Opel Astra 2.0 DTi Caravan / Renault Mégane Break 1.9 dTi

Las variantes familiares de Astra y Mégane cuentan con dos respectivas versiones turbodiésel de inyección directa e idéntica potencia. Sin duda, las más indicadas para aprovechar las mayores posibilidades de carga que ofrecen sus carrocerías de tipo break.
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Opel Astra 2.0 DTi Caravan / Renault Mégane Break 1.9 dTi
Opel Astra 2.0 DTi Caravan / Renault Mégane Break 1.9 dTi

El último en incorporarse a la amplia familia Mégane ha sido el Break, una versión que trata de ofrecer los valores de amplitud y versatilidad del Scénic desde un punto de vista más tradicional. Ofrece espacio para cinco personas —aunque no en asientos individuales y modulables— y un amplio maletero, pero con una longitud exterior mucho más considerable. Lo mismo le sucede al Astra Caravan, aunque, en su caso, el Zafira exhibe su particular diseño interior, en el que hay cabida hasta para siete plazas. Por ello, tanto uno como otro coinciden en sus planteamientos como vehículos familiares, en los que la habitabilidad y, especialmente, la capacidad y posibilidades de utilización del maletero suponen una baza importante en la elección final. Sin embargo, en ambos casos se mantienen las cotas de los respectivos bastidores frente a las versiones de cuatro puertas, por lo que la propia habitabilidad para el pasaje queda algo limitada al no variar la distancia entre ejes. Los centímetros extras que se ganan en la longitud exterior son el resultado de alargar el voladizo trasero y casi todos ellos van a parar al maletero, sin duda, el gran beneficiado. Porque, aunque el volumen medido hasta la bandeja no es mucho mayor —40 litros más en el Astra y apenas 10 en el Mégane frente a sus respectivas berlinas—, si se aprovecha hasta el techo, las posibilidades de carga aumentan de forma evidente.

El plano de carga del Astra Caravan queda algo más bajo que el del Mégane, apenas dos centímetros, y la altura de la boca de carga es idéntica, pero la mayor anchura de la misma en el Astra (10 centímetros) le otorga a éste una mayor comodidad a la hora de cargar o descargar. Por el contrario, si abatimos los respaldos de los asientos traseros, la superficie de carga del Mégane es superior, pues ofrece nada menos que 168 centímetros frente a los 142 del Astra, lo que le permite albergar objetos más grandes. Los 4,40 metros de la carrocería del Mégane Break se imponen en este apartado. En lo que a la habitabilidad se refiere, ambos cumplen sobradamente para ofrecer un confort de marcha considerable. Lo más notorio tanto en uno como en otro es la importante ganancia de centímetros en la altura de las plazas traseras, que sirven, además, para aumentar la sensación de espacio. La ventaja en este sentido favorece ligeramente al Mégane Break, que dispone de algún centímetro más en el espacio para las piernas. En cualquier caso, cuatro personas con sus respectivos equipajes caben amplia y confortablemente y disfrutarán de un interior bien acabado y dotado de un equipamiento de serie muy completo, en el que sólo habría que añadir, en el caso del Astra, el aire acondicionado. ABS, doble airbag frontal y lateral, cuatro elevalunas eléctricos, cierre centralizado y retrovisores exteriores eléctricos dotan de lo necesario y suficiente para asegurar el máximo confort.

Para ayudar en este sentido, conviene un acertado tarado de amortiguación y unas suspensiones que realicen bien su trabajo, con un compromiso adecuado para cuando se circula con y sin carga en el maletero. El equilibrio que demuestra en este sentido el Mégane le hace incluso algo más confortable cuando el asfalto no está en perfectas condiciones, al absorber las irregularidades del mismo de una forma más eficiente. El comportamiento que ofrece su bastidor varía poco frente al Mégane Classic, lo que se traduce ante todo en unas reacciones muy nobles y en una estabilidad notable en el paso por curva. La dirección, sin ser un prodigio de tacto y precisión, cumple sin más, proporcionando el control necesario para abordar las zonas de curvas con confianza. El balanceo está bien contenido y, una vez en apoyo, se mantiene la trayectoria sin problemas, aunque lógicamente la agilidad para moverse por tramos virados no sea su punto fuerte. La zaga se inscribe sin reacciones extrañas en las curvas y requiere forzar mucho la situación para dejarse sentir. Los frenos, a pesar de los tambores traseros, cumplen sobradamente y, sólo si se abusa mucho de ellos en condiciones de carga, se aprecia una cierta tendencia a la fatiga.

El último en incorporarse a la amplia familia Mégane ha sido el Break, una versión que trata de ofrecer los valores de amplitud y versatilidad del Scénic desde un punto de vista más tradicional. Ofrece espacio para cinco personas —aunque no en asientos individuales y modulables— y un amplio maletero, pero con una longitud exterior mucho más considerable. Lo mismo le sucede al Astra Caravan, aunque, en su caso, el Zafira exhibe su particular diseño interior, en el que hay cabida hasta para siete plazas. Por ello, tanto uno como otro coinciden en sus planteamientos como vehículos familiares, en los que la habitabilidad y, especialmente, la capacidad y posibilidades de utilización del maletero suponen una baza importante en la elección final. Sin embargo, en ambos casos se mantienen las cotas de los respectivos bastidores frente a las versiones de cuatro puertas, por lo que la propia habitabilidad para el pasaje queda algo limitada al no variar la distancia entre ejes. Los centímetros extras que se ganan en la longitud exterior son el resultado de alargar el voladizo trasero y casi todos ellos van a parar al maletero, sin duda, el gran beneficiado. Porque, aunque el volumen medido hasta la bandeja no es mucho mayor —40 litros más en el Astra y apenas 10 en el Mégane frente a sus respectivas berlinas—, si se aprovecha hasta el techo, las posibilidades de carga aumentan de forma evidente.

El plano de carga del Astra Caravan queda algo más bajo que el del Mégane, apenas dos centímetros, y la altura de la boca de carga es idéntica, pero la mayor anchura de la misma en el Astra (10 centímetros) le otorga a éste una mayor comodidad a la hora de cargar o descargar. Por el contrario, si abatimos los respaldos de los asientos traseros, la superficie de carga del Mégane es superior, pues ofrece nada menos que 168 centímetros frente a los 142 del Astra, lo que le permite albergar objetos más grandes. Los 4,40 metros de la carrocería del Mégane Break se imponen en este apartado. En lo que a la habitabilidad se refiere, ambos cumplen sobradamente para ofrecer un confort de marcha considerable. Lo más notorio tanto en uno como en otro es la importante ganancia de centímetros en la altura de las plazas traseras, que sirven, además, para aumentar la sensación de espacio. La ventaja en este sentido favorece ligeramente al Mégane Break, que dispone de algún centímetro más en el espacio para las piernas. En cualquier caso, cuatro personas con sus respectivos equipajes caben amplia y confortablemente y disfrutarán de un interior bien acabado y dotado de un equipamiento de serie muy completo, en el que sólo habría que añadir, en el caso del Astra, el aire acondicionado. ABS, doble airbag frontal y lateral, cuatro elevalunas eléctricos, cierre centralizado y retrovisores exteriores eléctricos dotan de lo necesario y suficiente para asegurar el máximo confort.

Para ayudar en este sentido, conviene un acertado tarado de amortiguación y unas suspensiones que realicen bien su trabajo, con un compromiso adecuado para cuando se circula con y sin carga en el maletero. El equilibrio que demuestra en este sentido el Mégane le hace incluso algo más confortable cuando el asfalto no está en perfectas condiciones, al absorber las irregularidades del mismo de una forma más eficiente. El comportamiento que ofrece su bastidor varía poco frente al Mégane Classic, lo que se traduce ante todo en unas reacciones muy nobles y en una estabilidad notable en el paso por curva. La dirección, sin ser un prodigio de tacto y precisión, cumple sin más, proporcionando el control necesario para abordar las zonas de curvas con confianza. El balanceo está bien contenido y, una vez en apoyo, se mantiene la trayectoria sin problemas, aunque lógicamente la agilidad para moverse por tramos virados no sea su punto fuerte. La zaga se inscribe sin reacciones extrañas en las curvas y requiere forzar mucho la situación para dejarse sentir. Los frenos, a pesar de los tambores traseros, cumplen sobradamente y, sólo si se abusa mucho de ellos en condiciones de carga, se aprecia una cierta tendencia a la fatiga.

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