Opel Omega 2.2 Dti Elegance

Desde la desaparición del Senator, Opel ha renunciado a los vehículos tope de gama. Sin embargo, el Omega continúa presentándose como una correcta opción de un constructor generalista para aquellos que desean mejorar las dotes de comodidad y representatividad que proporciona, por ejemplo, su hermano Vectra.
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Opel Omega 2.2 Dti Elegance
Opel Omega 2.2 Dti Elegance

Esta versión es quizás la más recomendada para Europa, donde el precio de la gasolina es el gran inconveniente de los vehículos de los segmentos altos. Pero hay que tener los pies en el suelo y contemplar la oferta de berlinas medias turbodiésel de gran brillantez existentes, con motores incluso más vigorosos. De ahí que en la ecuación peso, potencia, desarrollos -por cierto, estos últimos, largos, pero nada desmesurados- se despeja una incógnita en la forma de prestaciones no excesivamente brillantes para lo que puede exigirse a un vehículo del precio del Omega. A su favor juega que, una vez puestos en carretera, se pueden mantener cruceros elevados, pero los 120 CV del propulsor se muestran insuficientes cuando se trata de variar el ritmo. Hay que destacar que lo que sí conseguimos es desplazarnos con unos consumos bastante buenos, que además resultan constantes, aunque aumentemos los cruceros, ya que resulta complicado sobrepasar los nueve litros cada cien kilómetros en carretera. Buena nota también a los frenos, tanto por potencia como por dosificación, permitiéndonos un uso intensivo sin que pierdan eficacia.

Las cualidades que afectan a la comodidad se ven realzadas en el interior del Omega. Ya hemos comentado que por las suspensiones no hay problemas en este sentido. Tampoco por los asientos, bastante cómodos y bien resueltos: sujetan sin agobios pero con eficacia. La postura es buena y aunque el sistema de regulación del volante es impresentable, con la regulación eléctrica de asientos opcional nos colocaremos bastante bien en el puesto de conducción. También hay que destacar las buenas plazas posteriores, habitualmente no demasiado cuidadas, pero que en un coche de este tamaño ya se tienen bien en cuenta.

El salpicadero mantiene las constantes, con una zona central muy voluminosa, que antes era más redondeada y ahora tienen ángulos más rectos. Quizás el actual diseño es visualmente muy "americano", pero tiene calidad y es bastante práctico, aunque en el centro no existan demasiados huecos para dejar objetos. Desde el punto de vista de equipamiento, está también bien servido, ya que su dotación de serie es generosa. Destaca su completo equipo de sonido, que salvo el sistema de navegación -opcional por unas razonables 148.000 pesetas-, se ofrece sin coste adicional. Como no podía ser menos en un vehículo de sus dimensiones, el espacio interior es más que generoso. La anchura y altura del habitáculo están en la línea de sus dimensiones exteriores, lo que permitirá a cuatro plazas, o incluso a cinco, viajar sin apreturas e incluso llevar en un maletero de casi 500 litros todo lo necesario.

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