Citroën C5 2.0 HDI SX / Renault Laguna 1.9 dCi Expression

Dos coches bien concebidos, amplios, con mucho equipamiento y buena presentación, tanto el C5 de Citroën como el Laguna de Renault libran un duelo muy cercano y sin concesiones. En sus versiones turbodiésel medias, en torno a los 110 CV, la competencia es aún mayor, con características básicas muy semejantes.
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Citroën C5 2.0 HDI SX / Renault Laguna 1.9 dCi Expression
Citroën C5 2.0 HDI SX / Renault Laguna 1.9 dCi Expression

Sus respectivos orígenes, franceses; sus destinatarios, clientes de corte burgués y mediana edad; sus objetivos de precio, no pisar, ni de lejos, el terreno de los líderes germanos del segmento. Con estas premisas, Citroën y Renault se aprestan a disputarse cada una de las ventas que se realice en nuestro mercado con dos coches que, si no fuera por sus profundas diferencias estéticas, de suspensión y transmisión, comparten casi todo lo bueno que puede pedírsele a una berlina media.

Nuestros protagonistas tratarán de convertirse en los más vendidos de sus correspondientes gamas, pues no sólo las versiones a gasóleo están más que de moda, sino que éstas, precisamente, se emplazan en un nivel de precio que resulta relativamente asequible al comprador de este tipo de modelos. Ambos comparten una tecnología similar, inyección directa por conducto común y turbocompresor de geometría fija, lo que hace que su funcionamiento sea bastante similar entre ambos. Eso sí, el motor Renault despierta un par de cientos de rpm antes y ya desde 1.500 rpm empuja de forma notable, lo que es destacable para un uso normal, en particular, si tenemos en cuenta que, con seis marchas, en caso de no responder bien a bajo régimen, estaríamos abocados a un uso inmisericorde y continuo del cambio de marchas.

Esta brillante respuesta a bajo régimen tiene, si cabe, más mérito, dada la menor cilindrada que posee frente al motor HDI. Lo más curioso, y que queda demostrado por el estudio de las curvas de par, es que la ventaja en la energía de su respuesta se traslada a toda la banda de utilización. Toda una demostración de buen diseño. Esto no implica que en el C5 se sienta una falta de respuesta, ni mucho menos. De hecho, en las cifras de prestaciones el Citroën se muestra más rápido en todas las mediciones. Si tenemos en cuenta que las relaciones de transmisión en las cinco primeras marchas son similares, la diferencia de peso parece jugar un papel primordial. Y decimos cinco primeras, porque una de las diferencias entre ambos es el uso de un cambio de seis marchas en el Laguna. La sexta se dirige, exclusivamente, a una rebaja en el consumo, pues a causa de su gran desmultiplicación en ella le cuesta mucho llegar a la velocidad máxima. De hecho, el Laguna resulta muy comedido en el gasto, un detalle cada día más apreciado.

Sus respectivos orígenes, franceses; sus destinatarios, clientes de corte burgués y mediana edad; sus objetivos de precio, no pisar, ni de lejos, el terreno de los líderes germanos del segmento. Con estas premisas, Citroën y Renault se aprestan a disputarse cada una de las ventas que se realice en nuestro mercado con dos coches que, si no fuera por sus profundas diferencias estéticas, de suspensión y transmisión, comparten casi todo lo bueno que puede pedírsele a una berlina media.

Nuestros protagonistas tratarán de convertirse en los más vendidos de sus correspondientes gamas, pues no sólo las versiones a gasóleo están más que de moda, sino que éstas, precisamente, se emplazan en un nivel de precio que resulta relativamente asequible al comprador de este tipo de modelos. Ambos comparten una tecnología similar, inyección directa por conducto común y turbocompresor de geometría fija, lo que hace que su funcionamiento sea bastante similar entre ambos. Eso sí, el motor Renault despierta un par de cientos de rpm antes y ya desde 1.500 rpm empuja de forma notable, lo que es destacable para un uso normal, en particular, si tenemos en cuenta que, con seis marchas, en caso de no responder bien a bajo régimen, estaríamos abocados a un uso inmisericorde y continuo del cambio de marchas.

Esta brillante respuesta a bajo régimen tiene, si cabe, más mérito, dada la menor cilindrada que posee frente al motor HDI. Lo más curioso, y que queda demostrado por el estudio de las curvas de par, es que la ventaja en la energía de su respuesta se traslada a toda la banda de utilización. Toda una demostración de buen diseño. Esto no implica que en el C5 se sienta una falta de respuesta, ni mucho menos. De hecho, en las cifras de prestaciones el Citroën se muestra más rápido en todas las mediciones. Si tenemos en cuenta que las relaciones de transmisión en las cinco primeras marchas son similares, la diferencia de peso parece jugar un papel primordial. Y decimos cinco primeras, porque una de las diferencias entre ambos es el uso de un cambio de seis marchas en el Laguna. La sexta se dirige, exclusivamente, a una rebaja en el consumo, pues a causa de su gran desmultiplicación en ella le cuesta mucho llegar a la velocidad máxima. De hecho, el Laguna resulta muy comedido en el gasto, un detalle cada día más apreciado.

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