Audi S8 / Mercedes S55 AMG

El Audi S8 y el Mercedes S55 AMG son un claro exponente de lo que son capaces de conseguir ambas marcas cuando agitan la coctelera de sus preparaciones estrella.
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Audi S8 / Mercedes S55 AMG
Audi S8 / Mercedes S55 AMG

No hay más que echar un vistazo a las prestaciones para darse cuenta de que no estamos exagerando absolutamente nada. El Mercedes, a pesar de la implantación de unos desarrollos finales del cambio más bien largos, supera al Audi en todas las mediciones con cierta holgura. A la hora de enfrentarse a nuestra "quinta rueda", el S 55 AMG demuestra de lo que es capaz. Y es que bajar de 26 segundos en alcanzar los 1.000 metros en aceleración o conseguir pasar de 80 a 120 km/h en menos de 4 segundos, son cifras que se corresponden mejor con modelos de talante y corte deportivo que con una berlina de 2 toneladas de peso y un planteamiento y equipamiento de auténtico lujo. El Audi tampoco se queda muy atrás en este apartado. Bien es cierto que necesita casi un segundo más que el Mercedes en casi todas las mediciones, pero, cuando se llega a un extremo como el que ofrecen estos vehículos, estas diferencias quedan en un segundo plano.

Si las prestaciones resultan impresionantes en todos los términos, el comportamiento dinámico de ambos modelos resulta poco menos que espectacular. Y es que comprobar con qué suavidad, firmeza y seguridad se mueven ambos vehículos por la carretera, independientemente de su trazado o estado del firme, resulta verdaderamente sorprendente. El S8 cuenta con la ventaja de la tracción total, lo que, unido a su control de estabilidad, permite circular verdaderamente deprisa por todo tipo de trazados. Unicamente las inercias producidas por su masa nos servirán como referencia para saber que estamos rodando muy deprisa, ya que el resto de las sensaciones al volante apenas nos indican a qué velocidad nos estamos moviendo. El S 55, a pesar de su tamaño y peso, no se queda atrás en este aspecto. Aunque la primera impresión cuando estamos sentados al volante es de que con esas dimensiones no se cabe en una carretera de tipo local, lo cierto es que, al poco tiempo de rodar por este tipo de trazados, nos damos cuenta de que estábamos totalmente equivocados y que se puede ir con la misma rapidez, o más, que con el S8.

Evidentemente, donde mejor partido se le sacan a estos vehículos es en carreteras con asfalto perfecto y curvas de amplio radio, que es donde de verdad se puede desarrollar mejor su potencial. En este tipo de terrenos, es el S 55 el que ofrece un mejor comportamiento. Y es que la suspensión del Mercedes es lo mejor que se puede tener para ir deprisa por autopistas. La firmeza y el aplomo con que el coche supera las juntas transversales o los badenes y la rapidez con que digiere los cambios de apoyo, son verdaderamente espectaculares. En este apartado también se agradece la ayuda de las suspensiones, con conjuntos neumáticos en lugar de muelles y amortiguadores adaptativos -de serie-, que controlan a la perfección los movimientos de la carrocería. Además, la dirección cuenta con un gran aplomo y mantiene informado a la perfección al conductor de todo lo que sucede entre las ruedas y el suelo, algo que no se puede decir del Audi, ya que la dirección, excesivamente blanda, no permite dirigir al coche con total fidelidad cuando rodamos verdaderamente deprisa, debido a la falta de sensibilidad que transmite el volante, lo que resta cierta confianza a su conductor. En ambos modelos el equipo de frenos está a la altura de sus prestaciones, y no sólo detienen al vehículo en unas distancias cortas, sino que, además, ofrecen una alta resistencia al trabajo duro. Y esto último se agradece, ya que, cuando se viaja intentando sacar todo el potencial de estos vehículos, el resto del tráfico nos obliga a ir constantemente haciendo uso de los frenos. Hablar de cuánto gasta un modelo de estas características, que tiene un precio astronómico y corre como un auténtico "demonio", parece no tener mucho sentido, ya que su afortunado poseedor no deberá tener muchos problemas para llenar el depósito cuantas veces lo requiera el coche. No obstante, aunque ninguno de los dos son precisamente comedidos a la hora de consumir combustible, tampoco se puede decir que éste sea excesivo. A velocidades legales mantienen unos consumos razonables, pero, en cuanto la aguja del velocímetro se mantiene en la zona alta, el gasto se dispara de forma exponencial.

Resulta verdaderamente complicado encontrar un claro vencedor en esta confrontación, ya que cualquiera de ellos ofrece lo que se espera de un automóvil tan especial como lo son éstos. Audi tiene a su favor el hecho de su menor coste base y la presencia de su tracción integral; Mercedes cuenta con un automóvil confortable, rápido y eficaz en trazados sinuosos, con el añadido de su alto grado de confort interior, aunque su precio resulta un tanto desorbitado.

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