Alfa 166 2.4 JTD / Volvo S80 2.5 D

Buenas prestaciones, bajos consumos y destacable comodidad de marcha son las características más relevantes de los dos modelos enfrentados. Cada una de las marcas intenta ofrecer estos atributos de forma que muestre claramente sus señas de identidad.
Autopista -
Alfa 166 2.4 JTD / Volvo S80 2.5 D
Alfa 166 2.4 JTD / Volvo S80 2.5 D

Cada día es más habitual que las berlinas de representación se encuentren asociadas a una mecánica Diesel. Sean cuales fueren los precios de los combustibles, actualmente muy inestables y en continuo ascenso, está claro que los motores modernos alimentados por gasóleo ofrecen un alto rendimiento —lo que se traduce en consumos siempre menores— y con una entrega de potencia cercana al de los de gasolina por la presencia de la sobrealimentación, con valores que en algunas marcas se acercan a los 70 CV por litro de cilindrada. Además, permiten un nivel de prestaciones razonable, asociadas a ese consumo claramente inferior al que muestran las variantes alimentadas por gasolina —sobre todo en recorridos urbanos y cuando se circula rápido— y proporcionan una utilización muy agradable en cualquier tipo de trazado. Con estas características no es extraño ver cómo sigue aumentando la oferta de variantes Diesel frente a las de gasolina. Sin embargo, por muy avanzados que sean estos propulsores, no han llegado al refinamiento de los de gasolina, siguen produciendo superior nivel de ruido (también más desagradable) y de vibraciones percibidas, amén de regalarnos con un modo de conducción bien diferente.

Éste es el motivo que hace que nos preguntemos si la diferencia en el consumo de combustible de las variantes Diesel puede ser tan decisiva como para pagar más de tres cuartos de millón de pesetas por ellas frente a las equivalentes de gasolina. Es el caso que hoy nos ocupa: la marca italiana dispone de un 2.0 TS de 155 CV y la sueca cuenta con un 2.4, también de la misma potencia que el Diesel, es decir, 140 CV. Yendo todavía un poco más lejos observamos que el Alfa 2.5 V6 de 190 CV sólo cuesta 100.000 pesetas más que el 2.4 JTD y ofrece una suavidad y un refinamiento incomparable. De ahí deducimos que la moda Diesel actual —al menos en el caso de estos modelos— tiene un efecto más psicológico que económico en la mayoría de los casos, pues la cantidad de kilómetros que hay que recorrer para rentabilizar su adquisición es muy elevada. No obstante, una vez realizado el desembolso inicial se logra cierto alivio en el bolsillo cada vez que hay que pasar por el surtidor que, eso sí que hay que reconocerlo, ocurre con bastante menos frecuencia que con sus homólogos de gasolina.

Centrándonos en los modelos que nos ocupan podemos observar que los dos presentan una configuración mecánica similar. Alfa recurre a la mecánica JTD de cinco cilindros de 2,4 litros utilizada anteriormente en otros modelos del grupo Fiat, como el Alfa 156, Lancia K o Fiat Marea, que dispone de sistema de inyección common-rail inventado por ellos, turbocompresor de geometría variable, etcétera. En el modelo sueco, la mecánica utilizada es de origen Audi (ya han anunciado que la suya propia está en camino), también de cinco cilindros en línea e inyección directa de combustible, aunque es más veterana y no cuenta con la última tecnología en sistemas de inyección. Aun así, su rendimiento es muy satisfactorio y su fiabilidad quedó demostrada ya con su incorporación en el Audi A6 de la anterior generación. Sobre el papel hay una diferencia de sólo cuatro caballos a favor del sueco, que, dado su peso, hace que la relación peso/potencia sea casi idéntica.

En las unidades de prueba hemos detectado una mayor diferencia de rendimiento entre ambos. El Alfa se ha mantenido fiel a la potencia anunciada, mientras que en el Volvo hemos detectado un incremento favorable de potencia de casi diez caballos, que permiten casi un empate en prestaciones. En los primeros giros del motor, donde ninguno de los dos se muestra especialmente potente, podemos apreciar una ligera supremacía del Volvo. El sueco se desenvuelve con más soltura entre el tráfico, surgiendo en menos ocasiones la tentación de "tirar" del embrague o meter la primera. A partir de las 2.000 rpm y hasta las 3.000 rpm se invierten los términos y es el motor del Alfa el que momentáneamente hace una mayor despliegue de fuerza, lo que se traduce en una mayor brusquedad. Si se sigue estirando el cuentavueltas, enseguida se comprueba que el Volvo empuja, en apariencia parsimonioso, con más contundencia. De nada vale en ninguno de los dos estirar mucho más allá de las 4.000 rpm a las que entrega su potencia máxima; a partir de ahí los dos quedan casi exhaustos.

A la vista de las curvas obtenidas en el banco se comprueba que la diferencia de potencia y par entre ambos a igualdad de régimen no es muy significativa. Prueba de ello es que las cifras de prestaciones son muy similares, con una ligera ventaja para el Volvo en las mediciones de aceleración. El Alfa sólo logra imponerse en las cifras de recuperaciones en quinta, donde su desarrollo más corto juega un papel decisivo… porque todavía tiene una sexta. Algo similar ocurre con el consumo de combustible, casi idéntico entre los dos modelos en nuestras mediciones habituales y superior en el modelo italiano cuando intenta mantener un ritmo de conducción más elevado, pero en ningún momento llega a ser alarmante. Y es que esa es la gracia del Diesel. En autopista y a la máxima velocidad de crucero legal, la caja de cambios de seis velocidades del italiano permite viajar gastando muy poco, con un bajísimo nivel de ruido y con suficiente margen para superar repechos sin necesidad de recurrir a una marcha inferior. En cualquier caso, esto no plantearía ningún problema, pues su manejo es delicioso, con una palanca corta, bien situada y que permite el enclavamiento de las marchas con precisión y suavidad.

El ruido del motor y el manejo del cambio han sido los apartados que menos nos han gustado del S80. Y es que con el motor en frío se filtra una excesiva sonoridad al habitáculo, que no llega a ser del todo desagradable, pero sí algo molesta. También las vibraciones se perciben con más facilidad en los pedales del Volvo, sobre todo en el embrague y, respecto al cambio, dispone de un adecuado escalonamiento, pero la precisión de la palanca y su tacto no están a la altura del resto de los elementos. Una vez en marcha sí apreciamos el carácter de cada uno de los modelos. Para empezar, el Alfa nos recuerda mucho al modelo precedente, el 156. El mismo tacto, precisión, aplomo, pero mayor suavidad en las reacciones. Desde el puesto de conducción parece un 156 con mayor batalla y menor maniobrabilidad, pues la rapidez y precisión de la dirección es muy similar (en el caso de nuestra unidad de pruebas se vio acentuada con la utilización de unas llantas de 17 pulgadas y la monta de unos neumáticos de perfil bajo), pero las sensaciones que transmite siguen siendo muy parecidas. Suspensiones firmes y progresivas, que filtran a la perfección sin repercutir negativamente en la comodidad de los ocupantes; frenos enérgicos con buen tacto sin síntomas de desfallecimiento ante un uso prolongado y una rigidez del chasis extraordinaria hacen que la conducción sea muy fácil y se convierta en un verdadero placer, con un paso por curva sorprendentemente rápido.

Cada día es más habitual que las berlinas de representación se encuentren asociadas a una mecánica Diesel. Sean cuales fueren los precios de los combustibles, actualmente muy inestables y en continuo ascenso, está claro que los motores modernos alimentados por gasóleo ofrecen un alto rendimiento —lo que se traduce en consumos siempre menores— y con una entrega de potencia cercana al de los de gasolina por la presencia de la sobrealimentación, con valores que en algunas marcas se acercan a los 70 CV por litro de cilindrada. Además, permiten un nivel de prestaciones razonable, asociadas a ese consumo claramente inferior al que muestran las variantes alimentadas por gasolina —sobre todo en recorridos urbanos y cuando se circula rápido— y proporcionan una utilización muy agradable en cualquier tipo de trazado. Con estas características no es extraño ver cómo sigue aumentando la oferta de variantes Diesel frente a las de gasolina. Sin embargo, por muy avanzados que sean estos propulsores, no han llegado al refinamiento de los de gasolina, siguen produciendo superior nivel de ruido (también más desagradable) y de vibraciones percibidas, amén de regalarnos con un modo de conducción bien diferente.

Éste es el motivo que hace que nos preguntemos si la diferencia en el consumo de combustible de las variantes Diesel puede ser tan decisiva como para pagar más de tres cuartos de millón de pesetas por ellas frente a las equivalentes de gasolina. Es el caso que hoy nos ocupa: la marca italiana dispone de un 2.0 TS de 155 CV y la sueca cuenta con un 2.4, también de la misma potencia que el Diesel, es decir, 140 CV. Yendo todavía un poco más lejos observamos que el Alfa 2.5 V6 de 190 CV sólo cuesta 100.000 pesetas más que el 2.4 JTD y ofrece una suavidad y un refinamiento incomparable. De ahí deducimos que la moda Diesel actual —al menos en el caso de estos modelos— tiene un efecto más psicológico que económico en la mayoría de los casos, pues la cantidad de kilómetros que hay que recorrer para rentabilizar su adquisición es muy elevada. No obstante, una vez realizado el desembolso inicial se logra cierto alivio en el bolsillo cada vez que hay que pasar por el surtidor que, eso sí que hay que reconocerlo, ocurre con bastante menos frecuencia que con sus homólogos de gasolina.

Centrándonos en los modelos que nos ocupan podemos observar que los dos presentan una configuración mecánica similar. Alfa recurre a la mecánica JTD de cinco cilindros de 2,4 litros utilizada anteriormente en otros modelos del grupo Fiat, como el Alfa 156, Lancia K o Fiat Marea, que dispone de sistema de inyección common-rail inventado por ellos, turbocompresor de geometría variable, etcétera. En el modelo sueco, la mecánica utilizada es de origen Audi (ya han anunciado que la suya propia está en camino), también de cinco cilindros en línea e inyección directa de combustible, aunque es más veterana y no cuenta con la última tecnología en sistemas de inyección. Aun así, su rendimiento es muy satisfactorio y su fiabilidad quedó demostrada ya con su incorporación en el Audi A6 de la anterior generación. Sobre el papel hay una diferencia de sólo cuatro caballos a favor del sueco, que, dado su peso, hace que la relación peso/potencia sea casi idéntica.

En las unidades de prueba hemos detectado una mayor diferencia de rendimiento entre ambos. El Alfa se ha mantenido fiel a la potencia anunciada, mientras que en el Volvo hemos detectado un incremento favorable de potencia de casi diez caballos, que permiten casi un empate en prestaciones. En los primeros giros del motor, donde ninguno de los dos se muestra especialmente potente, podemos apreciar una ligera supremacía del Volvo. El sueco se desenvuelve con más soltura entre el tráfico, surgiendo en menos ocasiones la tentación de "tirar" del embrague o meter la primera. A partir de las 2.000 rpm y hasta las 3.000 rpm se invierten los términos y es el motor del Alfa el que momentáneamente hace una mayor despliegue de fuerza, lo que se traduce en una mayor brusquedad. Si se sigue estirando el cuentavueltas, enseguida se comprueba que el Volvo empuja, en apariencia parsimonioso, con más contundencia. De nada vale en ninguno de los dos estirar mucho más allá de las 4.000 rpm a las que entrega su potencia máxima; a partir de ahí los dos quedan casi exhaustos.

A la vista de las curvas obtenidas en el banco se comprueba que la diferencia de potencia y par entre ambos a igualdad de régimen no es muy significativa. Prueba de ello es que las cifras de prestaciones son muy similares, con una ligera ventaja para el Volvo en las mediciones de aceleración. El Alfa sólo logra imponerse en las cifras de recuperaciones en quinta, donde su desarrollo más corto juega un papel decisivo… porque todavía tiene una sexta. Algo similar ocurre con el consumo de combustible, casi idéntico entre los dos modelos en nuestras mediciones habituales y superior en el modelo italiano cuando intenta mantener un ritmo de conducción más elevado, pero en ningún momento llega a ser alarmante. Y es que esa es la gracia del Diesel. En autopista y a la máxima velocidad de crucero legal, la caja de cambios de seis velocidades del italiano permite viajar gastando muy poco, con un bajísimo nivel de ruido y con suficiente margen para superar repechos sin necesidad de recurrir a una marcha inferior. En cualquier caso, esto no plantearía ningún problema, pues su manejo es delicioso, con una palanca corta, bien situada y que permite el enclavamiento de las marchas con precisión y suavidad.

El ruido del motor y el manejo del cambio han sido los apartados que menos nos han gustado del S80. Y es que con el motor en frío se filtra una excesiva sonoridad al habitáculo, que no llega a ser del todo desagradable, pero sí algo molesta. También las vibraciones se perciben con más facilidad en los pedales del Volvo, sobre todo en el embrague y, respecto al cambio, dispone de un adecuado escalonamiento, pero la precisión de la palanca y su tacto no están a la altura del resto de los elementos. Una vez en marcha sí apreciamos el carácter de cada uno de los modelos. Para empezar, el Alfa nos recuerda mucho al modelo precedente, el 156. El mismo tacto, precisión, aplomo, pero mayor suavidad en las reacciones. Desde el puesto de conducción parece un 156 con mayor batalla y menor maniobrabilidad, pues la rapidez y precisión de la dirección es muy similar (en el caso de nuestra unidad de pruebas se vio acentuada con la utilización de unas llantas de 17 pulgadas y la monta de unos neumáticos de perfil bajo), pero las sensaciones que transmite siguen siendo muy parecidas. Suspensiones firmes y progresivas, que filtran a la perfección sin repercutir negativamente en la comodidad de los ocupantes; frenos enérgicos con buen tacto sin síntomas de desfallecimiento ante un uso prolongado y una rigidez del chasis extraordinaria hacen que la conducción sea muy fácil y se convierta en un verdadero placer, con un paso por curva sorprendentemente rápido.

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