Alfa Romeo GT 3.2 V6 Distinctive

A veces, un coche seduce como la más sexy de las personas. Es el caso del GT. Su dolorosa belleza estética, la violencia de su motor y la excitante sensación que transmite hacen de él una máquina de seducir.
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Alfa Romeo GT 3.2 V6 Distinctive
Alfa Romeo GT 3.2 V6 Distinctive

Un chasis en equilibrio
Quizá lo más satisfactorio del coche sea su bastidor. Utiliza el mismo chasis que el Alfa 156, pero con algunas modificaciones, como las cotas, que ahora son más deportivas, y las suspensiones, bastante más firmes. Además, la dirección también ha sido tocada para que trabaje con mayor rapidez: 1,75 vueltas de volante de tope a tope.

Así, si el bastidor ya nos gustaba con el 156, ahora nos entusiasma por lo que gana en dinamismo. Tiene un comportamiento claramente deportivo, pero no cae en el castigo físico de otros coches con esa orientación. La suspensión presenta un magnífico equilibrio entre confort y eficacia, lo justo para absorber sin problemas las irregularidades pero, de paso, permitir que el GT evolucione casi como un coche de carreras. Sólo cuando el suelo está en muy mal estado, con el asfalto roto o muy rizado, los riñones se dan cuenta de lo seca que puede llegar a ser la amortiguación. Sin embargo, en condiciones normales no se nota nada de esto.

Y luego está la dirección, que es tan directa que recuerda a la de un kart. Apenas cuarto y mitad de vuelta de volante y el coche ya está girando. Resulta rapidísima y, además, muy precisa, aunque no filtra nada y copia todo lo que hay en el suelo, con lo que, a veces, nos encontramos tirando del volante para evitar que las ruedas se dejen llevar por un bache o una junta de dilatación.

Estas características de la dirección son encomiables en carretera, pero en la ciudad son una maldición. El radio de giro del coche es tan grande que, en las callejuelas del centro de Madrid, casi hay que maniobrar en cada esquina. Es otra de las concesiones que hay que hacer para conducir un coche así.

Otro apartado que merece atención en el conjunto del bastidor es el de los frenos. Resultan inagotables, sólidos, fáciles de dosificar... Con ellos, detener al coche en un palmo de terreno es pan comido. Esta confianza nos permite conducir con mucha más alegría en cualquier tipo de carretera, especialmente en las más viradas y difíciles, donde un buen equipo de frenos es imprescindible para afrontar con seguridad las curvas.
Un control de estabilidad que interviene sólo cuando las cosas se complican mucho (aunque entonces lo hace con total autoridad) complementa el conjunto y nos obliga a recomendar su presencia activa fervientemente: mejor no desconectarlo y disfrutar de su ayuda.

Con este bastidor y con los neumáticos de 225/45 ZR 17, el GT ofrece un comportamiento muy interesante, lleno de sabor y matices, muy excitante. Es un vehículo rapidísimo, que se conduce con facilidad y que, en autopista, es tan cómodo y noble como cualquier berlina.
Pero es también un coche que saca un temperamento endiablado cuando aparecen las curvas. Es una delicia afrontar los giros con esta dirección. El coche gira obediente y rápido, como si las manos del conductor colocasen directamente las ruedas en la posición deseada. Esa precisión en el giro, la nobleza con que el GT obedece al tren delantero, es seguramente lo más destacado de su carácter.
En cuanto a la estabilidad, es un coche bastante aplomado, que se aferra al suelo y que no se balancea lo más mínimo. El único defecto que deja entrever aparece cuando se levanta el pie en apoyos fuertes. En esas condiciones, el tren trasero inicia un sobreviraje muy moderado que redondea las curvas. Se presenta sólo cuando se va muy al límite, porque, si no, la firmeza de la suspensión y la mucha goma que hay agarrada al suelo, impiden que ese eje trasero se mueva.

Con todo, a pesar de la concepción deportiva del chasis, que nadie espere un coche de esos que dejan la espalda maltrecha. Es verdad que a veces la amortiguación puede ser un poco seca, pero, en general, los niveles de confort son muy altos. Quizá con algo menos de rueda todavía sean mejores.

Sobre un bastidor tan bien dispuesto, se ha montado un motor 3.2 litros con arquitectura de 6 cilindros en V que entrega nada menos que 239 CV, 245 si atendemos a nuestro banco de potencia, y un par máximo de 29 mkg. Es decir, casi nada.

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p> Ya desde que arrancamos, un rugido penetrante nos da una idea del tipo de máquina que vamos a tratar. Es un motor deportivo de verdad, atmosférico, de formidable patada y gran elasticidad, con un trabajo espectacular en la parte más alta del cuentavueltas, llegando a la zona roja, pero también con muy buena respuesta en la zona baja.

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p> El temperamento de este propulsor se deja notar en las aceleraciones. A pesar de ciertas pérdidas de motricidad que hay que aprender a controlar, el GT acelera con una decisión que espanta. Da gusto ver cómo sube de vueltas a toda velocidad, cómo nos exige rapidez con el cambio para gestionar sin pausas semejante caudal de potencia. Ideal para saltar de curva a curva a fuerza de pie derecho.

Para manejar esta máquina, en Alfa han montado un cambio manual de seis relaciones que funciona como un reloj. Es verdad que los recorridos de la palanca, muy cortos, recorren una geografía muy apretada dentro de la caja, lo que puede dar lugar a imprecisiones, pero todo es cuestión de acostumbrarse a su manejo. Después, disfrutaremos de su rapidez y su suavidad, su estudiado tacto deportivo.
Y, cuando manejemos bien esa caja, podremos sacar lo mejor del motor. Es admirable cómo el escalonamiento de las marchas permite prolongar la estirada del V6 en un empuje continuo. No hay velocidades pensadas para dar descansos: aquí todas ofrecen más fuerza, más velocidad.
Claro que una máquina de este tipo también tiene sus pegas. Por ejemplo, el consumo. El GT ha firmado una media de casi 11 litros, según los datos de nuestro Centro Técnico. No es una barbaridad, pero tampoco una buena marca. La verdad es que, al volante, uno tiene la sensación de que pasa demasiado tiempo en las gasolineras.
Otro inconveniente es el ruido. A pesar de que es un ruido atractivo para los que gusten de estos motores, no podemos por menos que reseñar su notoria presencia. Además, a ritmos vivos, se introduce también un ruido aerodinámico bastante molesto que acompaña demasiado al sonido del motor.
Otro detalle que no nos ha acabado de convencer es que este V6 transmite muchas vibraciones. No son muy acusadas, pero se notan, sobre todo en los pedales. Puede ser un problema de nuestra unidad, pero ya lo hemos detectado en otros modelos de Alfa Romeo.

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