Cadillac Seville STS

Cadillac ha querido celebrar su centenario con la inclusión de un peculiar sistema de suspensión en el equipamiento de serie del Seville: un dispositivo electromagnético hace que la amortiguación se endurezca en función de las condiciones de la carretera. ¿Será este imán el que nos ha atraído, hasta el punto de no querer bajar del vehículo?
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Cadillac Seville STS
Cadillac Seville STS

Si ya es comprometido circular por algunas carreteras de montaña con este Cadillac, sus dimensiones provocan que también haya que tener un cuidado especial al desplazarnos entre el tráfico de la ciudad. En mi primera toma de contacto con el Seville, todas las calles de la urbe parecían haberse vuelto mucho más estrechas sin previo aviso y resultaba extraño tener que tomar como referencia las furgonetas e, incluso, los autobuses, para averiguar si el hueco existente en determinadas vías era suficiente para este automóvil.

Tras cinco minutos al volante, resulta evidente que la ciudad no es su hábitat natural; no es el entorno adecuado para disfrutar de la comodidad en la conducción que puede ofrecer este vehículo. Será en los largos viajes por autopistas cuando más nos dejemos mimar por la cantidad de elementos destinados a hacer más fácil la vida a bordo. Así, los asientos, tapizados en piel, poseen múltiples regulaciones que se pueden memorizar fácilmente. Los cinturones de seguridad van integrados en el respaldo y la banqueta, lo que permite que la banda inferior también sea enrollable y, así, se ajusta mejor a cada conductor. El volante cuenta con varias posiciones y es posible modificar la profundidad y la altura eléctricamente.

Tras realizar todos los pasos necesarios para obtener la postura de conducción adecuada, sólo nos queda disponernos a disfrutar del paseo. Una gran pantalla táctil, en la que, este año, se ha integrado un sistema de navegación con DVD y un equipo de altavoces firmado por Bose –ambos opcionales-, nos mostrará la información sobre la ruta que escojamos. Si lo preferimos, podemos programar nuestras emisoras preferidas de radio o ver la televisión, aunque la imagen desaparecerá cuando el coche se ponga en marcha.

No son sólo estos elementos los que hacen más confortable nuestro viaje; los asientos son muy cómodos y apenas se acusa el cansancio; la sonoridad del motor (aunque es algo elevada) no resulta excesiva; la dirección asistida, que se endurece con la velocidad, nos permitirá disfrutar de una sensación de control en todo momento y, a la hora de aparcar, contaremos con la inestimable ayuda de los sensores traseros.

No hace falta decir que, con sus dimensiones, su imagen y su precio, el Cadillac Seville tiene un equipamiento más que completo. La seguridad ha sido un punto especialmente cuidado y, además de contar con una caja de acero que rodea al habitáculo –con secciones de absorción de energía en la parte delantera y posterior-, tiene airbags de conductor y pasajero, traseros y laterales. No se incluyen, ni siquiera como opción, los de cortina, si bien el resto son “inteligentes” y detectan la presencia de los niños en los asientos delanteros, para ajustar así la detonación al tamaño y peso del ocupante. Preparado para las emergencias más improbables, el Seville incluso cuenta con una palanca, situada en el interior del enorme maletero, para que podamos abrirlo desde dentro si, por alguna razón, nos quedamos encerrados allí. Bromas aparte, se trata de un dispositivo presente en la mayoría de los vehículos que se venden en Estados Unidos, donde los niños, muchas veces, juegan cerca del coche familiar y emplean el maletero para esconderse. Cada año, muchos pequeños mueren al no saber salir de su escondite, por lo que los constructores ofrecen este “gadget” en el equipamiento de los coches.

Éste es otro de los detalles que demuestra que este vehículo no ha sido pensado para el mercado europeo. Resulta una magnífica berlina de lujo (incluso es más barata que la mayoría de sus rivales), los viajes son muy confortables -excepto para los ocupantes de las plazas traseras, que no tendrán un espacio para las piernas tan amplio como sugieren las medidas del automóvil- y cuenta con una gran cantidad de equipamiento. Sin embargo, la cilindrada de su poderoso motor, el cambio automático y el consumo de combustible nos indican que ha sido concebido por y para estadounidenses. Basta con echar una ojeada a sus dimensiones para saber que nuestras carreteras (por no hablar de nuestras plazas de aparcamiento) no son las más propicias para el STS, por bien que se comporte en ellas.

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