Cadillac Seville STS

La versión 2002 del Cadillac Seville incorpora la interesante novedad de un sistema de amortiguación magnética que resuelve uno de los puntos más débiles del lujo americano. El resto sigue siendo impresionantemente Cadillac.
Autopista -
Cadillac Seville STS
Cadillac Seville STS

La mayor novedad para el Cadillac Seville de este año es la incorporación de la suspensión magnética, algo que no pudimos evitar probar a fondo y cuyos resultados tratamos aparte. El resto del coche permanece con ligeros cambios con respecto al del año pasado. Uno de los más profundos ha sido el cambio del antiguo navegador opcional por uno con DVD Bose, también opcional, que incluye en un solo disco gran parte de Europa. Se activa por voz, con pantalla táctil y cuenta con televisión y la posibilidad de ver una película en DVD cuando el coche está parado.

El motor ha recibido algunas modificaciones de detalle que han generado cambios en las cifras de consumo homologadas, pero en una cantidad mínima. El V8 de aluminio Northstar de este Cadillac sigue empujando como un poseso desde sus ruedas delanteras cuando se hunde el pedal de acelerador a fondo y se mantiene así. El tranquilo paseo a bajísimos regímenes de giro se convierte en catapulta cuando se exige todo de lo que es capaz. Y sería capaz de más si no estuviera penalizado por un cambio de sólo cuatro marchas de desarrollos larguísimos. Una cuarta de 50 km/h permite rodar a 200 km/h reales a tan sólo 4.000 vueltas. Una velocidad a la que incluso puede llegar en tercera. Por autopista, viajando a ritmos de crucero elevados, de unos 180 km/h de aguja, nos encontraremos con pasos a tercera en algunos repechos. Viajando más lento las reducciones automáticas pueden llegar hasta la segunda relación en maniobras de adelantamiento a camiones. Normal con una segunda que puede llegar a 120 km/h. En cualquier caso, la caja de cambios ya debería de ser de cinco relaciones, sobre todo porque empiezan a aparecer las de seis.

Los consumos se convierten en pregunta obligada cuando se conoce el origen del modelo. Pero no hay que alarmarse, al menos en exceso. Las cifras de consumo tan sólo se disparan en ciudad y conduciendo a base de acelerones. Todo lo que sea aumentar rápido de velocidad se paga en litros. En cambio, las velocidades mantenidas, aunque sean elevadas, no salen tan caras. Por ejemplo, a cruceros de viaje de 180 km/h, con media final de 167 km/h, el ordenador arrojó una cifra de 14,5 l/100 km, lo que está dentro de unos márgenes razonables para este tipo de coche. Es precisamente en estos viajes y vías donde el Cadillac saca a relucir sus anteriores y nuevas virtudes. Las últimas unidades ya no baten los récords de baja sonoridad, como aquella primera "de concurso", pero se mantienen en niveles muy agradables incluso deprisa. Lo que ha mejorado, y mucho, es el comportamiento a alta velocidad. Los rebotes del eje delantero y las interminables oscilaciones verticales de la carrocería han desaparecido casi por completo. La suspensión magnética se endurece y mejora con la velocidad. Ya no hay imprecisiones ni hay que hacer continuas correcciones con el volante. Ahora pisa con aplomo y aguanta bien el paso por las juntas de las autovías españolas.

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