Audi A3 3.2 DSG

Motor insaciable, cambio revolucionario, chasis alado. Cómodo en ciudad, un relámpago en carretera y maravillosamente eficaz en terreno virado. A veces la automoción es tan complicada y tan fácil al mismo tiempo...

Audi A3 3.2 DSG
Audi A3 3.2 DSG

Para un motor tan poderoso y para un cambio tan bien resuelto, era necesario afinar mucho el bastidor. Audi ya había realizado una puesta a punto de su A3 en este sentido. Resulta más eficaz en curvas, aunque no nos demos cuenta, ya que este modelo da confianza al conductor a la hora de dibujar los más diversos trazados. A veces, mientras nos metíamos en las más sinuosas “eses", necesitábamos mirar al velocímetro para comprobar el ritmo que llevábamos. La suspensión resulta muy eficaz, pero para nada molesta. Además, este modelo ofrece un plus: la tracción Quattro. La mayoría de los GTI son de tracción delantera, si exceptuamos el Sportcoupé de Mercedes o los Compact de BMW. Además, el control de estabilidad es desconectable, facilitando así una conducción aún más deportiva. El conductor no querrá bajarse. Disfrutará con su funcionamiento y, además, se sentirá muy cómodo. Los asientos –de cuero y tela en esta versión- sujetan muy bien el cuerpo. Además, encontramos todo lo que necesitamos: doble climatizador, asientos calefactables (por 395 euros), ordenador de viaje, volante multifunción... Parece que podemos conseguir todo con sólo apretar un botón, pero –además- existen cosas que no creíamos que llevara: por ejemplo, un cargador de CDs oculto tras la pantalla del navegador. El único problema con el que tendrá que convivir el conductor es la mala visibilidad. Los retrovisores son muy estrechos y rasgados: en las incorporaciones, tendrás que prestar especial cuidado. No les ocurrirá lo mismo al resto de pasajeros. Ellos sí que se encontrarán con un rosario de incomodidades. El acceso a las plazas traseras es muy incómodo. La banqueta no se corre lo suficiente y resulta muy pesada: los niños no podrán moverla solos. Y, una vez dentro, tampoco encontrarán un derroche de espacio. Se trata de un problema congénito del A3, ya que, hasta ahora, sólo contaba con carrocería de tres puertas. Pero este pequeño defecto tiene los días contados: mientras escribimos estas líneas, se prepara la presentación del A3 Sportback, la versión “familiar" (más grande y de cinco puertas).Tiene uno de los maleteros menos generosos entre sus rivales y uno de los precios más elevados. Con una tarifa superior a los 36.000 euros (los seis millones de las antiguas pesetas) a la que habría que sumar los 2.200 euros que vale el cambio DSG, podría calificarse de derroche, pero –con todo lo que ofrece (tanto en el apartado mecánico- tecnológico como de equipamiento)- se trata de la locura más racional que puede llegar a hacer un comprador. Para un motor tan poderoso y para un cambio tan bien resuelto, era necesario afinar mucho el bastidor. Audi ya había realizado una puesta a punto de su A3 en este sentido. Resulta más eficaz en curvas, aunque no nos demos cuenta, ya que este modelo da confianza al conductor a la hora de dibujar los más diversos trazados. A veces, mientras nos metíamos en las más sinuosas “eses", necesitábamos mirar al velocímetro para comprobar el ritmo que llevábamos. La suspensión resulta muy eficaz, pero para nada molesta. Además, este modelo ofrece un plus: la tracción Quattro. La mayoría de los GTI son de tracción delantera, si exceptuamos el Sportcoupé de Mercedes o los Compact de BMW. Además, el control de estabilidad es desconectable, facilitando así una conducción aún más deportiva. El conductor no querrá bajarse. Disfrutará con su funcionamiento y, además, se sentirá muy cómodo. Los asientos –de cuero y tela en esta versión- sujetan muy bien el cuerpo. Además, encontramos todo lo que necesitamos: doble climatizador, asientos calefactables (por 395 euros), ordenador de viaje, volante multifunción... Parece que podemos conseguir todo con sólo apretar un botón, pero –además- existen cosas que no creíamos que llevara: por ejemplo, un cargador de CDs oculto tras la pantalla del navegador. El único problema con el que tendrá que convivir el conductor es la mala visibilidad. Los retrovisores son muy estrechos y rasgados: en las incorporaciones, tendrás que prestar especial cuidado. No les ocurrirá lo mismo al resto de pasajeros. Ellos sí que se encontrarán con un rosario de incomodidades. El acceso a las plazas traseras es muy incómodo. La banqueta no se corre lo suficiente y resulta muy pesada: los niños no podrán moverla solos. Y, una vez dentro, tampoco encontrarán un derroche de espacio. Se trata de un problema congénito del A3, ya que, hasta ahora, sólo contaba con carrocería de tres puertas. Pero este pequeño defecto tiene los días contados: mientras escribimos estas líneas, se prepara la presentación del A3 Sportback, la versión “familiar" (más grande y de cinco puertas).Tiene uno de los maleteros menos generosos entre sus rivales y uno de los precios más elevados. Con una tarifa superior a los 36.000 euros (los seis millones de las antiguas pesetas) a la que habría que sumar los 2.200 euros que vale el cambio DSG, podría calificarse de derroche, pero –con todo lo que ofrece (tanto en el apartado mecánico- tecnológico como de equipamiento)- se trata de la locura más racional que puede llegar a hacer un comprador.