Ford Fusion Plus 1.4 TDCi

Está de moda la mezcla, la combinación, el mestizaje. Si en el mercado automovilístico hay un buen ejemplo de esta tendencia, ése es el Ford Fusion, un coche que, desde su mismo nombre, anuncia esa vocación de coctelera. Probamos esta vez el acabado Plus, una mixtura entre utilitario, monovolumen y ludoteca. No destaca por prestaciones, pero, desde luego, propone soluciones muy innovadoras.
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Ford Fusion Plus 1.4 TDCi
Ford Fusion Plus 1.4 TDCi

El Fusion, como se sabe, está construido sobre la plataforma del último Ford Fiesta. Esto significa que disfruta de un bastidor muy equilibrado y moderno, un chasis pensado para divertirse al volante, bastante apartado de lo que entendemos por una plataforma de familiar al uso. Esta arquitectura se complementa con una carrocería mucho más alta que la del Fiesta, lo que permite adoptar una configuración interior propia de los monovolúmenes: posición de conducción muy elevada, mucho espacio libre en todas las direcciones, enorme maletero de acceso fácil y cómodo...
Sobre esta primera mezcla de chasis de turismo ágil y carrocería de familiar monovolumen se añade un segundo nivel de ingredientes. Se trata del paquete de elementos propios del acabado Fusion, muy cercano a lo que entendemos por lujo.
Como engarce de todo esto se ha montado un motor 1.4 TDCi que, si bien mueve al Fusion sin demasiados problemas, no es precisamente un dechado de fortaleza.

Utilizar una plataforma anterior para edificar un modelo nuevo tiene sus ventajas y sus desventajas. Por un lado, es más barato, sobre todo en las fases de desarrollo del coche. Compartir piezas está de moda y, dentro de esa idea, compartir bastidores es el no va más. Por otro lado, si no se invierte en mejoras, se heredan los fallos que pueda tener el concepto original, o se acentúan.

En este caso, el Fusion se beneficia del buen trabajo dinámico realizado en la puesta a punto del Fiesta. Una vez más, nos encontramos con un bastidor equilibrado y sereno, pero de aspiraciones audaces, casi deportivas. Su buena superficie de rodadura se complementa con unas suspensiones firmes que, sin ser duras, sujetan al coche con eficacia. A la vista de una carrocería tan alta (1,53 metros), uno piensa inmediatamente en un coche que se balanceará mucho en las curvas. Sin embargo, unos amortiguadores de tarado bastante sólido en extensión hacen que ese balanceo de la carrocería sea muy controlado y, lo mejor, que no reste nada de confianza al volante.
Es necesario reseñar aquí que Ford no se ha complicado mucho la vida a la hora de diseñar estas suspensiones: McPherson delante y un eje torsional atrás. Básico, pero eficaz.

La unidad que probamos llevaba, además, unos generosos neumáticos de perfil 55 sobre llantas de 17 pulgadas que aumentan todavía más la capacidad de agarre del coche. Unos frenos de primera línea y el control de estabilidad, que es opcional, cierran el conjunto del chasis con un resultado de lo más satisfactorio. Es verdad que no estamos ante un deportivo, pero, al igual que en el Fiesta, esta arquitectura otorga suficiente agilidad y seguridad como para disfrutar de una conducción alegre y confortable.

A cambio, el Fusion arrastra algunos defectos que ya vimos en el Fiesta. Está, por ejemplo, la falta del reposapié izquierdo para el conductor. Este fallo no ha sido corregido y se muestra especialmente molesto cuando conducimos rápido por carreteras complicadas. Otros problemas menores tienen que ver con la propia configuración del coche: más ruido aerodinámico, banquetas delanteras cortas y ausencia de asideros sobre las puertas, por ejemplo.

Para mover este Fusion Plus, Ford ha elegido el Duratorq 1.4 TDCi de 68 CV. Es una máquina noble, entusiasta, pero a todas luces insuficiente. Corren tiempos de motores turbodiésel enérgicos y contundentes, pero este pequeño TDCi no se ajusta a esta descripción.

Todas las veces que hemos probado este motor nos hemos quedado con la misma sensación de hambre. El Duratorq 1.4 TDCi de 68 CV es una máquina fabricada entre Ford y el grupo PSA y se monta en los modelos pequeños de ambas compañías: Fiesta, Fusion, Citroën C3, Peugeot 206... Esperamos con fervor la llegada de la variante de 90 CV, la misma que ya ha estrenado el C3.

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p> Es un propulsor moderno, dotado de elementos de vanguardia, como su common rail de segunda generación. Pero es un motor escaso. En un tiempo en que los TDI han roto los techos que la termodinámica parecía marcarles y anuncian cifras de par deslumbrantes con consumos irrisorios, un motor como éste se nos queda cortísimo. Es verdad que el gasto en combustible es mínimo (apenas 6,7 litros a los 100 km de media con el Fusion), pero también es verdad que un par máximo de 18 mkg es poca cosa, sobre todo para una carrocería tan voluminosa como esta.

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p> Al igual que en el Peugeot 206 o en el C3, el motor hace lo que puede para lanzar el coche y ganar velocidad. Su 0-100 km/h de 15,2 segundos es buena prueba de este terrible esfuerzo. Después, en velocidad, si el terreno es propicio, el motor se defiende bien. Sin embargo, con carga y en carreteras menos favorables, ya no hay tanto músculo y se echan en falta los caballos. También los enormes neumáticos tienen responsabilidad en esto, porque lastran mucho el avance.

Con los 1.186 kg que ha pesado el Fusion en nuestra báscula, el motor se queda corto y sufre para mover una carrocería tan pesada. Su buena voluntad se demuestra por su franco empuje sobre las 2.500 – 3.000 vueltas, su rango óptimo de utilización. En ese tramo del cuentavueltas, el Fusion está cómodo y se mueve con soltura. Por encima de los 3.000 giros, el par se hunde y no queda más remedio que cambiar de marcha. En el otro extremo, para ser un turbodiésel anda falto de pegada en los bajos. Hasta las 2.000 rpm no saca el carácter que se le supone a uno de estos motores.

Se conjuga con un cambio de cinco velocidades que, éste sí, debe ser puesto a muy buena altura. La palanca, de movimientos rápidos y precisos, da acceso a una caja en la que se han buscado desarrollos largos, que, si bien restan algo de agilidad al coche, permiten que el motor alcance velocidades interesantes sin pasarlo mal. Así, un crucero de 160 km/h no parece imposible si la carretera es buena.

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p> En conjunto, motor y bastidor hacen una mezcla interesante. Sobre terrenos fáciles el Fusion muestra su vertiente más confortable, más familiar. Ahí, apoyado en lo equilibrado de la suspensión y los desarrollos largos, los viajes se hacen cómodos y tranquilos, con la sola pega de una rumorosidad más acusada de lo que nos gustaría.

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p> Si la carretera se complica, el motor deja de parecernos tan apropiado. En seguida nos veremos reduciendo para superar cualquier dificultad o para adelantar. Si además aparecen las curvas, nos encontraremos con cierta falta de fuerza para salir con energía de ellas. En recuperación no es precisamente un ejemplo.
Sobre estos terrenos complicados es, en cambio, donde mejor resultado dan las suspensiones, que confieren al Ford un comportamiento muy noble, más bien subvirador, y alejado de cualquier complicación. Ya hemos comentado antes lo bien que se sujeta la carrocería y, por ende, lo aferrado que va el coche al suelo. Sólo hemos notado algún leve deslizamiento del eje trasero forzando mucho la situación sobre firme muy roto y las curvas lentas y muy cerradas. En todo caso, nada grave: ese deslizamiento ayuda a redondear el giro y coloca el coche para acelerar en la salida. Por lo demás, apoyos confiados y una envidiable facilidad para que el coche obedezca a la dirección incluso cuando se corrige la trayectoria en plena curva.

En la ciudad, quizá su territorio más natural, el Fusion destaca por su capacidad para maniobrar, una virtud que le viene de sus dimensiones de utilitario y, otra vez, de esa dirección tan agradable.

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p> Como resumen, sólo cabe emplear la palabra nobleza. Noble es el motor en su esforzado, pero insuficiente, trabajo. Y noble es el bastidor, que se basta y se sobra para digerir los 68 CV del TDCi. Este chasis pide a gritos el motor TDCi de 90 CV.

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