Peugeot 607 2.2 HDi / Volvo S80 D5

La llegada del motor D5 a la gama Volvo sitúa a la marca sueca como una referencia entre las berlinas de prestigio turbodiésel mientras que el 607 2.2 HDi continúa como una tentadora opción de ingreso al sector de representación debido a su favorable relación contenido/precio.
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Peugeot 607 2.2 HDi / Volvo S80 D5
Peugeot 607 2.2 HDi / Volvo S80 D5

En el apartado de comportamiento el 607 mantiene sus virtudes y limitaciones. Los amortiguadores son medianamente duros a la compresión y los muelles ligeramente más resistentes en relación a los que se podrían esperar de una berlina de este tipo. Esta combinación, y la poca resistencia a la extensión en los amortiguadores hace que el coche no filtre con la misma eficacia que el Volvo las pequeñas irregularidades del pavimento. Sin llegar a ser excesivamente duro, el 607 copia los pequeños baches más que sus rivales. Y en el otro extremo, los muelles se imponen a los resortes, de manera que los movimientos de la carrocería, sobre todo en la zona delantera, se notan bastante. En curvas, el comportamiento es bueno y fiable; el coche apunta muy bien y rápido en los virajes, deja deslizar el morro en la fase media de las curvas y el eje trasero va muy firme. Inclusive quitar el pie del gas no consigue que pierda adherencia. Hay que ser muy agresivo en la conducción para que muestre algún efecto direccional. Por su parte, el S80 rueda con más suavidad y empaque ya que el tarado de sus muelles y amortiguadores es más blando. El S80 desliza algo más el morro que el 607 y no es tan ágil en la entrada a los virajes, pero a cambio hace deslizar su eje trasero con deliciosa progresividad cuando se quita el pie del gas, siempre con absoluta fiabilidad. El producto sueco responde más fielmente a lo que sería una berlina de representación sin alardes deportivos. Se puede adquirir con control de tracción conmutable, que actúa (muy rara vez en condiciones de buena adherencia) cortando la acción sobre el acelerador y el encendido. Por su parte, el 607 dispone de control de estabilidad que en ningún momento se activa de manera indiscreta. Del mismo modo, la dirección del 607 responde con mayor agilidad y transmite más las sensaciones de conducción.

Los frenos del 607 se muestran eficaces, con buena distancia de parada para la categoría y aceptable resistencia a la fatiga, pero el tacto del pedal no despierta una sensación de seguridad ya que en una primera fase es algo esponjoso. Los cambios y desarrollos son correctos en ambos con inserciones más suaves en el Volvo.

Con el vehículo sueco uno se transporta como entre algodones, con “hiperconfort”, rodeado de todo tipo de accesorios y con un potencial de interesantes prestaciones. Con el producto francés, se goza de un alto grado de confort aunque se tiene mayor sensibilidad de la carretera, todo a un precio muy aquilatado. Dos mundos parecidos pero diferentes, dos planteamientos y dos criterios que se aproximan pero no se mezclan. Cualquiera de ellos que se elija será un acierto.

En el apartado de comportamiento el 607 mantiene sus virtudes y limitaciones. Los amortiguadores son medianamente duros a la compresión y los muelles ligeramente más resistentes en relación a los que se podrían esperar de una berlina de este tipo. Esta combinación, y la poca resistencia a la extensión en los amortiguadores hace que el coche no filtre con la misma eficacia que el Volvo las pequeñas irregularidades del pavimento. Sin llegar a ser excesivamente duro, el 607 copia los pequeños baches más que sus rivales. Y en el otro extremo, los muelles se imponen a los resortes, de manera que los movimientos de la carrocería, sobre todo en la zona delantera, se notan bastante. En curvas, el comportamiento es bueno y fiable; el coche apunta muy bien y rápido en los virajes, deja deslizar el morro en la fase media de las curvas y el eje trasero va muy firme. Inclusive quitar el pie del gas no consigue que pierda adherencia. Hay que ser muy agresivo en la conducción para que muestre algún efecto direccional. Por su parte, el S80 rueda con más suavidad y empaque ya que el tarado de sus muelles y amortiguadores es más blando. El S80 desliza algo más el morro que el 607 y no es tan ágil en la entrada a los virajes, pero a cambio hace deslizar su eje trasero con deliciosa progresividad cuando se quita el pie del gas, siempre con absoluta fiabilidad. El producto sueco responde más fielmente a lo que sería una berlina de representación sin alardes deportivos. Se puede adquirir con control de tracción conmutable, que actúa (muy rara vez en condiciones de buena adherencia) cortando la acción sobre el acelerador y el encendido. Por su parte, el 607 dispone de control de estabilidad que en ningún momento se activa de manera indiscreta. Del mismo modo, la dirección del 607 responde con mayor agilidad y transmite más las sensaciones de conducción.

Los frenos del 607 se muestran eficaces, con buena distancia de parada para la categoría y aceptable resistencia a la fatiga, pero el tacto del pedal no despierta una sensación de seguridad ya que en una primera fase es algo esponjoso. Los cambios y desarrollos son correctos en ambos con inserciones más suaves en el Volvo.

Con el vehículo sueco uno se transporta como entre algodones, con “hiperconfort”, rodeado de todo tipo de accesorios y con un potencial de interesantes prestaciones. Con el producto francés, se goza de un alto grado de confort aunque se tiene mayor sensibilidad de la carretera, todo a un precio muy aquilatado. Dos mundos parecidos pero diferentes, dos planteamientos y dos criterios que se aproximan pero no se mezclan. Cualquiera de ellos que se elija será un acierto.

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