Audi A6 2.4 multitronic

El cambio multitronic permite disponer de infinitas relaciones, mantener el régimen de potencia máxima al pisar a fondo el acelerador y un manejo manual secuencial. No hay nada mejor… en teoría.

Audi A6 2.4 multitronic
Audi A6 2.4 multitronic

La versión de motor 2.4 del A6 es la segunda -ya existe en el 2.8- que sustituye la transmisión automática tiptronic por el cambio multitronic dotado de variador. Un cambio muy particular con infinitas relaciones que permite que el motor gire siempre en el régimen apropiado a cada circunstancia, con un director de orquesta que es el acelerador. Se trata de un cambio que, hasta ahora, había limitado su empleo a coches de poca potencia y par, pero que el fabricante de transmisiones Luk ha perfeccionado para permitir su uso en motores de generosos par y cilindrada. Un esquema básico que también se utiliza desde siempre en los ciclomotores sin marchas. La transmisión consta de dos poleas de garganta cónica unidas -en el caso del Audi- por una robusta cadena de eslabones que no es doble o triple, sino que tiene ¡catorce eslabones! de anchura . Las poleas abren o cierran su garganta, con lo que varía el diámetro efectivo y, por tanto, la desmultiplicación. Al tener la posibilidad de variar las relaciones, puede funcionar con desarrollos cortos cuando se necesita acelerar rápido o muy largos, larguísimos, cuando se viaja a velocidad mantenida. El variador tiene la capacidad de realizar esos cambios de una manera muy rápida, casi inmediata, pero es algo a lo que hay que acostumbrarse. Tanto en los cambios automáticos convencionales como en los manuales, estamos acostumbrados a pisar el acelerador y que el motor suba de régimen, caiga en el cambio de marcha y vuelva a subir. En el de variador, nada de esto ocurre. En función de lo que aceleremos, el control electrónico del cambio elige un régimen del motor y lo mantiene, mientras el coche gana velocidad. Por ejemplo, si pisamos el acelerador hasta la mitad de recorrido, el régimen se sitúa de inmediato hasta el par máximo, por encima de las 3.000 vueltas, cuando el motor entrega su máxima fuerza. Si pisamos a fondo, el motor sube con muchísima rapidez hasta las 5.800 vueltas, casi a potencia máxima, y se mantiene a ese régimen. Para ganar velocidad no hay nada mejor, pero el ruido que acompaña da la sensación de resbalamiento del convertidor o de que el embrague patina. En realidad no hay convertidor, aunque sí un embrague multidisco en baño de aceite. La sensación se produce por girar a un régimen alto y de forma constante, se trata de una impresión desagradable por lo inhabitual, aunque correcta. Para reducirla, Audi ha preferido que, mientras no se exija toda la capacidad del motor, la subida de régimen sea progresiva, para dar una sensación más parecida a la de los cambios conocidos.

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