Citroën C5 2.0 HDI Exclusive

La nueva generación del C5 tiene mucho que ver con su antecesor, pues el modelo en sí no cambia, simplemente se estrenan motores Diesel, más equipamientos tecnológicos y nueva imagen.

Citroën C5 2.0 HDI Exclusive
Citroën C5 2.0 HDI Exclusive

En recorridos por grandes vías con buen trazado es por donde más nos ha gustado y también se defiende muy bien por carreteras bacheadas. No obstante, en zonas viradas no es la mejor opción si lo que te gusta es disfrutar al volante. Tiene un comportamiento seguro, pero bastante soso, pues no transmite apenas deportividad. La carrocería oscila, aunque no de manera ostensible, y cualquier intento de extraer algo de dinamismo del chasis es evitado con la entrada casi instantánea del control de estabilidad, un plus de seguridad pero que ahoga cualquier intento de diversión con el C5 y que también actúa demasiado, en nuestra opinión, en arrancadas. Por lo demás, tiene un comportamiento bastante franco y previsible, que no supondrá una dificultad para los conductores de cualquier nivel. Los frenos cumplen con solvencia en cuanto a las distancias de frenado pero no nos ha gustado demasiado su tacto, pues es impreciso y debemos hilar fino con la presión que ejercemos sobre el pedal, pues, si no pisamos con contundencia, el coche no frenará con la firmeza que deseamos, mientras que sí nos pasamos, el coche se clavará, con la consiguiente incomodidad para los ocupantes y el peligro para los coches que nos siguen. El modelo galo cuenta también en esta nueva generación con la ya conocida suspensión Hidractiva 3, que permite al conductor variar la altura de la carrocería. Mediante la pulsación de un botón, desciende con el fin de mejorar la capacidad de cargar el maletero o el acceso de pasajeros de cierta edad o con minusvalías físicas. Al igual que baja, la carrocería puede elevarse para afrontar cambios de rueda o pasos por pistas de tierra, el único límite está en la velocidad. A más de 40 km/h, se bajará de forma mecánica a su posición inicial.El motor que equipa esta versión es el 2.0 HDI de 136 CV, que sustituye a su homónimo de 110 CV que animaba la anterior generación. Este propulsor es de origen Ford-PSA y lo montan la mayoría de modelos medios y grandes de Ford, Peugeot y Citroën. Acoplado en este C5, ha entregado 145,3 CV y un par máximo de 37,2 mkg en el banco de rodillos de nuestro Centro Técnico. Estas dos cifras superan con holgura las mediciones oficiales (9 CV y 5 mkg más) y otorgan a la berlina de Citroën unas prestaciones más que suficientes. No es el modelo más rápido de su segmento, ni el más dinámico, pero cumple con lo esperado. Es un coche que consigue mantener unos cruceros bastante elevados y no tiene dificultad para mantenerlos. Peca de unos desarrollos algo largos, eso sí, aunque entendemos que este enfoque se hace para reducir el consumo y disminuir la sonoridad. En cuanto al primer apartado, el del consumo, se sitúa entre los mejores del segmento, con cifras que no superan en ningún momento los 10 litros. A lo más que se acerca es a los 9 litros, obtenidos por nuestro Centro Técnico en recorridos urbanos. A velocidades constantes de 120-110 km/h el gasto de gasóleo se sitúa en números muy bajos: 6,2 y 5,4 litros a los 100 km, respectivamente. Esta circunstancia, unida a un depósito de 66 litros, otorga a esta versión una autonomía media de unos 925 km. La habitabilidad de este C5, uno de los apartados que más se valora a la hora de la adquisición de una berlina de este tipo, es engañosa. Es un coche grande por fuera, pero, sin embargo, no es de los más “habitables" dentro del segmento. Es cierto que es el que ofrece más anchura en las plazas traseras, lo que le permite ser el más “cinco pasajeros" de entre sus rivales, pero no ofrece tanto espacio para las piernas como otros competidores, algo que sobre todo agradecen aquellos que superan el 1,80 metros. En definitiva, una opción muy atractiva para aquél conductor que valore el confort de marcha y vaya a realizar numerosos viajes largos con equipaje y pasajeros. Para los que prefieran un coche con un carácter más deportivo, deberá buscar entre sus rivales. En recorridos por grandes vías con buen trazado es por donde más nos ha gustado y también se defiende muy bien por carreteras bacheadas. No obstante, en zonas viradas no es la mejor opción si lo que te gusta es disfrutar al volante. Tiene un comportamiento seguro, pero bastante soso, pues no transmite apenas deportividad. La carrocería oscila, aunque no de manera ostensible, y cualquier intento de extraer algo de dinamismo del chasis es evitado con la entrada casi instantánea del control de estabilidad, un plus de seguridad pero que ahoga cualquier intento de diversión con el C5 y que también actúa demasiado, en nuestra opinión, en arrancadas. Por lo demás, tiene un comportamiento bastante franco y previsible, que no supondrá una dificultad para los conductores de cualquier nivel. Los frenos cumplen con solvencia en cuanto a las distancias de frenado pero no nos ha gustado demasiado su tacto, pues es impreciso y debemos hilar fino con la presión que ejercemos sobre el pedal, pues, si no pisamos con contundencia, el coche no frenará con la firmeza que deseamos, mientras que sí nos pasamos, el coche se clavará, con la consiguiente incomodidad para los ocupantes y el peligro para los coches que nos siguen. El modelo galo cuenta también en esta nueva generación con la ya conocida suspensión Hidractiva 3, que permite al conductor variar la altura de la carrocería. Mediante la pulsación de un botón, desciende con el fin de mejorar la capacidad de cargar el maletero o el acceso de pasajeros de cierta edad o con minusvalías físicas. Al igual que baja, la carrocería puede elevarse para afrontar cambios de rueda o pasos por pistas de tierra, el único límite está en la velocidad. A más de 40 km/h, se bajará de forma mecánica a su posición inicial.El motor que equipa esta versión es el 2.0 HDI de 136 CV, que sustituye a su homónimo de 110 CV que animaba la anterior generación. Este propulsor es de origen Ford-PSA y lo montan la mayoría de modelos medios y grandes de Ford, Peugeot y Citroën. Acoplado en este C5, ha entregado 145,3 CV y un par máximo de 37,2 mkg en el banco de rodillos de nuestro Centro Técnico. Estas dos cifras superan con holgura las mediciones oficiales (9 CV y 5 mkg más) y otorgan a la berlina de Citroën unas prestaciones más que suficientes. No es el modelo más rápido de su segmento, ni el más dinámico, pero cumple con lo esperado. Es un coche que consigue mantener unos cruceros bastante elevados y no tiene dificultad para mantenerlos. Peca de unos desarrollos algo largos, eso sí, aunque entendemos que este enfoque se hace para reducir el consumo y disminuir la sonoridad. En cuanto al primer apartado, el del consumo, se sitúa entre los mejores del segmento, con cifras que no superan en ningún momento los 10 litros. A lo más que se acerca es a los 9 litros, obtenidos por nuestro Centro Técnico en recorridos urbanos. A velocidades constantes de 120-110 km/h el gasto de gasóleo se sitúa en números muy bajos: 6,2 y 5,4 litros a los 100 km, respectivamente. Esta circunstancia, unida a un depósito de 66 litros, otorga a esta versión una autonomía media de unos 925 km. La habitabilidad de este C5, uno de los apartados que más se valora a la hora de la adquisición de una berlina de este tipo, es engañosa. Es un coche grande por fuera, pero, sin embargo, no es de los más “habitables" dentro del segmento. Es cierto que es el que ofrece más anchura en las plazas traseras, lo que le permite ser el más “cinco pasajeros" de entre sus rivales, pero no ofrece tanto espacio para las piernas como otros competidores, algo que sobre todo agradecen aquellos que superan el 1,80 metros. En definitiva, una opción muy atractiva para aquél conductor que valore el confort de marcha y vaya a realizar numerosos viajes largos con equipaje y pasajeros. Para los que prefieran un coche con un carácter más deportivo, deberá buscar entre sus rivales.