Renault Mégane Sedán 1.6 Confort Dynamique

La gama Mégane surgió con una estética diferente como principal apuesta. Unos meses después del lanzamiento de las versiones de 3 y 5 puertas, llega el Mégane más discreto, el Sedán. Éste, sin embargo, no se queda en un mero ejercicio de estilo, sino que además aporta más espacio, tanto en las plazas traseras como en el maletero.
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Renault Mégane Sedán 1.6 Confort Dynamique
Renault Mégane Sedán 1.6 Confort Dynamique

Dos de los principales “peros” de las versiones hachtback del Mégane eran el escaso maletero y unas plazas posteriores algo justas. Renault resuelve totalmente estas supuestas taras con éste sedán.

Esta versión de cuatro puertas ha crecido 29 centímetros de longitud y su batalla se ha alargado 6 cm respecto al resto de los Mégane. De ello se beneficia principalmente el espacio interior y la capacidad de carga. La habitabilidad de las plazas delanteras no varía (tampoco se necesitaba más, era suficiente), sin embargo, atrás el espacio nunca sobra, por lo que esta inyección de centímetros se agradece. El espacio para las piernas de los ocupantes de las plazas traseras crece en 5 centímetros, mientras que los datos en el resto de mediciones se mantienen. Este incremento hace que aquellos que viajen en la zona posterior del habitáculo lo hagan con mayor comodidad y sensación de desahogo. Aun así, seguimos defendiendo que lo ideal, por anchura, es que estas plazas las ocupen dos personas, sobre todo para desplazamientos prolongados.

El equipaje, al mismo tiempo, no será un problema. Los 480 litros que ha medido nuestro Centro Técnico (520 según las mediciones oficiales) le hacen ponerse a la altura y superar a berlinas de mayor empaque como el Audi A4 (442 litros), Citroën C5 (456 litros) o Ford Mondeo (500 litros). Las formas son más regulares que las del Mégane “sin culo”, con lo que se gana en practicidad. Lo único que imposibilita que el acierto sea pleno es una boca de carga algo estrecha y algo elevada que no permite la introducción de objetos de grandes dimensiones y que hace que el esfuerzo sea mayor a la hora de colocar bultos pesados.

El resto del interior no cambia con respecto a los otros Mégane. Nos encontramos con un salpicadero moderno y bien acabado en el que la calidad de los plásticos está por encima de lo que se espera en la categoría. Como sus hermanos, incorpora algunas soluciones que, como hemos reseñado en otras pruebas, nos parecen más anecdóticas que prácticas. Nos referimos a la tarjeta de apertura y arranque (en este acabado con la posibilidad de que funcione por proximidad) y el freno de mano tipo mandos de avión. En cuanto al primer elemento, somos más partidarios de la llave convencional, puesto que no está sujeta a posibles interferencias y cumple la función para la que se ha realizado con igual eficacia. Respecto al freno de mano tipo mandos de avión, estamos en desacuerdo con aquellos que defienden su comodidad de uso, a nosotros nos parece menos ergonómico e intuitivo.

Los asientos no destacan por su agarre, pero sí por su comodidad, con un mullido de los mismos que nos ha parecido algo blando. Esto facilita que los desplazamientos largos no se nos hagan interminables y nuestros riñones sean castigados en exceso. El acceso a las plazas traseras, que era muy bueno en la versión de cinco puertas, se ha mejorado en este sedán. Se adoptan nuevas puertas de mayor tamaño, pero con similar peso, que permiten una entrada de los ocupantes más cómoda.

Aparte, hay que hacer mención a la multitud de huecos que podemos encontrar en el tricuerpo de Renault. Por si eran pocos los que jalonaban el interior de las versiones de 3 y 5 puertas (guantera de grandísimas dimensiones, huecos en las puertas, cofre central, cajones bajo el piso de las plazas delanteras, etc), ahora hay que sumar un portaobjetos cerrado tras la cabeza de los pasajeros traseros y el incremento notable de la capacidad de carga del maletero.

La versión que hemos probado estaba asociada a un motor de 1,6 litros y 115 CV de potencia que ofrece unas prestaciones más que suficientes para mover los 1.321 kilogramos que ha pesado nuestra unidad de pruebas. Es un motor brillante que ofrece una buena cantidad de par (el 80 por ciento) desde las 2.000 vueltas y que prolonga su empuje hasta casi las 5.500 rpm. Esto hace que tanto en desplazamientos urbanos como en viajes de mayor kilometraje se muestre como un propulsor notable. No es un coche rápido, sus cifras de prestaciones están dentro de la media del segmento, pero tampoco se pretende. Agradable es el adjetivo que mejor define el talante de esta mecánica, un motor suave que no nos decepcionará pero que tampoco nos entusiasmará.

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