Citroën C5 2.0 HDI SX Break / Ford Mondeo TDdi Wagon Ghia / Renault Laguna Grand Tour 1.9 dCi Expression

Las versiones familiares a la antigua usanza están dejando paso a modelos más trabajados estéticamente, con similares dotes prácticas, pero con una imagen más cuidada, distintiva y atractiva. Estas tres versiones turbodiesel que ahora comparamos, evoluciones de las berlinas medias más interesantes del momento, se encargan de demostrarnos que la dirección seguida es acertada.
Autopista -
Citroën C5 2.0 HDI SX Break / Ford Mondeo TDdi Wagon Ghia / Renault Laguna Grand Tour 1.9 dCi Expression
Citroën C5 2.0 HDI SX Break / Ford Mondeo TDdi Wagon Ghia / Renault Laguna Grand Tour 1.9 dCi Expression

El auge en la Unión Europea de los modelos break, familiares, station wagon o como queramos llamarlos, es notable. Quizás en nuestro país esta moda está atenuada por la proliferación de los vehículos monovolumen compactos y por una gran dificultad en romper anteriores prejuicios, que impiden aceptar esta línea más práctica, versátil y habitable. En nuestro país los cálculos de Citroën —el recién llegado con su C5— sitúan las ventas de esta carrocería en un diez por ciento del total de su modelo, todavía nos quedaríamos muy lejos del 61 por ciento de Italia o de cerca del cincuenta por ciento de las peticiones que se reciben en Alemania.

Salvada la barrera psicológica, todo son ventajas. Disfrutamos de similares habitáculos para los ocupantes, con el mismo refinamiento en cuanto a dotación, cuando no un mayor espacio por la reubicación de las banquetas traseras —lo que en esta ocasión no sucede— y, sobre todo, tenemos una capacidad de carga que se convierte en su mejor argumento.

Aquí es cuando comienzan las personalidades de cada uno de los modelos en contienda. Citroën y Ford son más convencionales en el estilo de la zaga, alejándose de la falta de imaginación de anteriores diseños, pero sin renunciar a resultados de tipo práctico. Renault, por el contrario, sacrifica en cierta medida lo práctico, desarrollando una estética coupé de la zona posterior de la carrocería exclusiva, en un intento de vencer reticencias ancestrales. Lo hace a costa de reducir un poco la capacidad total del maletero por encima de la bandeja e incluso no consigue una cifra muy llamativa por debajo del borde superior del respaldo trasero, sólo 460 litros, cuando sus dos rivales pasan del medio metro cúbico de capacidad. Citroën se apunta aquí el mejor tanto. El C5 es, de los tres, el más habitable, y el que ofrece una mayor capacidad de maletero. Se podrá argumentar que también es, junto con el Mondeo, el más grande, pero en conjunto es el que cubre la faceta práctica con mejores resultados finales, obtiene el mejor rendimiento y aporta más detalles específicos muy adaptados a la nueva función. Por ejemplo, se ayuda de la suspensión Hidroactiva 3 para permitir modificar la altura de carga trasera, que puede fluctuar —a toque de botón desde el propio maletero— entre unos mínimos 49 centímetros hasta una altura máxima de 65, lo que resulta muy cómodo para cargarlo. Comparte con el Laguna la posibilidad de abrir de forma independiente la luneta posterior para acceder al maletero. Otro detalle: al abatir el asiento trasero puede extraerse la banqueta, con lo que se consigue una mayor y más regular superficie de carga.

El resto del interior es similar al de las berlinas. Sólo con mirarlos, aunque sea rápidamente, notamos la diferente procedencia. El Mondeo goza de un diseño interior, para nuestro gusto superior, pero no deja a sus otros dos rivales demasiado atrasados. Está bien rematado, pero en algunos detalles nos parece ligeramente por debajo del Laguna.

El C5 queda siempre en estos aspectos bien colocado. Los asientos del Mondeo también son un poco más cómodos que los de sus dos rivales, aunque no arreglan lo que las suspensiones han dejado de filtrar. En este sentido, no consigue luchar con ninguno de los dos rivales franceses a la hora de producir comodidad de marcha, ya sea por la sequedad de oscilaciones como por agrado de conducción. Es el que menos nos aisla de las vibraciones del motor y en definitiva, el que resulta en este sentido menos refinado. Un diez para el Laguna, y sobresaliente para el C5.

Cualquiera de estos modelos reúne todo lo último en equipo y dotación de seguridad. Los cuatro elevalunas eléctricos, cierres centralizados con mandos a distancia, sistemas antibloqueo de frenos con asistente de frenada de emergencia, climatizadores, airbags frontales, laterales y de cortina y un amplio etcétera, forman la completa dotación de serie de todos estos modelos. Sin embargo, el Renault Laguna aventaja al Citroën y al Ford por disponer de algunos elementos originales, como la llave de contacto mediante tarjeta, o la implantación generalizada del ESP y la presión de neumáticos en estas versiones Diesel, al margen de ofrecer bastantes elementos opcionales con los que completar el vehículo.

El auge en la Unión Europea de los modelos break, familiares, station wagon o como queramos llamarlos, es notable. Quizás en nuestro país esta moda está atenuada por la proliferación de los vehículos monovolumen compactos y por una gran dificultad en romper anteriores prejuicios, que impiden aceptar esta línea más práctica, versátil y habitable. En nuestro país los cálculos de Citroën —el recién llegado con su C5— sitúan las ventas de esta carrocería en un diez por ciento del total de su modelo, todavía nos quedaríamos muy lejos del 61 por ciento de Italia o de cerca del cincuenta por ciento de las peticiones que se reciben en Alemania.

Salvada la barrera psicológica, todo son ventajas. Disfrutamos de similares habitáculos para los ocupantes, con el mismo refinamiento en cuanto a dotación, cuando no un mayor espacio por la reubicación de las banquetas traseras —lo que en esta ocasión no sucede— y, sobre todo, tenemos una capacidad de carga que se convierte en su mejor argumento.

Aquí es cuando comienzan las personalidades de cada uno de los modelos en contienda. Citroën y Ford son más convencionales en el estilo de la zaga, alejándose de la falta de imaginación de anteriores diseños, pero sin renunciar a resultados de tipo práctico. Renault, por el contrario, sacrifica en cierta medida lo práctico, desarrollando una estética coupé de la zona posterior de la carrocería exclusiva, en un intento de vencer reticencias ancestrales. Lo hace a costa de reducir un poco la capacidad total del maletero por encima de la bandeja e incluso no consigue una cifra muy llamativa por debajo del borde superior del respaldo trasero, sólo 460 litros, cuando sus dos rivales pasan del medio metro cúbico de capacidad. Citroën se apunta aquí el mejor tanto. El C5 es, de los tres, el más habitable, y el que ofrece una mayor capacidad de maletero. Se podrá argumentar que también es, junto con el Mondeo, el más grande, pero en conjunto es el que cubre la faceta práctica con mejores resultados finales, obtiene el mejor rendimiento y aporta más detalles específicos muy adaptados a la nueva función. Por ejemplo, se ayuda de la suspensión Hidroactiva 3 para permitir modificar la altura de carga trasera, que puede fluctuar —a toque de botón desde el propio maletero— entre unos mínimos 49 centímetros hasta una altura máxima de 65, lo que resulta muy cómodo para cargarlo. Comparte con el Laguna la posibilidad de abrir de forma independiente la luneta posterior para acceder al maletero. Otro detalle: al abatir el asiento trasero puede extraerse la banqueta, con lo que se consigue una mayor y más regular superficie de carga.

El resto del interior es similar al de las berlinas. Sólo con mirarlos, aunque sea rápidamente, notamos la diferente procedencia. El Mondeo goza de un diseño interior, para nuestro gusto superior, pero no deja a sus otros dos rivales demasiado atrasados. Está bien rematado, pero en algunos detalles nos parece ligeramente por debajo del Laguna.

El C5 queda siempre en estos aspectos bien colocado. Los asientos del Mondeo también son un poco más cómodos que los de sus dos rivales, aunque no arreglan lo que las suspensiones han dejado de filtrar. En este sentido, no consigue luchar con ninguno de los dos rivales franceses a la hora de producir comodidad de marcha, ya sea por la sequedad de oscilaciones como por agrado de conducción. Es el que menos nos aisla de las vibraciones del motor y en definitiva, el que resulta en este sentido menos refinado. Un diez para el Laguna, y sobresaliente para el C5.

Cualquiera de estos modelos reúne todo lo último en equipo y dotación de seguridad. Los cuatro elevalunas eléctricos, cierres centralizados con mandos a distancia, sistemas antibloqueo de frenos con asistente de frenada de emergencia, climatizadores, airbags frontales, laterales y de cortina y un amplio etcétera, forman la completa dotación de serie de todos estos modelos. Sin embargo, el Renault Laguna aventaja al Citroën y al Ford por disponer de algunos elementos originales, como la llave de contacto mediante tarjeta, o la implantación generalizada del ESP y la presión de neumáticos en estas versiones Diesel, al margen de ofrecer bastantes elementos opcionales con los que completar el vehículo.

El auge en la Unión Europea de los modelos break, familiares, station wagon o como queramos llamarlos, es notable. Quizás en nuestro país esta moda está atenuada por la proliferación de los vehículos monovolumen compactos y por una gran dificultad en romper anteriores prejuicios, que impiden aceptar esta línea más práctica, versátil y habitable. En nuestro país los cálculos de Citroën —el recién llegado con su C5— sitúan las ventas de esta carrocería en un diez por ciento del total de su modelo, todavía nos quedaríamos muy lejos del 61 por ciento de Italia o de cerca del cincuenta por ciento de las peticiones que se reciben en Alemania.

Salvada la barrera psicológica, todo son ventajas. Disfrutamos de similares habitáculos para los ocupantes, con el mismo refinamiento en cuanto a dotación, cuando no un mayor espacio por la reubicación de las banquetas traseras —lo que en esta ocasión no sucede— y, sobre todo, tenemos una capacidad de carga que se convierte en su mejor argumento.

Aquí es cuando comienzan las personalidades de cada uno de los modelos en contienda. Citroën y Ford son más convencionales en el estilo de la zaga, alejándose de la falta de imaginación de anteriores diseños, pero sin renunciar a resultados de tipo práctico. Renault, por el contrario, sacrifica en cierta medida lo práctico, desarrollando una estética coupé de la zona posterior de la carrocería exclusiva, en un intento de vencer reticencias ancestrales. Lo hace a costa de reducir un poco la capacidad total del maletero por encima de la bandeja e incluso no consigue una cifra muy llamativa por debajo del borde superior del respaldo trasero, sólo 460 litros, cuando sus dos rivales pasan del medio metro cúbico de capacidad. Citroën se apunta aquí el mejor tanto. El C5 es, de los tres, el más habitable, y el que ofrece una mayor capacidad de maletero. Se podrá argumentar que también es, junto con el Mondeo, el más grande, pero en conjunto es el que cubre la faceta práctica con mejores resultados finales, obtiene el mejor rendimiento y aporta más detalles específicos muy adaptados a la nueva función. Por ejemplo, se ayuda de la suspensión Hidroactiva 3 para permitir modificar la altura de carga trasera, que puede fluctuar —a toque de botón desde el propio maletero— entre unos mínimos 49 centímetros hasta una altura máxima de 65, lo que resulta muy cómodo para cargarlo. Comparte con el Laguna la posibilidad de abrir de forma independiente la luneta posterior para acceder al maletero. Otro detalle: al abatir el asiento trasero puede extraerse la banqueta, con lo que se consigue una mayor y más regular superficie de carga.

El resto del interior es similar al de las berlinas. Sólo con mirarlos, aunque sea rápidamente, notamos la diferente procedencia. El Mondeo goza de un diseño interior, para nuestro gusto superior, pero no deja a sus otros dos rivales demasiado atrasados. Está bien rematado, pero en algunos detalles nos parece ligeramente por debajo del Laguna.

El C5 queda siempre en estos aspectos bien colocado. Los asientos del Mondeo también son un poco más cómodos que los de sus dos rivales, aunque no arreglan lo que las suspensiones han dejado de filtrar. En este sentido, no consigue luchar con ninguno de los dos rivales franceses a la hora de producir comodidad de marcha, ya sea por la sequedad de oscilaciones como por agrado de conducción. Es el que menos nos aisla de las vibraciones del motor y en definitiva, el que resulta en este sentido menos refinado. Un diez para el Laguna, y sobresaliente para el C5.

Cualquiera de estos modelos reúne todo lo último en equipo y dotación de seguridad. Los cuatro elevalunas eléctricos, cierres centralizados con mandos a distancia, sistemas antibloqueo de frenos con asistente de frenada de emergencia, climatizadores, airbags frontales, laterales y de cortina y un amplio etcétera, forman la completa dotación de serie de todos estos modelos. Sin embargo, el Renault Laguna aventaja al Citroën y al Ford por disponer de algunos elementos originales, como la llave de contacto mediante tarjeta, o la implantación generalizada del ESP y la presión de neumáticos en estas versiones Diesel, al margen de ofrecer bastantes elementos opcionales con los que completar el vehículo.

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