Opel Omega 3.2 V6 / Peugeot 607 3.0 V6 Pack

Aunque el segmento de las berlinas de lujo parece un coto privado de libre acceso únicamente a las marcas elitistas por tradición, existen otras realizaciones: las de los constructores generalistas. En el caso de estos dos tope de gama de Opel y Peugeot, ofrecen también altas satisfacciones para alimentar el ego del usuario.
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Opel Omega 3.2 V6 / Peugeot 607 3.0 V6 Pack
Opel Omega 3.2 V6 / Peugeot 607 3.0 V6 Pack

Mientras Audi, BMW o Mercedes extienden sus redes hacia segmentos inferiores para ampliar horizontes y dividendos, las marcas generalistas responden tratando de hacerse hueco en los segmentos superiores, también en busca de nuevos horizontes… aunque sus responsables hagan malabares para conseguir rentabilidad. Resulta obvio que el reconocimiento y aceptación que reciben en sus nuevos menesteres los primeros no llega con la misma intensidad a los segundos, que nacen "señalados" por el logotipo de sus calandras. Sufren en muchos casos de prejuicios injustificados… pero ya se sabe aquello de lo de la mujer del César, que además de serlo tiene que parecerlo.

En este sentido, el Peugeot 607 es claramente la propuesta más ambiciosa por parte de un fabricante generalista hasta la fecha, y esta vez no es el cumplido hacia la última novedad (pobre de aquél en esta época que no mejore lo ya existente). Este 607 no tiene pinta de sonrojarse ante la mirada de codiciados especialistas —A6, Serie 5, Clase E, S80—, convenciendo al día de hoy, mucho más de lo que lo hizo el Peugeot 605 en su tiempo, que vino con propósitos similares. Y aunque no sólo lo hace por cuestiones estéticas, su estampa ya se encarga desde el primer momento de transmitir calidad visual y exclusividad. Prueba de ello es que, llevando un año en el mercado, el 607 todavía hace girar la cabeza y arranca gestos de aprobación a muchos usuarios. El Omega no puede presumir de lo mismo, basicamente por su imagen más gastada y su estilo menos personal. El factor "primera impresión" se lo lleva de calle el 607 y se repite al introducirnos en los respectivos habitáculos, donde el modelo francés nos traslada a una atmósfera con una calidad visual y funcional —la lista de equipamiento parece interminable— de primerísima categoría. El Omega mantiene el tipo con algunas reservas, pero el tiempo le pasa factura en el diseño del salpicadero y en algunos detalles funcionales, como el reglaje del volante, sólo de altura mediante pivotamiento, lo que varía en exceso su verticalidad respecto al conductor.

En el caso de las mecánicas, ambos modelos recurren al mejor repertorio tecnológico disponible en cada marca, con motores V6 de gasolina de excelente rendimiento, con 207 y 218 CV CEE en el 607 y Omega respectivamente. El silencio y la suavidad son otros de los factores comunes en ambas mecánicas, en los que incide el 607 con mayor énfasis, algo que traslada al tacto general del coche. Asociados ambos motores a cambios automáticos de cuatro velocidades (el Peugeot se ofrece también con cambio manual) el funcionamiento del 3.0 V6 francés resulta encomiablemente fino y progresivo. Su inicio de marcha es más suave, la escalada de vueltas parece casi eléctrica, y los cambios de velocidades se suceden de manera exquisita, sin apenas percibirse. El 3.2 V6 alemán —que sustituye al anterior 3 litros, mejorando rendimiento y emisiones— es más temperamental. Se siente y se escucha más, aunque para nada desagrada, como buen V6. Desde el primer milímetro de acelerador el inicio de la marcha es instantánea, la escalada de vueltas más contundente, pero también los cambios de marchas menos disimulados. Con el cronómetro en la mano, el Omega se impone en prestaciones puras, algo testimonial, porque el cambio automático del 607 contribuye a conseguir un mayor agrado de conducción en el modelo francés. Con una gestión electrónica más elaborada, los cambios de velocidades son seleccionados con mayor rigor, aguantando las marchas intermedias a baja/media velocidad, intuyendo mejor las reducciones de marchas, reteniendo si se levanta rápido el pie del acelerador, etc, con el plus añadido de poder decidir nosotros mismos los cambios gracias a la variante manual/secuencial. Sólo la falta de una quinta relación que evitara, al igual que en el Opel, los acusado saltos entre marchas, principalmente en reducciones, que conllevan molestos aumentos de régimen —de cuarta a tercera, unas 1.500 rpm—, no le permite redondear este agradable panorama. El cambio del Opel es más clásico en todos los sentidos y se adapta peor a condiciones de marcha que no sean ideales, aunque en su descargo hay que señalar la voluntariedad del motor, que empuja con fuerza a cualquier régimen y maquilla, bastante bien por cierto, el resultado final.

Mientras Audi, BMW o Mercedes extienden sus redes hacia segmentos inferiores para ampliar horizontes y dividendos, las marcas generalistas responden tratando de hacerse hueco en los segmentos superiores, también en busca de nuevos horizontes… aunque sus responsables hagan malabares para conseguir rentabilidad. Resulta obvio que el reconocimiento y aceptación que reciben en sus nuevos menesteres los primeros no llega con la misma intensidad a los segundos, que nacen "señalados" por el logotipo de sus calandras. Sufren en muchos casos de prejuicios injustificados… pero ya se sabe aquello de lo de la mujer del César, que además de serlo tiene que parecerlo.

En este sentido, el Peugeot 607 es claramente la propuesta más ambiciosa por parte de un fabricante generalista hasta la fecha, y esta vez no es el cumplido hacia la última novedad (pobre de aquél en esta época que no mejore lo ya existente). Este 607 no tiene pinta de sonrojarse ante la mirada de codiciados especialistas —A6, Serie 5, Clase E, S80—, convenciendo al día de hoy, mucho más de lo que lo hizo el Peugeot 605 en su tiempo, que vino con propósitos similares. Y aunque no sólo lo hace por cuestiones estéticas, su estampa ya se encarga desde el primer momento de transmitir calidad visual y exclusividad. Prueba de ello es que, llevando un año en el mercado, el 607 todavía hace girar la cabeza y arranca gestos de aprobación a muchos usuarios. El Omega no puede presumir de lo mismo, basicamente por su imagen más gastada y su estilo menos personal. El factor "primera impresión" se lo lleva de calle el 607 y se repite al introducirnos en los respectivos habitáculos, donde el modelo francés nos traslada a una atmósfera con una calidad visual y funcional —la lista de equipamiento parece interminable— de primerísima categoría. El Omega mantiene el tipo con algunas reservas, pero el tiempo le pasa factura en el diseño del salpicadero y en algunos detalles funcionales, como el reglaje del volante, sólo de altura mediante pivotamiento, lo que varía en exceso su verticalidad respecto al conductor.

En el caso de las mecánicas, ambos modelos recurren al mejor repertorio tecnológico disponible en cada marca, con motores V6 de gasolina de excelente rendimiento, con 207 y 218 CV CEE en el 607 y Omega respectivamente. El silencio y la suavidad son otros de los factores comunes en ambas mecánicas, en los que incide el 607 con mayor énfasis, algo que traslada al tacto general del coche. Asociados ambos motores a cambios automáticos de cuatro velocidades (el Peugeot se ofrece también con cambio manual) el funcionamiento del 3.0 V6 francés resulta encomiablemente fino y progresivo. Su inicio de marcha es más suave, la escalada de vueltas parece casi eléctrica, y los cambios de velocidades se suceden de manera exquisita, sin apenas percibirse. El 3.2 V6 alemán —que sustituye al anterior 3 litros, mejorando rendimiento y emisiones— es más temperamental. Se siente y se escucha más, aunque para nada desagrada, como buen V6. Desde el primer milímetro de acelerador el inicio de la marcha es instantánea, la escalada de vueltas más contundente, pero también los cambios de marchas menos disimulados. Con el cronómetro en la mano, el Omega se impone en prestaciones puras, algo testimonial, porque el cambio automático del 607 contribuye a conseguir un mayor agrado de conducción en el modelo francés. Con una gestión electrónica más elaborada, los cambios de velocidades son seleccionados con mayor rigor, aguantando las marchas intermedias a baja/media velocidad, intuyendo mejor las reducciones de marchas, reteniendo si se levanta rápido el pie del acelerador, etc, con el plus añadido de poder decidir nosotros mismos los cambios gracias a la variante manual/secuencial. Sólo la falta de una quinta relación que evitara, al igual que en el Opel, los acusado saltos entre marchas, principalmente en reducciones, que conllevan molestos aumentos de régimen —de cuarta a tercera, unas 1.500 rpm—, no le permite redondear este agradable panorama. El cambio del Opel es más clásico en todos los sentidos y se adapta peor a condiciones de marcha que no sean ideales, aunque en su descargo hay que señalar la voluntariedad del motor, que empuja con fuerza a cualquier régimen y maquilla, bastante bien por cierto, el resultado final.

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