Hyundai Matrix 1.5 CRDi GLS / Mitsubishi Space Star DI-D

Con su variante Diesel 1.5 Hyundai propone al Matrix como escalón de ingreso al segmento de los monovolúmenes compactos Diesel. Precisamente un papel que antes jugó con maestría el Space Star, con su carrocería próxima a la berlina familiar, un motor más potente... y mayor precio.
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Hyundai Matrix 1.5 CRDi GLS / Mitsubishi Space Star DI-D
Hyundai Matrix 1.5 CRDi GLS / Mitsubishi Space Star DI-D

La aceptación generalizada que en Europa han tenido los monovolúmenes de cuatro metros, provocando una profunda escisión en el segmento de los compactos, ha llevado a casi todos los constructores ha introducir (o disponerse a hacerlo), modelos con este tipo de carrocería, o berlinas con mayor altura y flexibilidad de uso que lo que era habitual en este segmento del mercado.

El primer constructor surcoreano en introducir un vehículo de este tipo pensado para el mercado europeo fue Daewoo con el Tacuma y ahora, con el atractivo de una motorización Diesel, que no ofrece el Daewoo llega el Hyundai Matrix 1.5 CRDi.

En realidad, el Matrix pisa decididamente en el campo del Renault Scénic pero, al ser más corto y bajo aunque igualmente habitable, tampoco se separa demasiado de lo que sería una berlina semi-monovolumen como el Mitsubishi Space Star.

Desde que Renault hiciera de la modularidad y flexibilidad características necesarias para este tipo de vehículos, el listón se ha puesto muy alto. Hyundai ha aceptado el desafío y ha elaborado un interior de correcta factura que resulta, también, práctico para el uso cotidiano y familiar. Aunque los plásticos del salpicadero son de tacto duro (mientras los de un Scénic, son blandos y más agradables), se aproximan al aspecto de mayor empaque de aquéllos. Por otra parte, un diseño más formal al que nos tiene acostumbrados la marca realza el aspecto del mismo, con mandos situados más ergonómicamente.

Dentro de ese planteamiento, sobre la puerta se sitúan las teclas de los elevalunas eléctricos tanto delanteros como traseros, con su bloqueador y el mando para los espejos eléctricos. Bien reunidos en un grupo de tres pomos giratorios, los controles de la calefacción y aireación. Uno de ellos incluye el botón pulsable —al que le falta un tacto más positivo— para activar el aire acondicionado, que es opcional. El cuadro de instrumentos se sitúa en una cúpula montada en el centro del salpicadero, lo que representa una ventaja en la producción ya que este vehículo se fabrica también para los mercados asiáticos con volante a la derecha. Frente al volante, en una pequeña pantalla se dispone de las indicaciones del check control mientras los datos de consumo, promedio de velocidad y otros del ordenador de a bordo, de serie, se incluyen en el cuadro de instrumentos propiamente dicho. El diseño del interior resulta en suma, bastante más actual que el del Space Star, cuyo estilo sigue la tendencia impersonal de los vehículos japoneses de hace unos años. En este modelo, montado en la planta holandesa Nedcar, que la marca de los tres diamantes comparte con Volvo, tiene un tacto más firme que en el Matrix, aunque en la versión básica —que cuesta 2.404 euros (400.000 pesetas) más que el Matrix con el motor 1.9 con 102 CV origen Renault— carece de ciertos detalles de agradecer como el ajuste lumbar en los asientos o de bolsillos adaptados como portabotellas. Comparte con su rival surcoreano la comodidad que da una banqueta trasera desplazable longitudinalmente, pero no posee tantos huecos portaobjetos como él y, tampoco, las gavetas que el Matrix tiene debajo del piso y ocultas por los asientos. Aquí el Matrix se aproxima a la practicidad esperada del segmento. Estos espacios son similares a los que tiene el Renault Scénic aunque las del producto de origen francés son fácilmente accesibles por encontrarse debajo de la alfombrilla, allí donde apoyan los pies de los pasajeros posteriores.

La aceptación generalizada que en Europa han tenido los monovolúmenes de cuatro metros, provocando una profunda escisión en el segmento de los compactos, ha llevado a casi todos los constructores ha introducir (o disponerse a hacerlo), modelos con este tipo de carrocería, o berlinas con mayor altura y flexibilidad de uso que lo que era habitual en este segmento del mercado.

El primer constructor surcoreano en introducir un vehículo de este tipo pensado para el mercado europeo fue Daewoo con el Tacuma y ahora, con el atractivo de una motorización Diesel, que no ofrece el Daewoo llega el Hyundai Matrix 1.5 CRDi.

En realidad, el Matrix pisa decididamente en el campo del Renault Scénic pero, al ser más corto y bajo aunque igualmente habitable, tampoco se separa demasiado de lo que sería una berlina semi-monovolumen como el Mitsubishi Space Star.

Desde que Renault hiciera de la modularidad y flexibilidad características necesarias para este tipo de vehículos, el listón se ha puesto muy alto. Hyundai ha aceptado el desafío y ha elaborado un interior de correcta factura que resulta, también, práctico para el uso cotidiano y familiar. Aunque los plásticos del salpicadero son de tacto duro (mientras los de un Scénic, son blandos y más agradables), se aproximan al aspecto de mayor empaque de aquéllos. Por otra parte, un diseño más formal al que nos tiene acostumbrados la marca realza el aspecto del mismo, con mandos situados más ergonómicamente.

Dentro de ese planteamiento, sobre la puerta se sitúan las teclas de los elevalunas eléctricos tanto delanteros como traseros, con su bloqueador y el mando para los espejos eléctricos. Bien reunidos en un grupo de tres pomos giratorios, los controles de la calefacción y aireación. Uno de ellos incluye el botón pulsable —al que le falta un tacto más positivo— para activar el aire acondicionado, que es opcional. El cuadro de instrumentos se sitúa en una cúpula montada en el centro del salpicadero, lo que representa una ventaja en la producción ya que este vehículo se fabrica también para los mercados asiáticos con volante a la derecha. Frente al volante, en una pequeña pantalla se dispone de las indicaciones del check control mientras los datos de consumo, promedio de velocidad y otros del ordenador de a bordo, de serie, se incluyen en el cuadro de instrumentos propiamente dicho. El diseño del interior resulta en suma, bastante más actual que el del Space Star, cuyo estilo sigue la tendencia impersonal de los vehículos japoneses de hace unos años. En este modelo, montado en la planta holandesa Nedcar, que la marca de los tres diamantes comparte con Volvo, tiene un tacto más firme que en el Matrix, aunque en la versión básica —que cuesta 2.404 euros (400.000 pesetas) más que el Matrix con el motor 1.9 con 102 CV origen Renault— carece de ciertos detalles de agradecer como el ajuste lumbar en los asientos o de bolsillos adaptados como portabotellas. Comparte con su rival surcoreano la comodidad que da una banqueta trasera desplazable longitudinalmente, pero no posee tantos huecos portaobjetos como él y, tampoco, las gavetas que el Matrix tiene debajo del piso y ocultas por los asientos. Aquí el Matrix se aproxima a la practicidad esperada del segmento. Estos espacios son similares a los que tiene el Renault Scénic aunque las del producto de origen francés son fácilmente accesibles por encontrarse debajo de la alfombrilla, allí donde apoyan los pies de los pasajeros posteriores.

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