente conjuga un precio inferior a los 4 millones de pesetas con los dos rasgos distintivos de que Citroën ha dotado a esta carrocería: un buen y funcional maletero y un consumo reducido.

Citroën C5 2.0 HDI SX Break
Citroën C5 2.0 HDI SX Break

La amplitud existente en la parte destinada a la carga tiene su continuidad en el habitáculo. Con 1,77 metros de anchura, el espacio interior al servicio de los pasajeros gana siete centímetros respecto a la berlina. Tres pasajeros viajan cómodamente en las plazas traseras sin tocarse los unos a los otros. Además, el área libre para las piernas es más que suficiente, 77 centímetros como mínimo. La firma francesa deja clara, así, la preeminencia otorgada a la holgura y el descanso de los ocupantes que tendrá en el confort de marcha un fiel reflejo. El mullido de los asientos corrobora esta intención. Tan sólo los reposacabezas dan la sensación de ser algo duros en comparación con el blando material de las banquetas y respaldos. El piloto también disfruta de una sensación de comodidad sin límites. Sin embargo, en su mayor virtud está también su único punto censurable. El mullido del asiento perjudica la posición de conducción, ya que el cuerpo se hunde en demasía. Un conductor de baja estatura se ve incapacitado para alcanzar con su vista el frontal del vehículo, lo cual proporciona cuando menos una sensación extraña. Ni la regulación en altura de la banqueta ni en profundidad del volante permiten solventar esta desventaja. La dotación de serie proporcionada en el acabado SX combina variados elementos de seguridad y de confort, sin entrar en detalles excesivamente suntuosos. Para ello habría que recurrir al Exclusive, hasta el momento sólo disponible con motor HDI de 2,2 litros y caja de cambios automática. La integración de los mandos de sistema de audio en el volante, la regulación de asientos y volante, ya reseñada, el climatizador, el cierre centralizado, los elevalunas eléctricos, entre otros, garantizan un mínimo de lujo más allá del sentido eminentemente práctico. De los elementos de seguridad, incluye todos los necesarios para un viaje placentero, aunque se echa de menos el control de estabilidad y de tracción, que sí está presente en las dos versiones Diesel superiores.

El interior se completa con un diseño atractivo con plásticos de calidad. En suma, una cabina cómoda, práctica y versátil que incluye el mínimo exigible a un familiar de estas características.

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