Mégane Grand Tour, Focus Sportbreak y Golf Variant

Ya sea bajo el nombre Break, Grand Tour, Variant, Avant, Sportwagon... las carrocerías familiares poco a poco van ganando seguidores, por una parte, gracias a sus cada vez más atractivos diseños, y por otra, por su mayor utilidad.
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Mégane Grand Tour, Focus Sportbreak y Golf Variant
Mégane Grand Tour, Focus Sportbreak y Golf Variant

Quizá el precio de reventa del Golf sea más alto que el de los otros modelos, pero aun así resulta mucho más caro que ellos, sobre todo si tenemos en cuenta ciertos equipamientos que no incluye de serie, o la casi obligada necesidad de adquirir algún pack para adaptarlo a nuestro gusto. El Mégane es el más completo, pero tiene un precio de partida más elevado que el Focus, por lo que a igualdad de extras sigue siendo el Ford el más ventajoso. Conviene además estar al tanto de los descuentos oficiales, ya que pueden suponer un cuantioso ahorro.

Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Comportamiento eficaz — Mecánica refinada — Agrado de uso
— Motor en baja — Luneta practicable — Presentación cuidada
— Imagen atractiva — Equipamiento — Estética original
Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Prestaciones normales — Tacto de la dirección — Política de opciones
— Interior sobrio —ESP intrusivo — Motor áspero
— Rueda de emergencia — ESP intrusivo — Precio elevado
Prácticos compactos

Los tres están a un nivel excelente en lo que a mecánica se refiere, aunque cada uno con sus matices propios. En el caso del Renault, el refinado propulsor dCi se desmarca por suavidad de funcionamiento, baja rumorosidad y rendimiento. En conjunto es el más agradable de los tres y el que más y mejor empuja, ya que lo hace desde muy pocas vueltas y con mucha fuerza en toda la banda del cuentavueltas. El Focus también sorprende por sus buenos modos y lineal respuesta, disponible incluso antes que en el Mégane, aunque no de forma tan contundente; es muy progresivo y utilizable prácticamente desde el ralentí, por lo que resulta el más idóneo para el tráfico urbano. Su única pega es que resulta algo más ruidoso que el modelo francés, y además queda en último puesto en prestaciones, pero a cambio es el que menos consume de los tres. En el caso del Golf se nota la veteranía del 2.0 TDI, sobre todo por rumorosidad y aspereza. Su curva de par no está tan conseguida, ya que la potencia llega más de golpe, pero aun así sigue siendo una buena opción. Las mediciones de prestaciones le sitúan entre el Mégane y el Focus.

La practicidad es el denominador común de estos tres modelos con amplias posibilidades de carga. Además, si en las versiones con carrocería normal ya disponen de una habitabilidad razonable, con la configuración familiar son las plazas posteriores las que salen más beneficiadas, sobre todo porque ganan altura: 9 cm en el Focus y 5 cm en el Golf. La cota del Mégane, que es la más generosa, se mantiene respecto al modelo de cinco puertas, pues la línea del techo apenas varía su inclinación respecto a éste.

El interior del Ford, pese a estar muy bien realizado, peca de una excesiva sencillez en la que prima la funcionalidad. Su sistema para abatir los asientos posteriores no tiene ninguna complicación y resulta el más cómodo. No es así en el Mégane, que requiere algo más de costumbre para plegar y desplegar las banquetas traseras; carecen de un armazón rígido interno, además, al abatirlas no se aprecia la misma calidad que en sus rivales, tanto visualmente como por falta de solidez. Y lo que es peor, son bastante delgadas y en algunas zonas dejan notar protuberancias de la estructura del coche. Como ventaja, son las únicas que se pueden desenganchar y extraer por completo. La pega del Golf es que para abatir los respaldos traseros hay que quitar los reposacabezas, por lo demás, cuida mucho los detalles estéticos y cuenta con unos remates en los que se aprecia buena calidad, tanto en el interior del habitáculo y el maletero, como en el exterior. Únicamente la bandeja —enrollable, como en el resto— desentona, porque en uno de sus lados tiene un reborde algo afilado que molesta al sujetarla y sacarla del coche.

En comparación con sus rivales, en el Mégane están algo menos cuidados algunos plásticos duros del salpicadero, así como el tacto de los intermitentes y limpiaparabrisas, que presentan una leve holgura en comparación con sus rivales. Por otra parte, es el único que dispone de portón trasero con apertura en dos mitades, ya que se puede abrir la luneta independientemente para facilitar la carga y descarga al aparcar en espacios reducidos. Sin embargo, no es de recibo la afilada arista del tirador del portón.

Los tres son muy estables, frenan bien y tienen un comportamiento noble, además cuentan con control de estabilidad de serie y con potencia suficiente para adelantar con rapidez. En cuanto a seguridad pasiva, también están a la altura de lo requerido a día de hoy. No falta una completa dotación de airbags, aunque el Focus no puede llevar traseros —sí de cortinilla—, ni siquiera como opción. El modelo del óvalo tampoco puede equipar control de presión de los neumáticos, un elemento que se ofrece previo pago en sus rivales, y su rueda de repuesto es de emergencia.

Quizá el precio de reventa del Golf sea más alto que el de los otros modelos, pero aun así resulta mucho más caro que ellos, sobre todo si tenemos en cuenta ciertos equipamientos que no incluye de serie, o la casi obligada necesidad de adquirir algún pack para adaptarlo a nuestro gusto. El Mégane es el más completo, pero tiene un precio de partida más elevado que el Focus, por lo que a igualdad de extras sigue siendo el Ford el más ventajoso. Conviene además estar al tanto de los descuentos oficiales, ya que pueden suponer un cuantioso ahorro.

Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Comportamiento eficaz — Mecánica refinada — Agrado de uso
— Motor en baja — Luneta practicable — Presentación cuidada
— Imagen atractiva — Equipamiento — Estética original
Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Prestaciones normales — Tacto de la dirección — Política de opciones
— Interior sobrio —ESP intrusivo — Motor áspero
— Rueda de emergencia — ESP intrusivo — Precio elevado
Prácticos compactos

Los tres están a un nivel excelente en lo que a mecánica se refiere, aunque cada uno con sus matices propios. En el caso del Renault, el refinado propulsor dCi se desmarca por suavidad de funcionamiento, baja rumorosidad y rendimiento. En conjunto es el más agradable de los tres y el que más y mejor empuja, ya que lo hace desde muy pocas vueltas y con mucha fuerza en toda la banda del cuentavueltas. El Focus también sorprende por sus buenos modos y lineal respuesta, disponible incluso antes que en el Mégane, aunque no de forma tan contundente; es muy progresivo y utilizable prácticamente desde el ralentí, por lo que resulta el más idóneo para el tráfico urbano. Su única pega es que resulta algo más ruidoso que el modelo francés, y además queda en último puesto en prestaciones, pero a cambio es el que menos consume de los tres. En el caso del Golf se nota la veteranía del 2.0 TDI, sobre todo por rumorosidad y aspereza. Su curva de par no está tan conseguida, ya que la potencia llega más de golpe, pero aun así sigue siendo una buena opción. Las mediciones de prestaciones le sitúan entre el Mégane y el Focus.

La practicidad es el denominador común de estos tres modelos con amplias posibilidades de carga. Además, si en las versiones con carrocería normal ya disponen de una habitabilidad razonable, con la configuración familiar son las plazas posteriores las que salen más beneficiadas, sobre todo porque ganan altura: 9 cm en el Focus y 5 cm en el Golf. La cota del Mégane, que es la más generosa, se mantiene respecto al modelo de cinco puertas, pues la línea del techo apenas varía su inclinación respecto a éste.

El interior del Ford, pese a estar muy bien realizado, peca de una excesiva sencillez en la que prima la funcionalidad. Su sistema para abatir los asientos posteriores no tiene ninguna complicación y resulta el más cómodo. No es así en el Mégane, que requiere algo más de costumbre para plegar y desplegar las banquetas traseras; carecen de un armazón rígido interno, además, al abatirlas no se aprecia la misma calidad que en sus rivales, tanto visualmente como por falta de solidez. Y lo que es peor, son bastante delgadas y en algunas zonas dejan notar protuberancias de la estructura del coche. Como ventaja, son las únicas que se pueden desenganchar y extraer por completo. La pega del Golf es que para abatir los respaldos traseros hay que quitar los reposacabezas, por lo demás, cuida mucho los detalles estéticos y cuenta con unos remates en los que se aprecia buena calidad, tanto en el interior del habitáculo y el maletero, como en el exterior. Únicamente la bandeja —enrollable, como en el resto— desentona, porque en uno de sus lados tiene un reborde algo afilado que molesta al sujetarla y sacarla del coche.

En comparación con sus rivales, en el Mégane están algo menos cuidados algunos plásticos duros del salpicadero, así como el tacto de los intermitentes y limpiaparabrisas, que presentan una leve holgura en comparación con sus rivales. Por otra parte, es el único que dispone de portón trasero con apertura en dos mitades, ya que se puede abrir la luneta independientemente para facilitar la carga y descarga al aparcar en espacios reducidos. Sin embargo, no es de recibo la afilada arista del tirador del portón.

Los tres son muy estables, frenan bien y tienen un comportamiento noble, además cuentan con control de estabilidad de serie y con potencia suficiente para adelantar con rapidez. En cuanto a seguridad pasiva, también están a la altura de lo requerido a día de hoy. No falta una completa dotación de airbags, aunque el Focus no puede llevar traseros —sí de cortinilla—, ni siquiera como opción. El modelo del óvalo tampoco puede equipar control de presión de los neumáticos, un elemento que se ofrece previo pago en sus rivales, y su rueda de repuesto es de emergencia.

Quizá el precio de reventa del Golf sea más alto que el de los otros modelos, pero aun así resulta mucho más caro que ellos, sobre todo si tenemos en cuenta ciertos equipamientos que no incluye de serie, o la casi obligada necesidad de adquirir algún pack para adaptarlo a nuestro gusto. El Mégane es el más completo, pero tiene un precio de partida más elevado que el Focus, por lo que a igualdad de extras sigue siendo el Ford el más ventajoso. Conviene además estar al tanto de los descuentos oficiales, ya que pueden suponer un cuantioso ahorro.

Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Comportamiento eficaz — Mecánica refinada — Agrado de uso
— Motor en baja — Luneta practicable — Presentación cuidada
— Imagen atractiva — Equipamiento — Estética original
Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Prestaciones normales — Tacto de la dirección — Política de opciones
— Interior sobrio —ESP intrusivo — Motor áspero
— Rueda de emergencia — ESP intrusivo — Precio elevado
Prácticos compactos

Los tres están a un nivel excelente en lo que a mecánica se refiere, aunque cada uno con sus matices propios. En el caso del Renault, el refinado propulsor dCi se desmarca por suavidad de funcionamiento, baja rumorosidad y rendimiento. En conjunto es el más agradable de los tres y el que más y mejor empuja, ya que lo hace desde muy pocas vueltas y con mucha fuerza en toda la banda del cuentavueltas. El Focus también sorprende por sus buenos modos y lineal respuesta, disponible incluso antes que en el Mégane, aunque no de forma tan contundente; es muy progresivo y utilizable prácticamente desde el ralentí, por lo que resulta el más idóneo para el tráfico urbano. Su única pega es que resulta algo más ruidoso que el modelo francés, y además queda en último puesto en prestaciones, pero a cambio es el que menos consume de los tres. En el caso del Golf se nota la veteranía del 2.0 TDI, sobre todo por rumorosidad y aspereza. Su curva de par no está tan conseguida, ya que la potencia llega más de golpe, pero aun así sigue siendo una buena opción. Las mediciones de prestaciones le sitúan entre el Mégane y el Focus.

La practicidad es el denominador común de estos tres modelos con amplias posibilidades de carga. Además, si en las versiones con carrocería normal ya disponen de una habitabilidad razonable, con la configuración familiar son las plazas posteriores las que salen más beneficiadas, sobre todo porque ganan altura: 9 cm en el Focus y 5 cm en el Golf. La cota del Mégane, que es la más generosa, se mantiene respecto al modelo de cinco puertas, pues la línea del techo apenas varía su inclinación respecto a éste.

El interior del Ford, pese a estar muy bien realizado, peca de una excesiva sencillez en la que prima la funcionalidad. Su sistema para abatir los asientos posteriores no tiene ninguna complicación y resulta el más cómodo. No es así en el Mégane, que requiere algo más de costumbre para plegar y desplegar las banquetas traseras; carecen de un armazón rígido interno, además, al abatirlas no se aprecia la misma calidad que en sus rivales, tanto visualmente como por falta de solidez. Y lo que es peor, son bastante delgadas y en algunas zonas dejan notar protuberancias de la estructura del coche. Como ventaja, son las únicas que se pueden desenganchar y extraer por completo. La pega del Golf es que para abatir los respaldos traseros hay que quitar los reposacabezas, por lo demás, cuida mucho los detalles estéticos y cuenta con unos remates en los que se aprecia buena calidad, tanto en el interior del habitáculo y el maletero, como en el exterior. Únicamente la bandeja —enrollable, como en el resto— desentona, porque en uno de sus lados tiene un reborde algo afilado que molesta al sujetarla y sacarla del coche.

En comparación con sus rivales, en el Mégane están algo menos cuidados algunos plásticos duros del salpicadero, así como el tacto de los intermitentes y limpiaparabrisas, que presentan una leve holgura en comparación con sus rivales. Por otra parte, es el único que dispone de portón trasero con apertura en dos mitades, ya que se puede abrir la luneta independientemente para facilitar la carga y descarga al aparcar en espacios reducidos. Sin embargo, no es de recibo la afilada arista del tirador del portón.

Los tres son muy estables, frenan bien y tienen un comportamiento noble, además cuentan con control de estabilidad de serie y con potencia suficiente para adelantar con rapidez. En cuanto a seguridad pasiva, también están a la altura de lo requerido a día de hoy. No falta una completa dotación de airbags, aunque el Focus no puede llevar traseros —sí de cortinilla—, ni siquiera como opción. El modelo del óvalo tampoco puede equipar control de presión de los neumáticos, un elemento que se ofrece previo pago en sus rivales, y su rueda de repuesto es de emergencia.

Quizá el precio de reventa del Golf sea más alto que el de los otros modelos, pero aun así resulta mucho más caro que ellos, sobre todo si tenemos en cuenta ciertos equipamientos que no incluye de serie, o la casi obligada necesidad de adquirir algún pack para adaptarlo a nuestro gusto. El Mégane es el más completo, pero tiene un precio de partida más elevado que el Focus, por lo que a igualdad de extras sigue siendo el Ford el más ventajoso. Conviene además estar al tanto de los descuentos oficiales, ya que pueden suponer un cuantioso ahorro.

Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Comportamiento eficaz — Mecánica refinada — Agrado de uso
— Motor en baja — Luneta practicable — Presentación cuidada
— Imagen atractiva — Equipamiento — Estética original
Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Prestaciones normales — Tacto de la dirección — Política de opciones
— Interior sobrio —ESP intrusivo — Motor áspero
— Rueda de emergencia — ESP intrusivo — Precio elevado
Prácticos compactos

Los tres están a un nivel excelente en lo que a mecánica se refiere, aunque cada uno con sus matices propios. En el caso del Renault, el refinado propulsor dCi se desmarca por suavidad de funcionamiento, baja rumorosidad y rendimiento. En conjunto es el más agradable de los tres y el que más y mejor empuja, ya que lo hace desde muy pocas vueltas y con mucha fuerza en toda la banda del cuentavueltas. El Focus también sorprende por sus buenos modos y lineal respuesta, disponible incluso antes que en el Mégane, aunque no de forma tan contundente; es muy progresivo y utilizable prácticamente desde el ralentí, por lo que resulta el más idóneo para el tráfico urbano. Su única pega es que resulta algo más ruidoso que el modelo francés, y además queda en último puesto en prestaciones, pero a cambio es el que menos consume de los tres. En el caso del Golf se nota la veteranía del 2.0 TDI, sobre todo por rumorosidad y aspereza. Su curva de par no está tan conseguida, ya que la potencia llega más de golpe, pero aun así sigue siendo una buena opción. Las mediciones de prestaciones le sitúan entre el Mégane y el Focus.

La practicidad es el denominador común de estos tres modelos con amplias posibilidades de carga. Además, si en las versiones con carrocería normal ya disponen de una habitabilidad razonable, con la configuración familiar son las plazas posteriores las que salen más beneficiadas, sobre todo porque ganan altura: 9 cm en el Focus y 5 cm en el Golf. La cota del Mégane, que es la más generosa, se mantiene respecto al modelo de cinco puertas, pues la línea del techo apenas varía su inclinación respecto a éste.

El interior del Ford, pese a estar muy bien realizado, peca de una excesiva sencillez en la que prima la funcionalidad. Su sistema para abatir los asientos posteriores no tiene ninguna complicación y resulta el más cómodo. No es así en el Mégane, que requiere algo más de costumbre para plegar y desplegar las banquetas traseras; carecen de un armazón rígido interno, además, al abatirlas no se aprecia la misma calidad que en sus rivales, tanto visualmente como por falta de solidez. Y lo que es peor, son bastante delgadas y en algunas zonas dejan notar protuberancias de la estructura del coche. Como ventaja, son las únicas que se pueden desenganchar y extraer por completo. La pega del Golf es que para abatir los respaldos traseros hay que quitar los reposacabezas, por lo demás, cuida mucho los detalles estéticos y cuenta con unos remates en los que se aprecia buena calidad, tanto en el interior del habitáculo y el maletero, como en el exterior. Únicamente la bandeja —enrollable, como en el resto— desentona, porque en uno de sus lados tiene un reborde algo afilado que molesta al sujetarla y sacarla del coche.

En comparación con sus rivales, en el Mégane están algo menos cuidados algunos plásticos duros del salpicadero, así como el tacto de los intermitentes y limpiaparabrisas, que presentan una leve holgura en comparación con sus rivales. Por otra parte, es el único que dispone de portón trasero con apertura en dos mitades, ya que se puede abrir la luneta independientemente para facilitar la carga y descarga al aparcar en espacios reducidos. Sin embargo, no es de recibo la afilada arista del tirador del portón.

Los tres son muy estables, frenan bien y tienen un comportamiento noble, además cuentan con control de estabilidad de serie y con potencia suficiente para adelantar con rapidez. En cuanto a seguridad pasiva, también están a la altura de lo requerido a día de hoy. No falta una completa dotación de airbags, aunque el Focus no puede llevar traseros —sí de cortinilla—, ni siquiera como opción. El modelo del óvalo tampoco puede equipar control de presión de los neumáticos, un elemento que se ofrece previo pago en sus rivales, y su rueda de repuesto es de emergencia.

Quizá el precio de reventa del Golf sea más alto que el de los otros modelos, pero aun así resulta mucho más caro que ellos, sobre todo si tenemos en cuenta ciertos equipamientos que no incluye de serie, o la casi obligada necesidad de adquirir algún pack para adaptarlo a nuestro gusto. El Mégane es el más completo, pero tiene un precio de partida más elevado que el Focus, por lo que a igualdad de extras sigue siendo el Ford el más ventajoso. Conviene además estar al tanto de los descuentos oficiales, ya que pueden suponer un cuantioso ahorro.

Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Comportamiento eficaz — Mecánica refinada — Agrado de uso
— Motor en baja — Luneta practicable — Presentación cuidada
— Imagen atractiva — Equipamiento — Estética original
Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Prestaciones normales — Tacto de la dirección — Política de opciones
— Interior sobrio —ESP intrusivo — Motor áspero
— Rueda de emergencia — ESP intrusivo — Precio elevado
Prácticos compactos

Los tres están a un nivel excelente en lo que a mecánica se refiere, aunque cada uno con sus matices propios. En el caso del Renault, el refinado propulsor dCi se desmarca por suavidad de funcionamiento, baja rumorosidad y rendimiento. En conjunto es el más agradable de los tres y el que más y mejor empuja, ya que lo hace desde muy pocas vueltas y con mucha fuerza en toda la banda del cuentavueltas. El Focus también sorprende por sus buenos modos y lineal respuesta, disponible incluso antes que en el Mégane, aunque no de forma tan contundente; es muy progresivo y utilizable prácticamente desde el ralentí, por lo que resulta el más idóneo para el tráfico urbano. Su única pega es que resulta algo más ruidoso que el modelo francés, y además queda en último puesto en prestaciones, pero a cambio es el que menos consume de los tres. En el caso del Golf se nota la veteranía del 2.0 TDI, sobre todo por rumorosidad y aspereza. Su curva de par no está tan conseguida, ya que la potencia llega más de golpe, pero aun así sigue siendo una buena opción. Las mediciones de prestaciones le sitúan entre el Mégane y el Focus.

La practicidad es el denominador común de estos tres modelos con amplias posibilidades de carga. Además, si en las versiones con carrocería normal ya disponen de una habitabilidad razonable, con la configuración familiar son las plazas posteriores las que salen más beneficiadas, sobre todo porque ganan altura: 9 cm en el Focus y 5 cm en el Golf. La cota del Mégane, que es la más generosa, se mantiene respecto al modelo de cinco puertas, pues la línea del techo apenas varía su inclinación respecto a éste.

El interior del Ford, pese a estar muy bien realizado, peca de una excesiva sencillez en la que prima la funcionalidad. Su sistema para abatir los asientos posteriores no tiene ninguna complicación y resulta el más cómodo. No es así en el Mégane, que requiere algo más de costumbre para plegar y desplegar las banquetas traseras; carecen de un armazón rígido interno, además, al abatirlas no se aprecia la misma calidad que en sus rivales, tanto visualmente como por falta de solidez. Y lo que es peor, son bastante delgadas y en algunas zonas dejan notar protuberancias de la estructura del coche. Como ventaja, son las únicas que se pueden desenganchar y extraer por completo. La pega del Golf es que para abatir los respaldos traseros hay que quitar los reposacabezas, por lo demás, cuida mucho los detalles estéticos y cuenta con unos remates en los que se aprecia buena calidad, tanto en el interior del habitáculo y el maletero, como en el exterior. Únicamente la bandeja —enrollable, como en el resto— desentona, porque en uno de sus lados tiene un reborde algo afilado que molesta al sujetarla y sacarla del coche.

En comparación con sus rivales, en el Mégane están algo menos cuidados algunos plásticos duros del salpicadero, así como el tacto de los intermitentes y limpiaparabrisas, que presentan una leve holgura en comparación con sus rivales. Por otra parte, es el único que dispone de portón trasero con apertura en dos mitades, ya que se puede abrir la luneta independientemente para facilitar la carga y descarga al aparcar en espacios reducidos. Sin embargo, no es de recibo la afilada arista del tirador del portón.

Los tres son muy estables, frenan bien y tienen un comportamiento noble, además cuentan con control de estabilidad de serie y con potencia suficiente para adelantar con rapidez. En cuanto a seguridad pasiva, también están a la altura de lo requerido a día de hoy. No falta una completa dotación de airbags, aunque el Focus no puede llevar traseros —sí de cortinilla—, ni siquiera como opción. El modelo del óvalo tampoco puede equipar control de presión de los neumáticos, un elemento que se ofrece previo pago en sus rivales, y su rueda de repuesto es de emergencia.

Quizá el precio de reventa del Golf sea más alto que el de los otros modelos, pero aun así resulta mucho más caro que ellos, sobre todo si tenemos en cuenta ciertos equipamientos que no incluye de serie, o la casi obligada necesidad de adquirir algún pack para adaptarlo a nuestro gusto. El Mégane es el más completo, pero tiene un precio de partida más elevado que el Focus, por lo que a igualdad de extras sigue siendo el Ford el más ventajoso. Conviene además estar al tanto de los descuentos oficiales, ya que pueden suponer un cuantioso ahorro.

Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Comportamiento eficaz — Mecánica refinada — Agrado de uso
— Motor en baja — Luneta practicable — Presentación cuidada
— Imagen atractiva — Equipamiento — Estética original
Ford Focus Renault Mégane VW Golf
— Prestaciones normales — Tacto de la dirección — Política de opciones
— Interior sobrio —ESP intrusivo — Motor áspero
— Rueda de emergencia — ESP intrusivo — Precio elevado
Prácticos compactos

Los tres están a un nivel excelente en lo que a mecánica se refiere, aunque cada uno con sus matices propios. En el caso del Renault, el refinado propulsor dCi se desmarca por suavidad de funcionamiento, baja rumorosidad y rendimiento. En conjunto es el más agradable de los tres y el que más y mejor empuja, ya que lo hace desde muy pocas vueltas y con mucha fuerza en toda la banda del cuentavueltas. El Focus también sorprende por sus buenos modos y lineal respuesta, disponible incluso antes que en el Mégane, aunque no de forma tan contundente; es muy progresivo y utilizable prácticamente desde el ralentí, por lo que resulta el más idóneo para el tráfico urbano. Su única pega es que resulta algo más ruidoso que el modelo francés, y además queda en último puesto en prestaciones, pero a cambio es el que menos consume de los tres. En el caso del Golf se nota la veteranía del 2.0 TDI, sobre todo por rumorosidad y aspereza. Su curva de par no está tan conseguida, ya que la potencia llega más de golpe, pero aun así sigue siendo una buena opción. Las mediciones de prestaciones le sitúan entre el Mégane y el Focus.

La practicidad es el denominador común de estos tres modelos con amplias posibilidades de carga. Además, si en las versiones con carrocería normal ya disponen de una habitabilidad razonable, con la configuración familiar son las plazas posteriores las que salen más beneficiadas, sobre todo porque ganan altura: 9 cm en el Focus y 5 cm en el Golf. La cota del Mégane, que es la más generosa, se mantiene respecto al modelo de cinco puertas, pues la línea del techo apenas varía su inclinación respecto a éste.

El interior del Ford, pese a estar muy bien realizado, peca de una excesiva sencillez en la que prima la funcionalidad. Su sistema para abatir los asientos posteriores no tiene ninguna complicación y resulta el más cómodo. No es así en el Mégane, que requiere algo más de costumbre para plegar y desplegar las banquetas traseras; carecen de un armazón rígido interno, además, al abatirlas no se aprecia la misma calidad que en sus rivales, tanto visualmente como por falta de solidez. Y lo que es peor, son bastante delgadas y en algunas zonas dejan notar protuberancias de la estructura del coche. Como ventaja, son las únicas que se pueden desenganchar y extraer por completo. La pega del Golf es que para abatir los respaldos traseros hay que quitar los reposacabezas, por lo demás, cuida mucho los detalles estéticos y cuenta con unos remates en los que se aprecia buena calidad, tanto en el interior del habitáculo y el maletero, como en el exterior. Únicamente la bandeja —enrollable, como en el resto— desentona, porque en uno de sus lados tiene un reborde algo afilado que molesta al sujetarla y sacarla del coche.

En comparación con sus rivales, en el Mégane están algo menos cuidados algunos plásticos duros del salpicadero, así como el tacto de los intermitentes y limpiaparabrisas, que presentan una leve holgura en comparación con sus rivales. Por otra parte, es el único que dispone de portón trasero con apertura en dos mitades, ya que se puede abrir la luneta independientemente para facilitar la carga y descarga al aparcar en espacios reducidos. Sin embargo, no es de recibo la afilada arista del tirador del portón.

Los tres son muy estables, frenan bien y tienen un comportamiento noble, además cuentan con control de estabilidad de serie y con potencia suficiente para adelantar con rapidez. En cuanto a seguridad pasiva, también están a la altura de lo requerido a día de hoy. No falta una completa dotación de airbags, aunque el Focus no puede llevar traseros —sí de cortinilla—, ni siquiera como opción. El modelo del óvalo tampoco puede equipar control de presión de los neumáticos, un elemento que se ofrece previo pago en sus rivales, y su rueda de repuesto es de emergencia.

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