Daewoo Evanda 2.0 CDX

"Nadie da duros a pesetas", dice el refrán. Sin embargo, las marcas coreanas no hacen caso de viejos dichos castellanos. Así, Daewoo ha posicionado el Evanda como un coche de gama alta al precio de los vehículos más populares. Al menos, esa es la teoría, porque -aunque se pueda desafiar a la sabiduría popular- las leyes del márketing no son tan flexibles.
Autopista -
Daewoo Evanda 2.0 CDX
Daewoo Evanda 2.0 CDX

Ahora, lo comprendemos todo. Las rebajas se pagan al girar la llave de contacto. Para empezar, el motor produce un sonido molesto. Es más la calidad del ruido que la intensidad del mismo (a 120 km/h nuestro Centro Técnico ha detectado más de 66,5 decibelios, pero el Mondeo tiene 66,1. A su favor debemos decir que muchos de sus rivales salieron incluso peor parados: 69,4 el Sonata o 71,1 el Sebring).

Además, hay que armarse de paciencia para que muestre un poco de brío. Lo mejor está en torno a las 4.000 rpm, pero -según ha demostrado nuestro banco- a 5.000 rpm ya ha desfallecido. Además, la curva de par también presenta un punto de inflexión en torno a 3.000 rpm. Por tanto, su margen de utilización es un poco limitado.

Si teníamos la esperanza de intentar "corregirlo" mediante el cambio, olvidémonos. Aparte de que su manejo resulta lento y algo engorroso (al insertar cada marcha, tenemos la sensación de estar venciendo una especie de tope: es muy difícil de encarrilar), los desarrollos son un poco largos (en quinta, es de 36,29 km/h).

A ritmos altos, las vibraciones se hacen notar y el consumo se dispara (según nuestros datos, a 120 km/h precisa 8,27 litros cada cien kilómetros, marcas que desmerecen un poco frente a los 7,92 del Mondeo 2.0).

Obviamente, con este motor y teniendo en cuenta que el coche pesa casi tonelada y media, nunca llegaremos a poner en apuros a su bastidor, aunque -eso sí- podemos notar pequeños desajustes. La suspensión trasera -multibrazo- es demasiado blanda: en curva rápida, el tren posterior se controla fácilmente, pero el coche se inclina ligeramente. La dirección tampoco sirve para camuflar estos excesos: no es muy precisa y resulta demasiado sensible a cualquier movimiento. Como ayudas a la conducción, contamos con el ABS y el control de tracción, pero no con el control de estabilidad.

Esto no quiere decir que con el Evanda no se pueda viajar a gusto. Si no le sometemos a una conducción muy dinámica, resulta muy cómodo para todos los ocupantes.

Ahora, lo comprendemos todo. Las rebajas se pagan al girar la llave de contacto. Para empezar, el motor produce un sonido molesto. Es más la calidad del ruido que la intensidad del mismo (a 120 km/h nuestro Centro Técnico ha detectado más de 66,5 decibelios, pero el Mondeo tiene 66,1. A su favor debemos decir que muchos de sus rivales salieron incluso peor parados: 69,4 el Sonata o 71,1 el Sebring).

Además, hay que armarse de paciencia para que muestre un poco de brío. Lo mejor está en torno a las 4.000 rpm, pero -según ha demostrado nuestro banco- a 5.000 rpm ya ha desfallecido. Además, la curva de par también presenta un punto de inflexión en torno a 3.000 rpm. Por tanto, su margen de utilización es un poco limitado.

Si teníamos la esperanza de intentar "corregirlo" mediante el cambio, olvidémonos. Aparte de que su manejo resulta lento y algo engorroso (al insertar cada marcha, tenemos la sensación de estar venciendo una especie de tope: es muy difícil de encarrilar), los desarrollos son un poco largos (en quinta, es de 36,29 km/h).

A ritmos altos, las vibraciones se hacen notar y el consumo se dispara (según nuestros datos, a 120 km/h precisa 8,27 litros cada cien kilómetros, marcas que desmerecen un poco frente a los 7,92 del Mondeo 2.0).

Obviamente, con este motor y teniendo en cuenta que el coche pesa casi tonelada y media, nunca llegaremos a poner en apuros a su bastidor, aunque -eso sí- podemos notar pequeños desajustes. La suspensión trasera -multibrazo- es demasiado blanda: en curva rápida, el tren posterior se controla fácilmente, pero el coche se inclina ligeramente. La dirección tampoco sirve para camuflar estos excesos: no es muy precisa y resulta demasiado sensible a cualquier movimiento. Como ayudas a la conducción, contamos con el ABS y el control de tracción, pero no con el control de estabilidad.

Esto no quiere decir que con el Evanda no se pueda viajar a gusto. Si no le sometemos a una conducción muy dinámica, resulta muy cómodo para todos los ocupantes.

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