Porsche Cayman R

Sobre un ya de por sí específico y efectivo Cayman S, menos kilos, más potencia y un revisado bastidor afinan una base que te transmite unas sensaciones «de circuito» porque, datos en mano, quizá no sea mucho más R, pero por nuestros pelos de punta, sí que lo parece.
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Porsche Cayman R
Porsche Cayman R

De «rudo» y «radical». Po­drían ser las acepciones de la R de este Cayman, que en su evolución por ser más deportivo, se presenta con un motor de 330 CV (gana 10 CV sobre el S) y un adelgazamiento de 55 kilos, al margen de acondicionar las suspensiones para un plantea­miento de pocas concesiones. Alu­minio para las puertas, rigurosos backets (sólo modifican el emplaza­miento longitudinal) de fibra y plás­tico, livianas llantas de finos radios, depósito de 54 litros (11 menos que el original), la eliminación del mo­tor del alerón retráctil que pasa a ser fijo... y de la renuncia del equipo de radio y climatización se com­pone su receta alimenticia.


Pero ni antes en Mallorca, donde se realizó la pre­sentación internacional delCayman R, ni ahora en Madrid nos hemos en­contrado el auténtico R que esperá­bamos. Un sofisticado equipo opcio­nal de navegación, radio... e incluso los posavasos a los que renunciaba por equipo insustancial, comple­mentan un interior de enorme ca­lidad y funcionalidad que contrasta con los rudimentarios —y preciosos— tiradores de las puertas. Una lógica licencia incluso para quien sólo desea pilotar este Cayman. Porque este R es un coche de piloto, que desde la misma puesta en marcha, con un golpe de acelerador sobre 2.000 revoluciones y un sonido delatador, avisa de sus intenciones.

Más bajo y firme, el Cayman R es una fuente de órdenes sensoriales que parece no tener límites en carretra abiertas y nos lleva a acelerar con violencia, correspondiéndonos con vertiginosos desplazamientos. El motor boxer es plenamente poderoso desde sus primero giros, de generosa respuesta atmosférica, y a partir de 5.000 revoluciones, momento en la que su distribución VarioCam Plus cambia a leyes muy agresivas, te lleva a querer explorar continuamente su línea roja que corta a 7.500 revoluciones. Y lo hace con tal rapidez, que una y otra vez frecuentamos el corte de inyección. A esta "virulencia" se suma su cambio PDK de 7 velocidades, que estrena un software de segunda generación  que agiliza las transiciones de subida y bajada de velocidades. La pegada del motor es increíble, tanto por pura respuesta, como por su presencia en el habitáculo y la huella sonora que va dejando allí por dónde circula. Terapéutica para muchos, como de animadversión para otros.


Nos acordamos de lo fácil que era romper la adherencia del Cayman R en las llovidas carreteras mallorquinas y lo fino y reactivo que era a nuestras órdenes para controlarlo en la deriva «efectiva», y ahora, con 25 grados a la sombra y sobre un asfalto de mejor calidad y «al dente», el Cayman R nos ha extasiado por un altísimo paso por curva e «irrompible» motricidad. Romper su adherencia no resulta fácil. Da tanta confianza adelantar la aceleración, que incluso antes llega a empujar al tren delantero y lo lleva a subvirarEn Mallorca nos acordamos del inquebrantable Audi RS3. Aquí en Madrid no.
 

El Cayman R se muestra ligerísimo, muy reactivo, pero no agresivo de reacciones, y compatibiliza una entrada en curva del tren delantero soberbia con una salida de catapulta. No deja de tener una configuración técnica «de libro», con un motor central que equilibra pesos y las reacciones provocadas por las inercias. Tiene todo para batir sin piedad al 911, básicamente por facilidad de conducción.

Los números finales del Cayman R no le sirven para ver claramente al Cayman Spor el espejo retrovisor. Diferencias ridículas, aunque esas otras diferencias, las sensoriales, lo coloquen en otra dimensión. Que haya frenado peor que el Cayman S debe ser la excepción que confirme la regla, porque como todoPorsche, no sólo ha bajado de los 70 metros, sino que el trato abusivo y despiadado parece no hacer mella en sus resultados.

Protagonista, su boxer
El Cayman R está en una dimensión «intimidadora», también para quien nos ve venir, por una feroz capacidad de aceleración —y aguerrido bramido de su boxer— que parece restar segundos al tiempo. Soberbio el PDK en este ambiente R.

De curva a curva
El Porsche de mejores y más equilibradas maneras para explotar su deportividad es el Cayman. Y ni la «radica- lidad» del R exige dosis de pericia. Su electrónica deja acercarse, no entrar, al punto de no retorno.

¿Para ir por la calle?
Qué más da cuando la sarna con gusto no pica. No hay esfuerzos en sus bajos backets, ni decibelios que ensordezcan nuestros tímpanos, ni sequedad en descarnados asfaltos... Sólo la climatización —opcional— parece necesaria.

Exclusivo
No seremos en carretera más rápidos que un Cayman S de 320 CV y 9000 euros menos, pero por sensaciones nos lo parecerá. Ese halo de versión «R», trabajada en todos sus puntos por y para la deportividad, es su valor añadido.

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