Fiat Stilo Abarth / Honda Civic Type-R / Seat León 1.8 T / Volkswagen Golf V5 Tiptronic

Dentro de los compactos deportivos encontramos un abanico de posibilidades que va desde un turismo rápido como el Golf V5 hasta lo más radical, puro y extremista de la filosofía samurai, el Honda Type-R.
Autopista -
Fiat Stilo Abarth / Honda Civic Type-R / Seat León 1.8 T / Volkswagen Golf V5 Tiptronic
Fiat Stilo Abarth / Honda Civic Type-R / Seat León 1.8 T / Volkswagen Golf V5 Tiptronic

Es un deportivo casi sin concesiones y en el que se sacrifica todo a favor de la mayor efectividad, en especial la comodidad, con una rumorosidad elevada en cuanto se rueda a alta velocidad y con un ruido de rodadura siempre presente y constante.

El Seat León es el más equilibrado. Apenas tiene defectos importantes y sus reacciones y sensaciones son deportivas pero sin extremismos. Las prestaciones son muy buenas y el motor empuja siempre con mucha fuerza gracias al auxilio de un turbo, que garantiza una excelente reacción al acelerador incluso a bajas vueltas. Cuenta con una caja de cambios de seis marchas y las suspensiones son firmes, pero sin llegar a ser incómodas, mientras que la sonoridad es la más baja de los cuatro. Representa el equilibrio y la racionalidad: muy rápido, con buen comportamiento en todo tipo de vías, fácil y muy útil para todo, tanto para viajar como para divertirse por una carretera de curvas. Su baja cilindrada le ayuda al buscar mínimos consumos, pero sólo se ofrece en cinco puertas, algo incompatible para algunos con la idea de deportivo.

Sin duda el más radical de todos es el Type-R. Esto sí es un deportivo y todo está pensado para proporcionar sensaciones. El motor es una verdadera joya que rinde 200 CV con sólo dos litros de cilindrada. Lo consigue gracias a una evolución del sistema de distribución variable tradicional de la marca, denominada ahora i-Vtec, con lo que alcanza las 8.000 rpm, después de una escalada de vueltas en la que nunca falta genio en la respuesta, incluso vuelve a renacer cuando se sobrepasan las 6.000 rpm. Es inevitable caer en la tentación de exprimirlo continuamente y de aprovechar siempre sus cualidades ayudado por un magnífico cambio de seis cortas marchas de deliciosa rapidez y precisión, cuya palanca, coronada por un pequeño pomo de aluminio, está situada a una cuarta del volante, en el centro del salpicadero, invitándonos a su uso. No hay medias tintas en la dureza de la suspensión: dura y seca para que los pegajosos neumáticos Bridgestone Potenza de perfil muy bajo pisen siempre el asfalto y se agarren como lapas. La estabilidad es altísima, con reacciones muy directas y vivas. Puede ser rapidísimo, pero exige mayor atención que los otros tres, porque acelera, frena y se agarra en niveles casi de competición.

Es un deportivo casi sin concesiones y en el que se sacrifica todo a favor de la mayor efectividad, en especial la comodidad, con una rumorosidad elevada en cuanto se rueda a alta velocidad y con un ruido de rodadura siempre presente y constante.

El Seat León es el más equilibrado. Apenas tiene defectos importantes y sus reacciones y sensaciones son deportivas pero sin extremismos. Las prestaciones son muy buenas y el motor empuja siempre con mucha fuerza gracias al auxilio de un turbo, que garantiza una excelente reacción al acelerador incluso a bajas vueltas. Cuenta con una caja de cambios de seis marchas y las suspensiones son firmes, pero sin llegar a ser incómodas, mientras que la sonoridad es la más baja de los cuatro. Representa el equilibrio y la racionalidad: muy rápido, con buen comportamiento en todo tipo de vías, fácil y muy útil para todo, tanto para viajar como para divertirse por una carretera de curvas. Su baja cilindrada le ayuda al buscar mínimos consumos, pero sólo se ofrece en cinco puertas, algo incompatible para algunos con la idea de deportivo.

Sin duda el más radical de todos es el Type-R. Esto sí es un deportivo y todo está pensado para proporcionar sensaciones. El motor es una verdadera joya que rinde 200 CV con sólo dos litros de cilindrada. Lo consigue gracias a una evolución del sistema de distribución variable tradicional de la marca, denominada ahora i-Vtec, con lo que alcanza las 8.000 rpm, después de una escalada de vueltas en la que nunca falta genio en la respuesta, incluso vuelve a renacer cuando se sobrepasan las 6.000 rpm. Es inevitable caer en la tentación de exprimirlo continuamente y de aprovechar siempre sus cualidades ayudado por un magnífico cambio de seis cortas marchas de deliciosa rapidez y precisión, cuya palanca, coronada por un pequeño pomo de aluminio, está situada a una cuarta del volante, en el centro del salpicadero, invitándonos a su uso. No hay medias tintas en la dureza de la suspensión: dura y seca para que los pegajosos neumáticos Bridgestone Potenza de perfil muy bajo pisen siempre el asfalto y se agarren como lapas. La estabilidad es altísima, con reacciones muy directas y vivas. Puede ser rapidísimo, pero exige mayor atención que los otros tres, porque acelera, frena y se agarra en niveles casi de competición.

Es un deportivo casi sin concesiones y en el que se sacrifica todo a favor de la mayor efectividad, en especial la comodidad, con una rumorosidad elevada en cuanto se rueda a alta velocidad y con un ruido de rodadura siempre presente y constante.

El Seat León es el más equilibrado. Apenas tiene defectos importantes y sus reacciones y sensaciones son deportivas pero sin extremismos. Las prestaciones son muy buenas y el motor empuja siempre con mucha fuerza gracias al auxilio de un turbo, que garantiza una excelente reacción al acelerador incluso a bajas vueltas. Cuenta con una caja de cambios de seis marchas y las suspensiones son firmes, pero sin llegar a ser incómodas, mientras que la sonoridad es la más baja de los cuatro. Representa el equilibrio y la racionalidad: muy rápido, con buen comportamiento en todo tipo de vías, fácil y muy útil para todo, tanto para viajar como para divertirse por una carretera de curvas. Su baja cilindrada le ayuda al buscar mínimos consumos, pero sólo se ofrece en cinco puertas, algo incompatible para algunos con la idea de deportivo.

Sin duda el más radical de todos es el Type-R. Esto sí es un deportivo y todo está pensado para proporcionar sensaciones. El motor es una verdadera joya que rinde 200 CV con sólo dos litros de cilindrada. Lo consigue gracias a una evolución del sistema de distribución variable tradicional de la marca, denominada ahora i-Vtec, con lo que alcanza las 8.000 rpm, después de una escalada de vueltas en la que nunca falta genio en la respuesta, incluso vuelve a renacer cuando se sobrepasan las 6.000 rpm. Es inevitable caer en la tentación de exprimirlo continuamente y de aprovechar siempre sus cualidades ayudado por un magnífico cambio de seis cortas marchas de deliciosa rapidez y precisión, cuya palanca, coronada por un pequeño pomo de aluminio, está situada a una cuarta del volante, en el centro del salpicadero, invitándonos a su uso. No hay medias tintas en la dureza de la suspensión: dura y seca para que los pegajosos neumáticos Bridgestone Potenza de perfil muy bajo pisen siempre el asfalto y se agarren como lapas. La estabilidad es altísima, con reacciones muy directas y vivas. Puede ser rapidísimo, pero exige mayor atención que los otros tres, porque acelera, frena y se agarra en niveles casi de competición.

Es un deportivo casi sin concesiones y en el que se sacrifica todo a favor de la mayor efectividad, en especial la comodidad, con una rumorosidad elevada en cuanto se rueda a alta velocidad y con un ruido de rodadura siempre presente y constante.

El Seat León es el más equilibrado. Apenas tiene defectos importantes y sus reacciones y sensaciones son deportivas pero sin extremismos. Las prestaciones son muy buenas y el motor empuja siempre con mucha fuerza gracias al auxilio de un turbo, que garantiza una excelente reacción al acelerador incluso a bajas vueltas. Cuenta con una caja de cambios de seis marchas y las suspensiones son firmes, pero sin llegar a ser incómodas, mientras que la sonoridad es la más baja de los cuatro. Representa el equilibrio y la racionalidad: muy rápido, con buen comportamiento en todo tipo de vías, fácil y muy útil para todo, tanto para viajar como para divertirse por una carretera de curvas. Su baja cilindrada le ayuda al buscar mínimos consumos, pero sólo se ofrece en cinco puertas, algo incompatible para algunos con la idea de deportivo.

Sin duda el más radical de todos es el Type-R. Esto sí es un deportivo y todo está pensado para proporcionar sensaciones. El motor es una verdadera joya que rinde 200 CV con sólo dos litros de cilindrada. Lo consigue gracias a una evolución del sistema de distribución variable tradicional de la marca, denominada ahora i-Vtec, con lo que alcanza las 8.000 rpm, después de una escalada de vueltas en la que nunca falta genio en la respuesta, incluso vuelve a renacer cuando se sobrepasan las 6.000 rpm. Es inevitable caer en la tentación de exprimirlo continuamente y de aprovechar siempre sus cualidades ayudado por un magnífico cambio de seis cortas marchas de deliciosa rapidez y precisión, cuya palanca, coronada por un pequeño pomo de aluminio, está situada a una cuarta del volante, en el centro del salpicadero, invitándonos a su uso. No hay medias tintas en la dureza de la suspensión: dura y seca para que los pegajosos neumáticos Bridgestone Potenza de perfil muy bajo pisen siempre el asfalto y se agarren como lapas. La estabilidad es altísima, con reacciones muy directas y vivas. Puede ser rapidísimo, pero exige mayor atención que los otros tres, porque acelera, frena y se agarra en niveles casi de competición.

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