BMW Compact 325 ti

Para la realización de esta entrega del Compact se nota que BMW ha puesto mucha carne en el asador. Con la nueva estética se rejuvenece el modelo hasta ponerlo a niveles de modernidad más que actuales, mientras que ya el tren trasero de dobles brazos hace justicia a un modelo de corte deportivo y el motor de 192 CV supone todo un desafío en prestaciones sobre la carretera. Por fin, este modelo deja de ser sólo el primer escalón de acceso a una marca de prestigio para convertirse en una opción con personalidad y talante propios.

BMW Compact 325 ti
BMW Compact 325 ti

El profundo trabajo realizado en los trenes rodantes, especialmente en el trasero, ha dado como resultado una suavidad y precisión de marcha que eleva el listón del Compact hasta un nivel muy superior al de antes. La suspensión se muestra enérgica, pero suave a la vez, porque filtra con impecable calidad los baches sin dejar de transmitir las sensaciones que hacen falta para saber lo que pasa en el asfalto. El tren trasero, de dobles brazos transversales, funciona a las mil maravillas y no se deja amedrentar por un asfalto en mal estado o cambios de apoyos continuados y/o bruscos, porque lo acepta todo y de la mejor manera posible.

El guiado obedece con precisión milimétrica a lo que el conductor requiere, con una dirección de tacto envidiable y nada lenta (2,8 vueltas de volante). El paso por curva de esta versión es muy rápido y, gracias a la tracción trasera, a base de gas en el momento oportuno, se puede inscribir el coche con mayor facilidad en cualquier tipo de curva, redondeándose los virajes con tal gusto, que lo más divertido con el 325 ti no es la deliciosa aceleración (el 0 a 100 km/h lo hace en 8,41 segundos y 235 metros) o lo bien que recupera incluso desde marchas largas (tarda poco más de 33 segundos para alcanzar los 1.000 metros en 5ª desde parado) o la calidad y la distancia con la que frena (necesita ligeramente por encima de los 73 metros para decelerar desde 140 km/h), sino enfilarse las curvas unas detrás de otras y, si son entrelazadas y con cambios de rasante abundantes, mejor, para también accionar el cambio y disfrutar nuevamente de una precisión a la altura del resto del coche, aunque en un principio pueda parecer duro a la hora de insertar las velocidades, especialmente para vencer el mecanismo de seguridad a la hora de poner la marcha atrás que impide que no se confunda con la primera.

Esperar para apretar el acelerador en curva requiere un poco más de intuición para hacerlo en ese momento oportuno citado, pero, si se domina mínimamente, resulta una delicia disfrutar de esta circunstancia. Si, por el contrario, se decide rodar normalmente, pero rápido, como invita en todo momento esta versión por la aceleración y el propio sonido bronco, suave y cautivador del motor, la sensación de confianza y aplomo a la carretera es máxima, con mucha agilidad para cambiar de carril, exigirle a los frenos en todo momento sin miedo a la fatiga o realizar cambios de marcha con total celeridad y con una tranquilidad que llega a asombrar por la facilidad de conducción de la que puede presumir.

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