Chrysler Sebring 2.0 LX Autostick

Por su origen, el Sebring ofrece un punto de vista diferente en un segmento en el que gran parte de sus especializados representantes europeos han sido profundamente renovados. Esta versión 2 litros de 141 CV responde a ciertos criterios europeos que, junto a otros exclusivos a su origen americano, marcan el resultado final.

Chrysler Sebring 2.0 LX Autostick
Chrysler Sebring 2.0 LX Autostick

Con tanto desarrollo, un escalonamiento de sólo 4 marchas y con una gestión electrónica no muy elaborada, las prestaciones y agrado de conducción son un tanto discutibles para la prestancia de este modelo. El mayor par motor de la mecánica V6 defiende en cierta medida esta configuración típicamente americana, pero no es el caso de este motor 2 litros de 141 CV que, con un claro carácter multiválvula, ofrece un rendimiento por debajo de las 4.000 rpm bastante discreto que poco ayuda a solventar este panorama. Con todo esto, el hábitat natural de este voluminoso Sebring se encuentra en trazados abiertos y despejados, que permitan sostener cruceros de manera muy desahogada. En trazados no tan idílicos -entre los que se encuentran los urbanos-, cualquier duda con el acelerador ante una curva, en una maniobra de adelantamiento o de retención, o simplemente en uno de los muchos repechos que invaden nuestra geografía, la respuesta del motor es muy pobre, obligando al cambio a una secuencia de reducciones -en muchos casos de hasta dos- y subidas de marchas, un tanto irritantes para la conducción. Al menos, la selección manual de las marchas del cambio Autostick permite anticiparnos a esos obstáculos y establecer nosotros mismos los cambios, que, si así lo decidimos, nos exige máxima atención y dedicación. Esto no es acorde con los automatismos a la europea y nos lleva irremediablemente a encontrarnos consumos de combustible muy dispares, dependiendo de las condiciones del tráfico y la carretera, que en los peores casos nos lleva a superar los 15 litros sin que esto suponga haber explotado las posibilidades del motor. Al margen de estos condicionantes de la transmisión, el motor del Sebring está algo alejado de la finura de funcionamiento de los mejores propulsores europeos. Se siente algo áspero y ruidoso, poco filtrado del habitáculo, y falto del refinamiento que se espera de una berlina de esta categoría de última generación. Las suaves suspensiones de la versión 2.7 V6 han dado paso en el 2 litros a otras más duras, que recibe muelles y amortiguadores específicos. Los acusados balanceos de la versión V6 se han atenuado y se siente algo más aplomado sobre la carretera, con un tren delantero más preciso e incisivo, que no peca tan claramente de la actitud subviradora de la versión V6. Aun así, el equilibrio en el trabajo de las suspensiones no resulta del todo acertado, mostrando una peor adaptación a diferentes asfaltos y modos de conducir que otros modelos europeos. Es suave y muy cómodo en buenos asfaltos, pero ante pequeños baches la amortiguación responde a veces de forma seca y en carreteras bacheadas transmite muchas vibraciones al interior; mientras en badenes en autopista o en apoyos fuertes en carreteras viradas, sobre todo si el piso está ondulado, no está exento de claros movimientos verticales de la carrocería que restan algo de confianza. Eso sí, apoyado en su generosa batalla, las reacciones son progresivas y nada asustadizas. La dirección ayuda a este tacto algo más preciso e informativo de esta versión 2 litros, con una menor asistencia de lo que viene siendo habitual en los automóviles de origen norteamericano, aunque tanto celo en este sentido ha llevado a que se sienta ligeramente dura en maniobras en parado.

Pregunta a los propietarios por su coche y recibe las respuestas en tu email.

Acepto la política de privacidad para poder obtener las respuestas.

Quiero recibir la mejor oferta.