Citroën C4 Coupé 1.6 HDI 92 CV VTR 3p

Ya teníamos ganas de “echarle el guante" al nuevo Citroën C4, el coche que toma el relevo del superventas Xsara, uno de los mayores éxitos comerciales, y tecnológicos, de la historia de Citroën. Empezamos a desgranar la familia C4 por el Diesel más básico, un cumplidor y resultón 1.6 HDI de 92 CV.

Citroën C4 Coupé 1.6 HDI 92 CV VTR 3p
Citroën C4 Coupé 1.6 HDI 92 CV VTR 3p

Estábamos deseando probar el C4 porque es un coche que va a dar mucha guerra. Estamos seguros de ello.
El C4 sustituye en la gama de Citroën al Xsara, un acumulador de récords de ventas y también un coche que ha marcado durante muchos años una referencia importante en el siempre competido y complejo segmento de los compactos.

Pero, además, teníamos ganas de tener entre las manos este coche que tanta gente va a comprar para analizarlo con lupa. Citroën nos había dejado un poco a medias con el C3, que no era todo lo que espérabamos. Esa desilusión se mitigó en parte con el más correcto C2. Y por eso ahora teníamos ganas de ver qué era capaz de hacer la casa de los chevrones con su apuesta de masas, con un vehículo en el que descansa gran parte de la viabilidad de la empresa y en el que no se podían permitir fallos para no quedarse atrás. Ahora ya podemos decir que no nos han defraudado. El sabor de boca que deja el C4, a pesar de algunos errores de juventud, es más que satisfactorio. El C4 es el último en llegar entre los compactos más vendidos del mercado. Se presenta después de las renovaciones de Golf, Alfa 147, Audi A3, Ford Focus, Renault Mégane, Toyota Corolla, Honda Civic y Opel Astra, por citar a los más conocidos.Quizá por llegar por detrás de todos, ha sabido elegir y descartar lo mejor y lo peor de los demás. Así, en el plano estético, reinterpreta lo dicho por todas las demás marcas y propone una sorprendente estética que aúna lo tradicional y lo vanguardista, la tradición histórica de la firma y su más rabiosa cultura deportiva.

De esa mezcla de influencias surgen estas formas tan atractivas. El C4, sobre todo en esta configuración tres puertas, destaca por su inequívoco perfil de coupé. La línea del techo cae muy tendida, en un ángulo muy cerrado que se corta abruptamente en el grueso montante trasero, justo donde la zaga hace una especie de pico que es la parte más original y llamativa del coche. Ese pico de la zaga parte en dos la luna trasera, con un tramo inclinado y otro completamente vertical. El efecto óptico es sorprendente, pleno de deportividad, casi un falso alerón... Pero desde dentro es una tortura: el pliegue que hace la luna es un obstáculo incomodísimo para ver por el retrovisor interior. La vertiginosa caída del techo da como resultado unas largas ventanillas traseras que aprovechan muy bien los ángulos para dar al habitáculo la mayor superficie acristalada posible. Y eso que las plazas traseras tienen un cierto problema de espacio libre al techo, porque, como éste cae tan tendido, recorta mucho el hueco por arriba.

Por lo demás, hay algo en esa zaga que recuerda a los modelos de Citroën de los años 70, un aire de familiar que lleva la memoria hasta los viejos Tiburón, los DS... Pero si la parte trasera deja ese regusto algo proustiano de impresiones ya vividas, qué decir del interior y, sobre todo, de su peculiar volante. En una clara recuperación de formas clásicas de la casa, Citroën coloca un volante muy grande, con el módulo central fijo: el aro y los radios giran por detrás de ese módulo, que permanece quieto. Los buenos aficionados recodarán haber visto volantes muy parecidos en los coches de los 70.Es una pieza que imprime carácter y distinción a la estética interior, rompiendo con todo lo visto en los modelos competidores más recientes. Sin embargo, también plantea algunos problemas. En el módulo central va enclavado el cuentarrevoluciones digital, mientras que el cuentakilómetros , también digital y muy preciso, y el resto de los relojes, se colocan en una curiosa bitácora elevada que va en el centro del salpicadero. Esta disociación de elementos no nos convence. Por un lado, obliga a mirar al centro del volante, es decir, muy abajo, para ver el cuentavueltas. Por otro, es imposible ver todos los instrumentos de un solo vistazo...

Por otra parte, en el módulo central también se colocan, si así se pide, los mandos del equipo de sonido. Esta ubicación tampoco es perfecta, pues, al mover el volante, se nos alejan de la mano los botones, que sólo están accesibles cuando la “rosca" está en su posición central. Lo mismo pasa con el claxon, que resulta difícil de accionar.

En cambio, parece que el hecho de colocar este módulo fijo hace que el airbag funcione mejor en caso de tener que abrirse, porque su apertura siempre es homogénea y uniforme.

Por lo demás, el avance del C4 con respecto al Xsara en cuanto a calidad salta a la vista. Los materiales son mucho mejores, con plásticos y gomas de más categoría, buenos ajustes, un tacto agradable y preciso en todos los mandos y una ergonomía que, al margen de lo ya dicho del volante y de la visibilidad trasera, está bien cuidada. Incluso los asientos son mucho mejores: más firmes, con mejor sujeción y mayor nivel de confort. Estábamos deseando probar el C4 porque es un coche que va a dar mucha guerra. Estamos seguros de ello.
El C4 sustituye en la gama de Citroën al Xsara, un acumulador de récords de ventas y también un coche que ha marcado durante muchos años una referencia importante en el siempre competido y complejo segmento de los compactos.

Pero, además, teníamos ganas de tener entre las manos este coche que tanta gente va a comprar para analizarlo con lupa. Citroën nos había dejado un poco a medias con el C3, que no era todo lo que espérabamos. Esa desilusión se mitigó en parte con el más correcto C2. Y por eso ahora teníamos ganas de ver qué era capaz de hacer la casa de los chevrones con su apuesta de masas, con un vehículo en el que descansa gran parte de la viabilidad de la empresa y en el que no se podían permitir fallos para no quedarse atrás. Ahora ya podemos decir que no nos han defraudado. El sabor de boca que deja el C4, a pesar de algunos errores de juventud, es más que satisfactorio. El C4 es el último en llegar entre los compactos más vendidos del mercado. Se presenta después de las renovaciones de Golf, Alfa 147, Audi A3, Ford Focus, Renault Mégane, Toyota Corolla, Honda Civic y Opel Astra, por citar a los más conocidos.Quizá por llegar por detrás de todos, ha sabido elegir y descartar lo mejor y lo peor de los demás. Así, en el plano estético, reinterpreta lo dicho por todas las demás marcas y propone una sorprendente estética que aúna lo tradicional y lo vanguardista, la tradición histórica de la firma y su más rabiosa cultura deportiva.

De esa mezcla de influencias surgen estas formas tan atractivas. El C4, sobre todo en esta configuración tres puertas, destaca por su inequívoco perfil de coupé. La línea del techo cae muy tendida, en un ángulo muy cerrado que se corta abruptamente en el grueso montante trasero, justo donde la zaga hace una especie de pico que es la parte más original y llamativa del coche. Ese pico de la zaga parte en dos la luna trasera, con un tramo inclinado y otro completamente vertical. El efecto óptico es sorprendente, pleno de deportividad, casi un falso alerón... Pero desde dentro es una tortura: el pliegue que hace la luna es un obstáculo incomodísimo para ver por el retrovisor interior. La vertiginosa caída del techo da como resultado unas largas ventanillas traseras que aprovechan muy bien los ángulos para dar al habitáculo la mayor superficie acristalada posible. Y eso que las plazas traseras tienen un cierto problema de espacio libre al techo, porque, como éste cae tan tendido, recorta mucho el hueco por arriba.

Por lo demás, hay algo en esa zaga que recuerda a los modelos de Citroën de los años 70, un aire de familiar que lleva la memoria hasta los viejos Tiburón, los DS... Pero si la parte trasera deja ese regusto algo proustiano de impresiones ya vividas, qué decir del interior y, sobre todo, de su peculiar volante. En una clara recuperación de formas clásicas de la casa, Citroën coloca un volante muy grande, con el módulo central fijo: el aro y los radios giran por detrás de ese módulo, que permanece quieto. Los buenos aficionados recodarán haber visto volantes muy parecidos en los coches de los 70.Es una pieza que imprime carácter y distinción a la estética interior, rompiendo con todo lo visto en los modelos competidores más recientes. Sin embargo, también plantea algunos problemas. En el módulo central va enclavado el cuentarrevoluciones digital, mientras que el cuentakilómetros , también digital y muy preciso, y el resto de los relojes, se colocan en una curiosa bitácora elevada que va en el centro del salpicadero. Esta disociación de elementos no nos convence. Por un lado, obliga a mirar al centro del volante, es decir, muy abajo, para ver el cuentavueltas. Por otro, es imposible ver todos los instrumentos de un solo vistazo...

Por otra parte, en el módulo central también se colocan, si así se pide, los mandos del equipo de sonido. Esta ubicación tampoco es perfecta, pues, al mover el volante, se nos alejan de la mano los botones, que sólo están accesibles cuando la “rosca" está en su posición central. Lo mismo pasa con el claxon, que resulta difícil de accionar.

En cambio, parece que el hecho de colocar este módulo fijo hace que el airbag funcione mejor en caso de tener que abrirse, porque su apertura siempre es homogénea y uniforme.

Por lo demás, el avance del C4 con respecto al Xsara en cuanto a calidad salta a la vista. Los materiales son mucho mejores, con plásticos y gomas de más categoría, buenos ajustes, un tacto agradable y preciso en todos los mandos y una ergonomía que, al margen de lo ya dicho del volante y de la visibilidad trasera, está bien cuidada. Incluso los asientos son mucho mejores: más firmes, con mejor sujeción y mayor nivel de confort.