Renault Grand Espace versus Ford Galaxy

El asalto al liderazgo en el segmento de los Grandes monovolumen adquiere tal intensidad que, cada día, le está siendo más difícil al Renault Grand Espace mantener su dominio. Los nuevos conceptos de modularidad están dejando fuera de juego el sistema que, en su día, fue todo un logro para los monovolumen de Renault.
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Renault Grand Espace versus Ford Galaxy
Renault Grand Espace versus Ford Galaxy

El tema de la potencia máxima entregada por el motor del Galaxy podemos darlo por zanjado. Al menos, hemos puesto sobre la mesa el misterio para que, a quién corresponda, lo desvele. Lo que sí podemos demostrar, gracias a nuestro banco de potencia, es la diferencia en la conducta del motor Ford. Ahí van las cifras. A 1.000 rpm, el par entregado por el motor del Galaxy son 10,7 mkg mientras que el Renault llega a los 16,3. A 1.500 rpm, el motor de la marca del óvalo sube hasta los 28,1 mientras que el del rombo va ya en 32,7 mkg. Es a 1.700 rpm cuando las diferencias desaparecen, empatando ambos a 35 mkg. A partir de ahí, y hasta las 4.000 rpm, la ventaja es siempre del Ford, mientras que a partir de ese régimen, las tornas vuelven a invertirse y es el motor del Grand Espace quien domina, alargando incluso su régimen útil hasta las 5.000 rpm, mientras que el Galaxy se queda algo antes.

Sin embargo, la progresividad del Renault hace que la balanza se incline a su favor, puesto que acaba siendo un motor más agradable y utilizable, con menos necesidad de recurrir al cambio para recuperar desde bajas vueltas. Esto queda refrendado por los resultados de las recuperaciones, donde el Grand Espace muestra una cierta ventaja, recalcada por unos desarrollos de transmisión más cortos que los del Galaxy. Tanto en aceleración como en adelantamiento, éste se muestra unas décimas más rápido que el modelo francés, pero su ventaja no creemos sea suficiente para compensar su mayor brusquedad de reacción y falta de elasticidad.

Si tomamos los resultados de las pruebas de EuroNCAP, el resultado deberá ser un empate, puesto que tanto el Galaxy como el Espace obtienen cinco estrellas en la prueba de choque y dos en la pro-tección de peatones en caso de atropello. Las diferencias, entonces, se consagran en cuestiones como el equipamiento o la frenada. En el primero de estos capítulos, el Grand Espace dispone de serie de control de tracción y estabilidad que en el Galaxy hay que pagar aparte. Éste, por su parte, dispone de airbag para las rodillas del conductor, que en el Renault no puede instalarse. En el Espace, pagando un extra, puede incorporarse el airbag lateral trasero que en el Galaxy no está disponible. Y a la hora de frenar, es el modelo francés el que recorre menos metros para detenerse desde 140 km/h aunque el tacto de su pedal es menos consistente. En fin, muchas variables que tampoco demuestran una clara inclinación de la balanza hacia uno u otro modelo, porque a nivel de comportamiento y disponibilidad de agarre, tampoco las diferencias son muy notables.

Hay bastantes más de 5.000 euros de diferencia entre ambos modelos, a favor del Ford. Efectivamente, el equipamiento está desequilibrado, esta vez a favor del Renault. Si igualáramos en lo posible aquél en función de nuestra lista de equipamiento, aún habría unos 3.000 euros a favor del modelo germano. Esta cantidad nos parece más que estimable para decantar este capítulo a favor del Ford, aunque sea de forma ligera.

El tema de la potencia máxima entregada por el motor del Galaxy podemos darlo por zanjado. Al menos, hemos puesto sobre la mesa el misterio para que, a quién corresponda, lo desvele. Lo que sí podemos demostrar, gracias a nuestro banco de potencia, es la diferencia en la conducta del motor Ford. Ahí van las cifras. A 1.000 rpm, el par entregado por el motor del Galaxy son 10,7 mkg mientras que el Renault llega a los 16,3. A 1.500 rpm, el motor de la marca del óvalo sube hasta los 28,1 mientras que el del rombo va ya en 32,7 mkg. Es a 1.700 rpm cuando las diferencias desaparecen, empatando ambos a 35 mkg. A partir de ahí, y hasta las 4.000 rpm, la ventaja es siempre del Ford, mientras que a partir de ese régimen, las tornas vuelven a invertirse y es el motor del Grand Espace quien domina, alargando incluso su régimen útil hasta las 5.000 rpm, mientras que el Galaxy se queda algo antes.

Sin embargo, la progresividad del Renault hace que la balanza se incline a su favor, puesto que acaba siendo un motor más agradable y utilizable, con menos necesidad de recurrir al cambio para recuperar desde bajas vueltas. Esto queda refrendado por los resultados de las recuperaciones, donde el Grand Espace muestra una cierta ventaja, recalcada por unos desarrollos de transmisión más cortos que los del Galaxy. Tanto en aceleración como en adelantamiento, éste se muestra unas décimas más rápido que el modelo francés, pero su ventaja no creemos sea suficiente para compensar su mayor brusquedad de reacción y falta de elasticidad.

Si tomamos los resultados de las pruebas de EuroNCAP, el resultado deberá ser un empate, puesto que tanto el Galaxy como el Espace obtienen cinco estrellas en la prueba de choque y dos en la pro-tección de peatones en caso de atropello. Las diferencias, entonces, se consagran en cuestiones como el equipamiento o la frenada. En el primero de estos capítulos, el Grand Espace dispone de serie de control de tracción y estabilidad que en el Galaxy hay que pagar aparte. Éste, por su parte, dispone de airbag para las rodillas del conductor, que en el Renault no puede instalarse. En el Espace, pagando un extra, puede incorporarse el airbag lateral trasero que en el Galaxy no está disponible. Y a la hora de frenar, es el modelo francés el que recorre menos metros para detenerse desde 140 km/h aunque el tacto de su pedal es menos consistente. En fin, muchas variables que tampoco demuestran una clara inclinación de la balanza hacia uno u otro modelo, porque a nivel de comportamiento y disponibilidad de agarre, tampoco las diferencias son muy notables.

Hay bastantes más de 5.000 euros de diferencia entre ambos modelos, a favor del Ford. Efectivamente, el equipamiento está desequilibrado, esta vez a favor del Renault. Si igualáramos en lo posible aquél en función de nuestra lista de equipamiento, aún habría unos 3.000 euros a favor del modelo germano. Esta cantidad nos parece más que estimable para decantar este capítulo a favor del Ford, aunque sea de forma ligera.

El tema de la potencia máxima entregada por el motor del Galaxy podemos darlo por zanjado. Al menos, hemos puesto sobre la mesa el misterio para que, a quién corresponda, lo desvele. Lo que sí podemos demostrar, gracias a nuestro banco de potencia, es la diferencia en la conducta del motor Ford. Ahí van las cifras. A 1.000 rpm, el par entregado por el motor del Galaxy son 10,7 mkg mientras que el Renault llega a los 16,3. A 1.500 rpm, el motor de la marca del óvalo sube hasta los 28,1 mientras que el del rombo va ya en 32,7 mkg. Es a 1.700 rpm cuando las diferencias desaparecen, empatando ambos a 35 mkg. A partir de ahí, y hasta las 4.000 rpm, la ventaja es siempre del Ford, mientras que a partir de ese régimen, las tornas vuelven a invertirse y es el motor del Grand Espace quien domina, alargando incluso su régimen útil hasta las 5.000 rpm, mientras que el Galaxy se queda algo antes.

Sin embargo, la progresividad del Renault hace que la balanza se incline a su favor, puesto que acaba siendo un motor más agradable y utilizable, con menos necesidad de recurrir al cambio para recuperar desde bajas vueltas. Esto queda refrendado por los resultados de las recuperaciones, donde el Grand Espace muestra una cierta ventaja, recalcada por unos desarrollos de transmisión más cortos que los del Galaxy. Tanto en aceleración como en adelantamiento, éste se muestra unas décimas más rápido que el modelo francés, pero su ventaja no creemos sea suficiente para compensar su mayor brusquedad de reacción y falta de elasticidad.

Si tomamos los resultados de las pruebas de EuroNCAP, el resultado deberá ser un empate, puesto que tanto el Galaxy como el Espace obtienen cinco estrellas en la prueba de choque y dos en la pro-tección de peatones en caso de atropello. Las diferencias, entonces, se consagran en cuestiones como el equipamiento o la frenada. En el primero de estos capítulos, el Grand Espace dispone de serie de control de tracción y estabilidad que en el Galaxy hay que pagar aparte. Éste, por su parte, dispone de airbag para las rodillas del conductor, que en el Renault no puede instalarse. En el Espace, pagando un extra, puede incorporarse el airbag lateral trasero que en el Galaxy no está disponible. Y a la hora de frenar, es el modelo francés el que recorre menos metros para detenerse desde 140 km/h aunque el tacto de su pedal es menos consistente. En fin, muchas variables que tampoco demuestran una clara inclinación de la balanza hacia uno u otro modelo, porque a nivel de comportamiento y disponibilidad de agarre, tampoco las diferencias son muy notables.

Hay bastantes más de 5.000 euros de diferencia entre ambos modelos, a favor del Ford. Efectivamente, el equipamiento está desequilibrado, esta vez a favor del Renault. Si igualáramos en lo posible aquél en función de nuestra lista de equipamiento, aún habría unos 3.000 euros a favor del modelo germano. Esta cantidad nos parece más que estimable para decantar este capítulo a favor del Ford, aunque sea de forma ligera.

El tema de la potencia máxima entregada por el motor del Galaxy podemos darlo por zanjado. Al menos, hemos puesto sobre la mesa el misterio para que, a quién corresponda, lo desvele. Lo que sí podemos demostrar, gracias a nuestro banco de potencia, es la diferencia en la conducta del motor Ford. Ahí van las cifras. A 1.000 rpm, el par entregado por el motor del Galaxy son 10,7 mkg mientras que el Renault llega a los 16,3. A 1.500 rpm, el motor de la marca del óvalo sube hasta los 28,1 mientras que el del rombo va ya en 32,7 mkg. Es a 1.700 rpm cuando las diferencias desaparecen, empatando ambos a 35 mkg. A partir de ahí, y hasta las 4.000 rpm, la ventaja es siempre del Ford, mientras que a partir de ese régimen, las tornas vuelven a invertirse y es el motor del Grand Espace quien domina, alargando incluso su régimen útil hasta las 5.000 rpm, mientras que el Galaxy se queda algo antes.

Sin embargo, la progresividad del Renault hace que la balanza se incline a su favor, puesto que acaba siendo un motor más agradable y utilizable, con menos necesidad de recurrir al cambio para recuperar desde bajas vueltas. Esto queda refrendado por los resultados de las recuperaciones, donde el Grand Espace muestra una cierta ventaja, recalcada por unos desarrollos de transmisión más cortos que los del Galaxy. Tanto en aceleración como en adelantamiento, éste se muestra unas décimas más rápido que el modelo francés, pero su ventaja no creemos sea suficiente para compensar su mayor brusquedad de reacción y falta de elasticidad.

Si tomamos los resultados de las pruebas de EuroNCAP, el resultado deberá ser un empate, puesto que tanto el Galaxy como el Espace obtienen cinco estrellas en la prueba de choque y dos en la pro-tección de peatones en caso de atropello. Las diferencias, entonces, se consagran en cuestiones como el equipamiento o la frenada. En el primero de estos capítulos, el Grand Espace dispone de serie de control de tracción y estabilidad que en el Galaxy hay que pagar aparte. Éste, por su parte, dispone de airbag para las rodillas del conductor, que en el Renault no puede instalarse. En el Espace, pagando un extra, puede incorporarse el airbag lateral trasero que en el Galaxy no está disponible. Y a la hora de frenar, es el modelo francés el que recorre menos metros para detenerse desde 140 km/h aunque el tacto de su pedal es menos consistente. En fin, muchas variables que tampoco demuestran una clara inclinación de la balanza hacia uno u otro modelo, porque a nivel de comportamiento y disponibilidad de agarre, tampoco las diferencias son muy notables.

Hay bastantes más de 5.000 euros de diferencia entre ambos modelos, a favor del Ford. Efectivamente, el equipamiento está desequilibrado, esta vez a favor del Renault. Si igualáramos en lo posible aquél en función de nuestra lista de equipamiento, aún habría unos 3.000 euros a favor del modelo germano. Esta cantidad nos parece más que estimable para decantar este capítulo a favor del Ford, aunque sea de forma ligera.

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