BMW Z8

Con altísimas prestaciones y eficaz comportamiento dinámico, BMW ha entrado en el campo de los gran turismo convertibles. El Z8 es portador de un elegante estilo retro que le otorga una exclusiva personalidad.

BMW Z8
BMW Z8

El chasis, para ser el de un roadster y no tener el cierre perfecto de un techo metálico de un coupé, resulta rígido lo que se traduce en bajo nivel de vibraciones en el volante o en el marco del parabrisas y en una buena comodidad de marcha. Y aunque el chasis es de los más rígidos en su categoría, no es como el de un verdadero coupé, lo que se traduce en una menor precisión a la hora de circular en apoyos. La apuesta de BMW por la seguridad ha sido total: el control de estabilidad y de tracción limitan mucho en condiciones normales la aceleración a la salida de las curvas lentas, apenas hay un atisbo de deslizamiento. La solución para ir más rápido y divertirse: quitar el control de tracción y estabilidad. Sin embargo, la alegría no es total, porque en la fase media de las curvas, habiendo quitado el control de estabilidad, percibimos demasiado subviraje para nuestro gusto. Pero, si no nos hemos excedido, bastará levantar ligeramente el pie del gas para sentir que la trasera desliza, ayudando al tren delantero a encontrar el buen camino. El aplomo en autopistas es elogiable. A 200 km/h la forma del morro a la antigua favorece una cierta sustentación y la dirección se siente más ligera, pero de ninguna manera despierta dudas. El Z8 tiene buenos modales, resulta una delicia controlarlo en apoyo y en él no aparece el nerviosismo propio de un coche que se ha querido explotar dinámicamente al límite. Las velocidades de paso por curva son muy altas. No podrían ser de otra manera con los rodillos que monta, 245/45 R18 delante y 275/40 R 18 detrás, de tipo antipinchazo para no llevar rueda de repuesto. El cambio es preciso y tampoco requiere esfuerzo insertar las marchas, pero no se muestra particularmente rápido y el recorrido es un tanto largo. La eficacia del sistema de frenado es alta y su resistencia, notable, pero el trabajo se acumula si queremos regalarnos con un punta tacón. Hasta 120 km/h el aire que se cuela en el habitáculo con la capota quitada no resulta molesto. A velocidad de paseo podemos entonces disfrutar del sobrio y elegante interior de este modelo: asientos tipo baqué forrados en piel -sin reglaje lumbar-, un salpicadero clásico con pocos mandos y un volante con radios a la antigua. El cuadro de instrumentos situado al centro también respeta el pasado, pero resulta poco práctico. El conjunto del habitáculo tiene una especial elegancia con sus mandos que simulan aluminio mate. Sobre la puerta del conductor, una sola tecla manda los elevalunas. Cuál de ellos se accionará queda determinado por un botón selector, que también elige el retrovisor lateral a mover. La capota es de funcionamiento hidráulico y se enclava de manera muy práctica mediante motores eléctricos situados en su marco. Aunque está muy bien forrada y es sólida, el ángulo del parabrisas, su diseño relativamente corto y con la zona trasera que cae abruptamente propician un alto nivel de ruido aerodinámico a partir de 140 km/h. De todas maneras, para viajes largos y rápidos puede resultar más conveniente montar el techo duro que se provee de serie y que el concesionario se encarga de guardar y montar cuando el usuario lo precise. Encontrar la posición de conducción adecuada no resulta difícil para un conductor de estatura media. Hay ajuste longitudinal de la caña del volante y los asientos tienen movimientos eléctricos. Sin embargo, la habitabilidad puede resultar insuficiente para un conductor con piernas largas, porque el recorrido del asiento hacia atrás está muy limitado por el refuerzo trasero que cierra el habitáculo. Detrás de él, un maletero de formas muy regulares y práctico. El conductor del Z8 se sienta muy atrás, casi sobre el eje trasero, como era usual en los convertibles deportivos de los cincuenta, teniendo por delante un capó alargado cuyo inicio puede dar disgustos al maniobrar en espacios pequeños. Pero este es un detalle sin importancia frente a todo lo que inspira y entrega esta obra de arte concebida en Munich.