Opel Signum 2.2 Direct

Menos es más. Esta es la filosofía que destila el nuevo Signum de Opel. Un coche que apuesta por llevar, preferiblemente, a dos ocupantes en las plazas traseras, pero como si viajaran en primera clase. Esta no es, sin embargo, la única novedad que incorpora la berlina familiar alemana. La versión que probamos estrena una novedosa motorización de 2,2 litros de inyección directa de gasolina.
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Opel Signum 2.2 Direct
Opel Signum 2.2 Direct

No, no os confundais. No es un Vectra familiar. Lo que ven vuestros ojos es la nueva creación de Opel, el Signum. El parecido estético entre ambos es innegable. Visto frontalmente nadie nos haría desdecirnos de que estamos ante la berlina de Opel. Pero no es así. El principal signo diferenciador, sobre todo desde fuera, es el portón típico de familiar o monovolumen que adorna al Signum.

En sus entrañas es donde podemos ver las principales diferencias. La más notable la sentimos cuando nos introducimos en el habitáculo, sobre todo en la zona de las plazas traseras. Aquí, todo ahora es más amplio que en su hermano Vectra, en el que la habitabilidad nunca había sido un problema, a pesar de que la longitud total es solamente 4 cm mayor. Esto se consigue gracias a un incremento de la batalla de 13 cm y la colocación más atrasada del pilar C.

Esa ganancia de espacio ha sido muy bien aprovechada por los ingenieros de Opel, que han optado por una serie de soluciones para hacer del Signum un mecano (el ya conocido concepto “FlexSpace”) y darle al dueño la posibilidad de configurar las plazas traseras a su gusto. De esta manera, podemos mover longitudinalmente los asientos traseros 13 centímetros para obtener una capacidad de carga extra o, por el contrario, para albergar más comodamente a los pasajeros (hasta 98,5 cm para las piernas y la posibilidad de inclinar los asientos hasta un ángulo de 30 grados). Respecto a este extremo, el Signum, aunque homologado para cinco plazas, esta cláramente enfocado, en la teoría y en la práctica, al transporte de cuatro personas.

Jugando con la butaca que, teóricamente, debería albergar al pasajero central podemos hacer que se convierta en un apoyabrazos de gran tamaño, en el lugar en donde podemos depositar las bebidas o incluso abatirlo totalmente para permitir la carga en el maletero de objetos de gran longitud. Éste, al mismo tiempo que varía sus formas, puede cambiar también su capacidad de carga desde 385 hasta 1.410 litros.

Sin embargo, no sólo son las plazas traseras las que disfrutan de un confort elevado, también las delanteras gozan de un buen tratamiento. Tanto el asiento del conductor como el del acompañante cuentan con múltiples regulaciones, bastante fáciles de usar, para que la postura sea la más cómoda y la más ergonómica para conducir (también ayuda la regulación en altura y profundidad del volante) o, simplemente, disfrutar del viaje. Poco o casi nada se puede decir del salpicadero del Signum, baste con señalar que es casi idéntico al que monta el Vectra, con sus virtudes (materiales de calidad y bien rematados) y con sus defectos (algunos mandos, como los de los intermitentes y los limpiaparabrisas, tienen un tacto “especial” al que hay que acostumbrarse).

El habítáculo cuenta con una buena insonorización que sólo nos permite escuchar el motor si agudizamos el oido. Por lo demás, esta lleno de huecos para depositar toda cosa imaginable que tengamos en nuestro poder. Buena prueba de ello son los cajones que hay en el techo del Signum y que están especialmente diseñados para guardar gafas y otra serie de objetos de pequeño tamaño.

No, no os confundais. No es un Vectra familiar. Lo que ven vuestros ojos es la nueva creación de Opel, el Signum. El parecido estético entre ambos es innegable. Visto frontalmente nadie nos haría desdecirnos de que estamos ante la berlina de Opel. Pero no es así. El principal signo diferenciador, sobre todo desde fuera, es el portón típico de familiar o monovolumen que adorna al Signum.

En sus entrañas es donde podemos ver las principales diferencias. La más notable la sentimos cuando nos introducimos en el habitáculo, sobre todo en la zona de las plazas traseras. Aquí, todo ahora es más amplio que en su hermano Vectra, en el que la habitabilidad nunca había sido un problema, a pesar de que la longitud total es solamente 4 cm mayor. Esto se consigue gracias a un incremento de la batalla de 13 cm y la colocación más atrasada del pilar C.

Esa ganancia de espacio ha sido muy bien aprovechada por los ingenieros de Opel, que han optado por una serie de soluciones para hacer del Signum un mecano (el ya conocido concepto “FlexSpace”) y darle al dueño la posibilidad de configurar las plazas traseras a su gusto. De esta manera, podemos mover longitudinalmente los asientos traseros 13 centímetros para obtener una capacidad de carga extra o, por el contrario, para albergar más comodamente a los pasajeros (hasta 98,5 cm para las piernas y la posibilidad de inclinar los asientos hasta un ángulo de 30 grados). Respecto a este extremo, el Signum, aunque homologado para cinco plazas, esta cláramente enfocado, en la teoría y en la práctica, al transporte de cuatro personas.

Jugando con la butaca que, teóricamente, debería albergar al pasajero central podemos hacer que se convierta en un apoyabrazos de gran tamaño, en el lugar en donde podemos depositar las bebidas o incluso abatirlo totalmente para permitir la carga en el maletero de objetos de gran longitud. Éste, al mismo tiempo que varía sus formas, puede cambiar también su capacidad de carga desde 385 hasta 1.410 litros.

Sin embargo, no sólo son las plazas traseras las que disfrutan de un confort elevado, también las delanteras gozan de un buen tratamiento. Tanto el asiento del conductor como el del acompañante cuentan con múltiples regulaciones, bastante fáciles de usar, para que la postura sea la más cómoda y la más ergonómica para conducir (también ayuda la regulación en altura y profundidad del volante) o, simplemente, disfrutar del viaje. Poco o casi nada se puede decir del salpicadero del Signum, baste con señalar que es casi idéntico al que monta el Vectra, con sus virtudes (materiales de calidad y bien rematados) y con sus defectos (algunos mandos, como los de los intermitentes y los limpiaparabrisas, tienen un tacto “especial” al que hay que acostumbrarse).

El habítáculo cuenta con una buena insonorización que sólo nos permite escuchar el motor si agudizamos el oido. Por lo demás, esta lleno de huecos para depositar toda cosa imaginable que tengamos en nuestro poder. Buena prueba de ello son los cajones que hay en el techo del Signum y que están especialmente diseñados para guardar gafas y otra serie de objetos de pequeño tamaño.

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